Sexteando con Darío Fo y El Baile: dos clásicos de las artes escénicas
«Actuar es una de mis grandes pasiones».
Yuliet Montes
En fecha reciente, el pinareño Teatro de la Utopía, que jerarquiza el actor y director Reinaldo León, llevó a las tablas de la capitalina sala El Sótano las obras Sexteando con Darío Fo, Premio Nobel de Literatura, y El Baile, del maestro Abelardo Estorino, Premio Nacional de Literatura 1992 y de Teatro en 2002.
En esas dos puestas en escena, este “escribidor” —como diría Ciro Bianchi Ross, uno de los mejores cultores del periodismo literario en la mayor ínsula caribeña — tuvo el privilegio de conocer en persona a la carismática actriz Yuliet Montes, integrante de ese colectivo artístico, oriundo de la región más occidental del país.
De esos encuentros fortuitos con la también miembro de la Asociación de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), nació la feliz invitación de que les relatara a los lectores de nuestra sección cómo, en la obra del genial escritor y dramaturgo italiano, se introduce en la piel y en el alma de mujeres de diferentes nacionalidades, mientras que, en la obra de Estorino, adopta la personalidad de una mujer mayor, maltratada por la vida, que se debate entre los recuerdos de un chico que, en su lozana juventud, conoció en una fiesta y su esposo fallecido.
Con la naturalidad y la espontaneidad que la identifica en las tablas, Yuliet declaró: «[…] mi padre ha visto Sex-teando… veintiséis funciones seguidas y cada noche, no sólo me ha disfrutado, sino que se ha quedado sorprendido con las reacciones del público y los elogios de la crítica especializada [entre ellos, los publicados en el Portal CubaLiteraria]. Y exclama: ‘hoy estuvo mejor esto o aquello’».
Acto seguido, afirma: « […] cada vez que en una representación de Sexteando debo caracterizar a una negrita bufa —herencia del teatro vernáculo—, una italiana, una inglesa, una española, una argentina (bonaerense, para ser más exactos), una cubana —síntesis de los ingredientes multi-étnico-culturales que nutren nuestra personalidad básica— y una estadounidense, tengo que desdoblarme y adoptar sus respectivas formas de pensar, sentir y actuar (componentes esenciales en que se estructura la personalidad humana), no solo para convencer al espectador, sino también para transmitirle el mensaje educativo-terapéutico, con marcado enfoque ético-humanista, que esa verdadera joya de las artes escénicas contemporáneas le envía al auditorio en materia de educación y terapia sexuales».
Por otra parte, destaca el hecho de que Darío Fo tiene «[…] una forma originalísima de percibir la sexología como disciplina científica, pero, en lo que respecta a la elaboración del texto, cumple —al pie de la letra— los indicadores conceptuales, teórico-metodológicos y prácticos en los que se sustenta esa relativamente joven especialidad biomédica».
Para ella, insuflarles “vida” a esas mujeres tan distintas entre sí, «[…] es dejar de ser, abandonar mi ego, anular la parte de mi personalidad que no me sirve para hacer lo que estoy haciendo en ese momento sobre el escenario. Vaciar y llenar. El juego con otra identidad que uno construye. Utilizar mis recursos, vivencias, experiencias. Si no soy lo suficientemente humilde ante la tarea me repetiré y seré siempre yo misma en diferentes situaciones […] sin una transfiguración de fondo con el personaje que me ha tocado vivir».
Al respecto, Ernesto Sábato estima que « […] actuar es como vaciarse de uno. La actuación deviene un sacerdocio. A veces, la cotidianidad lo impide, pero se trata de una de las tantas utopías que debemos —y tenemos— que perseguir».
En El Baile la exhorto a que les narre a los lectores los retos dramatúrgicos y existenciales que le exigieron como actriz edificar el entramado psicológico y espiritual de una mujer mayor, que se extingue entre dos amores perdidos (el del joven que —en su mocedad— conoció en una fiesta y en la reiterada evocación al marido difunto).
«Teatro de la Utopía, la agrupación teatral a la que pertenezco y a la que me he entregado en cuerpo, mente y alma por razones de índole artístico-profesional y estrictamente personal (soy la esposa de su director, y madre de nuestro encantador retoño), ha ido —y seguirá yendo— en busca de una exploración de textos que nos permitan enfrentar conflictos e interrogantes del ser humano contemporáneo».
Por lo tanto —especifica— «esa obra de Estorino deviene vehículo idóneo para realizar dicha búsqueda, porque la trama describe la lucha intrapsíquica que —en el momento actual— entabla esa infeliz mujer con el pasado, sin caer en la cuenta de que el pasado y el futuro son trampas filosóficas que el dios Cronos les tiende al hombre y a la mujer, porque nadie vive en el pasado —registrado en su archivo mnémico— ni en el futuro, ya que ignora por completo qué le ocurrirá mañana, y consecuentemente, si vivirá para contarlo o no. El ser humano solo tiene como contexto vital, concreto, el aquí y el ahora».
En opinión de la multifacética artista ese es uno de los mensajes que, por vía subliminal, le envía el laureado autor de El Baile a los amantes del “arte de las tablas”.
Antes de finalizar, Yuliet Montes quiere destacar que, en una presentación de esa obra, tuvo la visita de la primerísima actriz Adria Santana; « […] realmente —confesó, con no disimulada emoción— fue una sensación especial, impactante. Admiro mucho a Adria. Espero que en la próxima temporada, que será próximamente, mi trabajo esté mucho más perfilado», concluyó.