Doribal Enríquez: amo la poesía con todas las fuerzas de mi ser
La poesía ilumina las oscuridades del alma
Cecil Canetti y Juan L. Besada
Al poeta y ensayista Doribal Enríquez Enríquez (La Habana, 1948), miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), le fue conferido, en fecha reciente, el Premio Internacional de Poesía, que otorga la Latin Heritage Foundation de Estados Unidos, por el texto «In memoriam al mañana», que forma parte del libro Isla en la isla.
Lauro internacional, que no solo lo honra a él como poeta que vive, ama, crea y sueña en nuestra exuberante geografía insular, donde la poesía brota del alma, cual agua cristalina que corre por los ríos subterráneos del espíritu, sino también a la cultura cubana, a la que representara cum dignitate en el certamen poético convocado por la citada institución norteamericana.
Por ese motivo, he decidido dialogar cara a cara con el premiado intelectual capitalino, para que les hable a nuestros lectores de su amor a la poesía, así como de la necesidad generada en la mente y en el alma de nuestro entrevistado por participar en dicho concurso.
¿Cuáles fueron los factores motivacionales que inclinaron la balanza a favor de la poesía (género que le ha reservado importantes lauros), no obstante el hecho de cultivar con éxito el ensayo, así como otras manifestaciones periodístico-literarias?
Me encontré con la poesía cuando leía, casi por casualidad, porque aún hoy no recuerdo cómo llegó a mis manos, un poemario que fue Premio Casa de las Américas, cuyo autor no recuerdo, pero sí su título Blanco spirituals.
Estoy seguro de que, a estas alturas de mi vida, no fue ese solo libro sino muchas circunstancias (personales, epocales y de nuestra sociedad en particular), que me llevaron a escribir versos. Aquel fue un pretexto.
Luego, siguió siendo una necesidad perentoria, ineludible. Escribía mucha poesía. Nos reuníamos algunos amigos para leernos lo que escribíamos, sin estar apegados a ninguna institución ni a patrón cultural alguno; lo que, posteriormente, sería el movimiento de talleres literarios en Cuba (al que ingresé en los años setenta, al igual que a la Brigada “Hermanos Saíz” de Literatura).
Más tarde, comprendí que si necesitaba “relacionarme” con mis congéneres, poetas o no, debía publicar, o al menos, hacerme conocer de alguna manera. Las motivaciones, además de las propias de la juventud de aquellos tiempos, para mí fueron muy restringidas en cuanto a temas.
El amor, como debía suponerse a esa edad, no fue mi plato fuerte. Todo o casi todo lo que escribía se relacionaba con mi generación, o parte de ella. Pero eran proyecciones que se iban más allá del contexto cubano. Más bien escribía como ser humano, como ser terrestre. Por ello, creo que César Vallejo, como a muchos otros, nos “tocó” fuerte.
De ahí, tal vez, mi primera manera de ver la poética y los modos. Por suerte eso cambió e hice mi propia estructuración poética, mi “modo” de ver las cosas. En aquellos años, mis textos eran llamados herméticos, porque no eran de fácil comprensión.
Por lo tanto, mi motivación mayor era, y es, la vida misma con todos sus vericuetos. Eso, te puedes imaginar, no encajaba con lo que mayormente se publicaba y hacía por entonces. La épica no fue el centro de mi quehacer, como tampoco determinados cánones sociales a ultranza.
Sin embargo, leí mucha prosa: novelas y cuentos, extranjeros y cubanos. Algo bueno de nuestra generación: publicaciones a precios muy baratos de ediciones de libros de literatura clásica de todos los tiempos y de todas las culturas.
Del “realismo socialista” saltaba al realismo crítico, y así me fui adentrando en el realismo mágico latinoamericano, el llamado Boom de los años setenta. Leí buena y mala literatura de la antigua Unión Soviética y el campo socialista, así como innumerables películas de esos países extintos ya. No me perdí nada cultural de ellos ni de Occidente. Eso fue muy bueno, muy positivo, para mi generación.
¿Cómo definiría usted la poesía, y si no es un “secreto clasificado”, ¿qué se siente cuando la mente y el alma atrapan en pleno vuelo el poema, que nace y florece en el jardín del espíritu humano?
No puedo ni podré definirte nunca la poesía. Nadie ha podido hacerlo, ni creo que tampoco se lo han propuesto, solo puedo decirte que la amo con todas las fuerzas de mi ser. Hay mucho escrito sobre eso. Creo que es una actitud y aptitud de la raza humana ante sus propios problemas. Uno tiene que identificarse con algo. Ahora bien, no se puede escribir de lo que no se sabe ni se siente. Necesitas obtener bastante información para escribir sobre lo que no has vivido.
¿Qué representa para usted, como poeta y promotor cultural cubano, haber obtenido el Premio de Poesía que confiere la Latin Heritage Foundation de Estados Unidos de Norteamérica?
Te voy a contestar evocando una frase antológica del doctor José Orlando Suárez Tajonera, profesor emérito de la capitalina Universidad de las Artes:
«La modestia enturbia el talento, y si se utiliza para ocultar pasiones abyectas, ocultas en el componente instintivo del inconsciente freudiano, es uno de los peores defectos del ser humano. El hombre debe —ante todo— ser humilde, porque ser humilde es estar consciente de lo que se sabe y por qué se sabe, pero —a la vez— estar muchísimo más consciente de que lo que se ignora o desconoce, porque el conocimiento humano es infinito como el universo».
Con apoyo en la forma de pensar y sentir del Padre de la Estética en Cuba, intelectual, humana y espiritualmente, ese premio para mí deviene verdadera realización en todas y cada una de esas importantes esferas en que se estructura la personalidad del homo sapiens, pero —te advierto— no por lo que el premio pueda representar en sí mismo, sino por el amor con que escribí la obra que, al final, resultó ganadora.
¿A través de qué medio tuvo conocimiento de ese certamen poético y qué lo decidió a enviar a dicho concurso internacional su obra «In memoriam al mañana», que forma parte del libro Isla en la isla?
Una gran amiga me hizo llegar la convocatoria de ese concurso. Inmediatamente envié por correo electrónico el poema. Salió ganador junto con 149 autores más. No es tanto el premio como la experiencia. Parece una publicación muy seria y ya ha editado a no pocos cubanos, no solo de la diáspora sino residentes en la Isla. Agradezco a esa amistad el haber participado. Es bueno participar en esos certámenes dentro del país y fuera de él, para ganar madurez desde todo punto de vista.
¿Algún comentario o sugerencia a los jóvenes que se inician en el cultivo de la poesía, género literario enaltecido por el poeta mayor de la patria grande latinoamericana?
Ahora soy —de cierta forma— docente en cuanto a la enseñanza de la literatura. Sabes que por más de tres décadas trabajé, hasta mi jubilación por vejez, como asesor literario, y dirigí talleres de literatura, donde formé a no pocos jóvenes y adultos (algunos han alcanzado premios y se les han publicado sus obras). Me parece que tengo una deuda con el pasado, con los que me ayudaron cuando tenía dieciocho o veintitantos años de edad.
Para terminar, te diré que el principal consejo que le doy a todo el que se me acerca con sus textos para que se los revise, sean jóvenes o no (esto de joven en la literatura es muy variable), es que no se impulsen a publicar inmediatamente, sin estar seguros de lo que hacen y lo que quieren.
Hay que esperar un poco para madurar como personas y como escritores. El novelista necesita cierta “adultez” en las historias que trata, que no son más que reflejo de las historias que nos toca vivir a todos. El ensayo es de acumulación de información, de investigación exhaustiva. La poesía es más subjetiva, el sujeto poético, el yo (como dirías tú, psicoanalista antes que crítico y periodista), es el principal protagonista de lo que se dice, a diferencia —por ejemplo— de la narrativa. Aunque también hay poemas que narran historias y se mezclan los dos géneros, pero el que escribe poesía o cualquier tipo de literatura, debe —primero que todo— dominar su idioma, o sea, la lengua materna. Con fallas de escritura cuesta mucho hacer poesía y literatura en general.
Conocer personas, relacionarnos con gente que te den mucho más de lo que te quiten, proporciona —además de placer— acumulación de experiencia, y después, ello se ve reflejado en el texto. Mientras más cultura más vocabulario. Esa es la parte fundamentalmente técnica.
Para entonces “sentir” y “vivir” la poesía, como estado casi hipnótico, entonces hay que entablar una lucha sin cuartel contra la mediocridad, contra la vagancia y el acomodamiento en uno mismo, que siempre está presente.
Encontramos cualquier justificación para escapar de lo que hacemos, en cualquier terreno del pensamiento científico y literario. Por eso, si usted desea escribir “en serio”, entonces se ha metido en un lío tremendo. Porque se escribe por necesidad intelectual y espiritual, principalmente.
Luego se re-escribe por la necesidad que tenemos de establecer contacto con otros autores y otros estilos. ¡Ah!, y huir de los lugares comunes que nos persiguen a diario. Evitar las frases manidas que nos atormentan y forman parte de nuestra idiosincrasia humana. Y si es necesario usarlas, como alternativa estética, entonces deben cumplir una función irónica o su nueva connotación debe ser superior a la que ellas mismas encierran.
Por último, es más complicado explicar el arte poético, que hacerlo ¿No lo crees así, periodista?
Foto: cortesía del entrevistado
