Un espejo de humo
Asistir al hecho de la novela como reservorio de la remembranza –y de manera muy especial la evocación que atañe a las guerras de independencia y sus protagonistas más proverbiales- no es una parcela de recorrido habitual en los predios de la narrativa cubana. Son muy escasas las novelas que, de principio a fin, transcurren en los períodos beligerantes del siglo XIX, imbricadas sus historias, bien en lo exclusivo del campo de batalla y sus alrededores, o en la resonancia de aquel en otros contornos. Aún cuando las contiendas de 1868 y 1895 cubren algunos lapsos de empeños novelísticos a favor de períodos más dilatados, aquellas gestas no han gozado de nombradía mayor a la hora de narrar. Es así como la aparición de un título cuyo meollo es la guerra de los mambises constituye una sorpresa, algo que gratifica en lo temático y además en la capacidad de fabulación que tiene a bien entretejer, para su consistencia, una escritura de sostenido aliento poético y un enfoque de rigurosa indagación documentada: tales son las señas de identidad que distinguen a una ficción como A medianoche llegan los muertos, de Eliseo Altunaga, publicada por primera vez en 1997 y que ahora reaparece para complacencia de nuevos y viejos lectores.
