Emigración y Cuba: el placer en los fantasmas de Sarusky
Pocos escritores saben cómo despertar fantasmas y mucho menos rememorar sus aventuras. Todo se torna más difícil cuando esos fantasmas son extranjeros, porque su (re)presentación se complejiza en tanto se insertan en una nueva sociedad, en un nuevo país. Jaime Sarusky es un literato que consigue conjurar la historia de los emigrantes, de manera sólida y amena.
Como parte del homenaje a Jaime Saruski, ese grande de las letras cubanas, a quien se ha dedicado la Feria Internacional del Libro de La Habana 2011, la Editorial Oriente y Ediciones Unión presentarán, respectivamente, los títulos Rebelión en la Octava Casa (quinta edición) y Los fantasmas de Omaja (segunda edición corregida y aumentada), libro que evoca la vida de comunidades de inmigrantes norteamericanos, suecos, japoneses, indostanos y yucatecos, en Cuba.
Los fantasmas de Omaja ―compilación que rompe barreras de todo tipo, la primera es la del tiempo― trasciende ya que puede ser leída en cualquier época, por la forma en que está redactada, desentierra las coyunturas históricas de los inmigrantes y las pone bajo la aguda lupa del investigador. La segunda es la del género literario. En cuanto a este aspecto ya había dicho Manuel R. Moreno Fraginals: “(es) un género literario que yo me siento incapaz de catalogar”. Pero quisiera aventurarme a apuntar algo. El estilo de Sarusky consiste en la extraña combinación —que casi ningún literato logra— de la literatura, la historia de otros, la vida real. Su obra se desarrolla y debate entre las mejores técnicas periodísticas, el testimonio, la prosa postmoderna del diario íntimo y la narración más delicada, para terminar (re)conciliándolas en una estética dirigida a jugar con la complicidad del lector. Construye la historia de otros, la transmite y la legitima a través de una imagen social del inmigrante, que es presentado en tres formas diferentes: primero en su situación antes de la Revolución, luego al triunfo de esta, y finalmente a través de las nociones que se erigen en torno a él. Penetrar la vida real es simple, pues lo que nos está contando es la historia verdadera, la aventura surgida de un estudio serio y profundo de los inmigrantes.
Hechicero de lectores, Jaime Sarusky, su poción mágica radica en el lenguaje simple, directo para rescatar la memoria de los olvidados. Al hablar de los desarraigados que luchan por su subsistencia, y que llegan a integrarse a la sociedad cubana, formando parte del crisol de culturas que nos caracteriza, este Premio Nacional de Literatura defiende las esperanzas de aquellos que llegaron a la Isla en busca de la buenaventura.
El placer de leer Los fantasmas de Omaja reside en sus propios fantasmas. La visión de esos norteamericanos, suecos, japoneses, indostanos y yucatecos se nos hace más cercana, más nuestra, cuando sus espíritus son invocados para reflexionar sobre sus vidas. Solo Jaime Sarusky ha sabido exorcizarlos para nosotros.