Domingo Alfonso y la poesía de lo cotidiano
El poeta Domingo Alfonso fue el invitado, en esta ocasión de diciembre, al espacio Finas Redes, conducido por Jesús David Curbelo en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.
Alfonso —según lo describió Curbelo en sus palabras de presentación— es uno de los poetas más sólidos dentro de la llamada generación del 50. Nació en Jovellanos, Matanzas, en 1935, y es, además de poeta, arquitecto, profesor universitario y compositor de más de ciento cincuenta boleros y canciones. Tiene publicados, entre otros, los volúmenes Poemas del hombre común (1964), Libro de buen humor (1979) y Antología casi al final & En la ciudad (2002), todos por Ediciones Unión. En el año 2008 vio la luz por la Editorial Letras Cubanas El libro principal & Un transeúnte cualquiera, una suerte de autoantología que atesora treinta de sus mejores poemas y otros textos escritos entre el 2003 y el 2007.
Roberto Fernández Retamar, miembro de aquella generación y Premio Nacional de Literatura 1989, ha dicho refiriéndose a Domingo, que nadie entre ellos ha logrado hacer con tanta fortuna la sorprendente poesía de lo cotidiano.
He observado la tarde.
Como naranja de luz hacia el borde de las tinieblas,
y yo inclinado sobre mi ventana
viendo la brisa que comenzaba a ennegrecerse
la comparaba con mi propia vida:
era un reflejo de mi casa y de mi esposa, en silencio a mi lado.
Un toque de magia lo trastornaba todo
las sillas, el búcaro sin flores, el polvo sobre la cómoda;
todo se balanceaba como un péndulo que recorre
el espacio que separa la vida de la muerte.
En el prologo a Antología casi al final…, Charo Guerra asegura que Alfonso «nos entrega con su obra la certeza de lo real». Buscando una prueba que valide esta certeza, se detiene la prologuista en la zona erótica de su poesía, «donde mira hacia sí mismo, o hacia los otros, con un naturalismo descarnado. […] Transgrede, pero a pesar de la energía que despliega en el tema, nunca toca lo grotesco».
Este mujer y yo terminamos.
Ahora, dejando el desorden de las sábanas,
hemos mirado por la ventana hacia la calle.
Un poco a la derecha
unos obreros componen una enorme valla
que dice: Todos con boinas rojas a la Plaza de la Revolución.
Ella se vuelve al interior del cuarto de hotel.
Yo miro sus nalgas color de tinta de imprenta.
Siento lo que los hombres normales ante tal espectáculo:
doy gracias a quien corresponda por encontrarme vivo.
Según Charo, la poesía de Domingo comunica exactitud cuando describe miedos o candores, al exponer desnuda la aridez, lo marginal, lo sórdido, las pasiones a veces vergonzosas que atormentan al hombre y atrofian su visión de las cosas. «Esa es su voz. Ese es su tono. La suya es una poética que se sostiene en la autenticidad del ser».
Sin ninguna declaración de amor
entra y sale mi pene
debajo del ombligo de esta joven.
Los muebles de esta sala
son un camastro y una silla.
En una de las paredes,
un cartel de la película Koyiro,
y la ventana abierta
sobre la tarde de febrero.
Por su parte, Enrique Saínz, quien escribió el prologo de El libro principal…, afirma allí que, con el decursar de los años, la obra de este autor ha venido enriqueciéndose en la medida en que ha integrado la sustancia visible, verificable, de la realidad, con percepciones personalísimas que esa misma realidad le entrega. «Las páginas reunidas en este volumen nos dan el enorme placer de conocer mejor a un creador que ya se había establecido en la poesía cubana desde la década de 1960 con la publicación de varios libros, un nombre sin duda muy valioso en la integración de una obra cuyos frutos más perdurables forman parte inseparable de la historia de la poesía cubana.
Yo también he buscado la poesía.
He movido las ramas del abeto rojo
y deambulado por algunas calles con mi pequeña figura
[…]
También he descifrado páginas abiertas por las olas encima de
las arenas,
señales, pétalos, las entrañas de las vírgenes hechizadas por
valses y canciones de México.
Me ha golpeado la duda, la monotonía de los idiomas y las
palabras vacías.
Después vendrán actores, paso tras paso; desde los túneles
abiertos sobre aquella pradera…;
porque a la noche estas palabras podrán aprender de la gran
sabiduría del silencio.
Nota:
Los poemas aquí recogidos fueron tomados de El libro principal & Un transeúnte cualquiera.
