Dulce María Loynaz, el colibrí y el eterno jardín
«Ella no es una estrella azul que nos mira desde el cielo. Es un colibrí», dice Edel Morales, y cuenta que cuando inauguraron, hace diez años, el Centro Cultural Dulce María Loynaz, «la pequeña ave permaneció junto a ellos todo el tiempo, desde entonces vive ahí y, de vez en cuando, se le ve entre las flores del patio».
Durante el espacio Juegos de Agua, que conduce Juan Ramón de la Portilla, los amantes de la gran poetisa cubana reafirmaron una vez más que ella es hoy un colibrí. El documental Grado de protección II, del joven director Abel Oliveros, sirvió de prueba. En la obra aparece por unos segundos el veloz batealas, como testigo del mal estado en el que se encuentra actualmente la casa que sirvió de inspiración a Dulce María Loynaz para su novela Jardín.