Alicia desde la platea
El libro Desde la platea (Editorial José Martí, 2010), selección de críticas y crónicas de ballet, muestra el buen tino de su autor, el narrador y periodista Eduardo Heras León, al recoger momentos inolvidables del mundo danzario en nuestro país y constituir perenne homenaje a la figura de nuestra prima ballerina assoluta Alicia Alonso y la exitosa compañía que ella dirige.
El libro fue presentado el pasado 18 de diciembre, en el habitual espacio Sábado del libro, en la legendaria calle de madera frente al otrora Palacio de los Capitanes Generales.
Para escuchar el susurro de las zapatillas de los bailarines, armónicamente ilustrado en las crónicas incluidas en este volumen, estuvieron allí, además de amigos y colegas, importantes personalidades del ámbito cultural: Zuleika Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro; Pedro Simón, esposo de Alicia; Roberto Méndez, poeta, narrador, ensayista e investigador; Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba; Ana María Díaz Canal, directora del sello editorial José Martí; y el público que ama y respeta la consagración de Alicia.
Esta importante recopilación de textos es resultado de la estrecha relación de su autor con el mundo del ballet, enmarcada en el período 1968-2008. El ballet es alimento espiritual para Heras y parte de su vida misma, según confesara a los presentes. Agradeció al Instituto Cubano del Libro, y en especial, a la figura de su presidenta, por el interés mostrado para que el libro estuviera listo en el noventa aniversario del onomástico de nuestra Alicia.
Y es que no se puede renunciar al embrujo de esta legendaria manifestación artística, referida como poder insondable por Heras, quien quedó prendido de la validez de su lenguaje universal y la profundidad de las emociones que despierta en los seres humanos, sin importar grado de instrucción, como él mismo precisara.
Para él, el ballet no sólo ha llenado un espacio de su vida, sino que ha conseguido el milagro de enriquecerle la sensibilidad hasta límites insospechados, desarrollando su visión de la técnica, de los estilos, de ese lenguaje tan particular del ballet, convirtiéndose en pasión ferviente que lo ayuda a ser un hombre, “en el mejor sentido de la palabra, bueno”. Y agregó: “Aquí están, creo, las mejores páginas que he escrito sobre ballet, que quieren, de alguna manera (aunque sé que nunca podrán), retribuir toda la belleza que el ballet me ha regalado y me seguirá regalando mientras me quede un suspiro de vida”.
En sus palabras introductorias, el intelectual Roberto Méndez refirió el entorno y misticismo que las crónicas de Heras León, gracias al magnífico periodismo por él desarrollado, fueron capaces de motivar en su tiempo: “Heras es un narrador vigoroso; como periodista tiene la audacia de llegar a donde otros no se atreven y sorprender detalles que retratan una situación o una persona de cuerpo entero… Él está lleno de ese misterio de los artistas que pueden descender a los infiernos y luego volver al plano del éxtasis”.
Más adelante señaló que el libro permite acercar al lector a una zona poca conocida de Heras y descubrir no sólo al crítico que sabe juzgar sin atiborrar la página de términos técnicos, sino revelar al periodista osado y con ojos de Argos, que vislumbra cada detalle como si se tratara de Truman Capote, pero con apetito tropical.
En este libro, recalcó Méndez, “descubrimos la sabiduría, el equilibrio, la elegancia de un escritor que no nos agobia con alusiones cultas, con citas de aquí y de allá, sino que va justo hacia el hecho cumplido, hacia la medula de la danza, para traducirnos ese no sé qué evanescente que ya retaba al Paul Valéry de El alma y la danza”, motivo más que suficiente para que concluyera afirmando que de nuevo Alicia Alonso ha comenzado a bailar y el rosicler salta en curvas.
Miguel Cabrera, Doctor en Ciencias del Arte y un hombre que tuvo la suerte de penetrar las raíces mismas del Ballet Nacional de Cuba, asintió compartir la suerte de contar con una persona como Heras León para almacenar vivencias de este arte, al ser testigo de la prodigiosa década del 60 para el ballet cubano. Según el historiador, en esta época se produjo la primera graduación de los alumnos de la escuela de Cubanacán, al tiempo que se consolidan las llamadas cuatro joyas del ballet en nuestra isla: Loipa Araujo, Aurora Bosch, Josefina Méndez y Mirta Plá. Con sus comentarios, Eduardo Heras León supo aglutinar el sentir de los que veían el espectáculo e identificarse con ellos, y eso es lo más importante para un escritor, concluyó Cabrera.