En el Jardín: otra visión de Orestes
La habitual anfitriona del espacio En el Jardín, Marilyn Bobes, nos deparó el pasado 14 de diciembre una agradable sorpresa. El salón Lorca, del Centro Cultural Dulce María Loynaz, sirvió de escenario a un invitado inusual: Alberto Acosta Pérez, reconocido poeta en nuestro ámbito literario.
Varios de sus poemarios, avalados por premios en certámenes nacionales e internacionales, han circulados en las librerías; recordemos La Noche de Paolo, Éramos tan Puros y Monedas al Aire, de impresionante madurez lírica. Algunas de sus obras poéticas fueron traducidas al rumano, portugués, francés, inglés e italiano.
Pocos conocen que, desde hace varios años, Alberto Acosta Pérez se ha enfrascado en desentrañar los misterios de la narrativa y explorar los recursos que ofrece al escritor; de ahí, su incursión en la novela y el cuento, género este último, que considera particularmente difícil.

«Orestes», su primer cuento, enmarcado en la temática homosexual, se aparta de los cánones marginales: no hay nada morboso, ni familias rotas, ni torcidas; no hay traumas infantiles ni adolescentes; sencillamente se elige una preferencia sexual para disfrutar o amar. También aborda la doble moral, la hipocresía y la falacia adoptadas por un individuo ante la sociedad para sobrevivir, o por su propio deterioro moral.
El texto, escrito en 1989 —década en la que el tema aún era maldito en la literatura nacional—, se inscribe entre los primeros en pronunciarse. Su no publicación desgraciadamente hizo que no fuera incluido en la lista de cuentos y autores iniciadores de esta temática, como fueron Roberto Urías con «Qué pasó con Leslie Caron», Leonardo Padura con «El cazador», y Senel Paz, con «El lobo, el bosque y el hombre nuevo», por solo citar algunos.
El discurso gay de los años 90 y 2000, en la mayoría de los casos, suele mostrarnos una homosexualidad masculina retorcida y traumatizada. Tal vez el hecho de que «Orestes» se inscriba en las primeras narraciones —no solo del autor, sino también de una generación— facilitó el debate con el público sobre la necesidad de dejar atrás los prototipos (víctimas y victimarios) y la necesidad de destacar las diferencias desde una perspectiva creíble.
