Homenaje a sus quince años eternos con un cañón bajo el brazo

En la Biblioteca Rubén Martínez Villena, en la Plaza de Armas de La Habana Vieja, ya es costumbre celebrar, una vez al mes, la obra y vida de autores que han dejado sus huellas en el panorama editorial de Cuba. Este 20 de julio la reunión se dedicó, por primera vez, a una autora del sello Científico Técnica -de la Editorial Nuevo Milenio-: la prestigiosa psiquiatra infanto-juvenil Elsa Gutiérrez Baró (Camagüey 1928).
Doctora en Ciencias y Profesora de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de La Habana, Elsa Gutiérrez Baró posee un enorme prestigio profesional, avalado por sus labores como psiquiatra, promotora de salud, educadora y docente. Entre sus libros publicados se encuentran Mensajes a los padres (reeditado cuatro veces desde 1975), Los niños enseñan, ¿Por qué no aprende un niño?, La drogodependencia en la adolescencia, Muy en serio y algo en broma, Las edades de la senectud y Pensamiento, ideas, mitos y realidades. Todos sus títulos, incluso el último del 2010, están agotados. La doctora Gutiérrez Baró es miembro permanente de los Tribunales para Categoría Científica de la capital e integra el Consejo Técnico Asesor de la Editorial Científico-Técnica.
En la ceremonia, organizada por el Instituto Cubano del Libro y el Equipo de Promoción de Nuevo Milenio, dieron testimonio de su admiración y cariño la Dra. María del Carmen Amaro, profesora consultante de la Universidad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Habana y Vicepresidenta de la Sociedad Cubana de Historia de la Ciencia; el Dr. Lázaro Hernández Costerón, psiquiatra y Máster en Sexología, quien laboró por veinte años junto a Gutiérrez Baró en la Clínica del Adolescente; el Dr. Alberto Galbizú, psiquiatra general, Profesor de Mérito de la Universidad de Ciencias Médicas de la Universidad de La Habana y Profesor Consultante de la Facultad del Hospital Manuel Fajardo; el Dr. Ricardo González Menéndez, Académico Titular, Especialista en primer y segundo grado en psiquiatría, miembro del Tribunal Nacional de Grados Científicos en el Área Clínica y Presidente de la Comisión Nacional de Ética Médica, autor de el conocido libro sobre el VIH – Sida Confesiones de un médico y la Lic. Neyda Izquierdo Ramos, editora de todos los libros que ha publicado Elsa Gutiérrez con el sello Científico Técnica, y su gran amiga.
La intervención de la Dra. María del Carmen Amaro se orientó a dar un repaso a la trayectoria profesional de la homenajeada. Sin dudas, a juzgar por lo allí expuesto, la labor de la Dra. Gutiérrez Baró, desde que se graduó en la Universidad de La Habana con una tesis que analizaba los factores biológicos y sociales de incidencia de la tuberculosis en Cuba (1955), ha demostrado, tanto en lo profesional como en lo político, un compromiso absoluto con la vocación humanista. Es por eso que la trayectoria de esta mujer alterna los puestos de avanzada científica con las labores de asesoría en proyectos sociales: en 1959 termina una investigación sobre la narcodependencia; de 1960 a 1962 es responsable de la Escuela Ana Betancourt para campesinas; en la segunda mitad de esa década coordina la atención médica en los novísimos Círculos Infantiles; en 1971 termina la especialidad en Psiquiatría Infantil y Juvenil; en 1975 funda su obra magna: la Clínica del Adolescente, que dirigirá por treinta años y seguirá influyendo hasta su desaparición en 2010; y poco después, nace el Círculo Infantil “Zunzún", primero especializado en menores con necesidades especiales de aprendizaje; desde la década del ochenta del siglo XX ha realizado asesorías en la Unión de Jóvenes Comunistas, la Federación de Mujeres Cubanas, las revistas Mujeres y Muchacha, de la Editorial de la Mujer.
La Dra. Amaro terminó sus palabras al llamar la atención sobre el ejemplo permanente que ejerce la Dra. Gutiérrez Baró en sus colegas o estudiantes. Para ella, explicó, tres son los pilares del profesional de la salud: capacidad intelectual, sensibilidad humana y ética.
El Dr. Lázaro Hernández Costerón centró sus palabras en ampliar el conocimiento del auditorio sobre el amplio campo de conocimiento de la homenajeada. Por ejemplo, pocas personas saben que es sexóloga, y acaso la única mujer a la que Fidel Castro obsequiara un cañón. Entre los méritos mayores de Elsa Gutiérrez Baró, en opinión de este especialista del CENESEX, está el haber manejado la diversidad de enfoques profesionales de la Clínica del Adolescente, donde era capaz de sacar lo mejor de cada especialista y conciliar la atención diaria con la producción científica. Además, ha sido asesora de los filmes Mírame mi amor, Vestido de novia y En el cuerpo equivocado.
La reflexión del Dr. Alberto Galbizú tuvo una vocación bastante más personal. Basado en el hecho de que ya sabíamos cuánto ha hecho la homenajeada, exploró su lado íntimo, la actitud personal que le alienta y transforma en ejemplo: la intensidad de sus pasiones, que son las de una jovencita de quince años. Para este orador, Elsa Gutiérrez Baró, junto a Haydeé Santamaría, Celia Sánchez, Melba Hernández, Vilma Espín, Rosa Elena Simeón, Concepción Campa y Cochita Fernández —por mencionar algunas de las heroínas del siglo XX cubano—, es parte de una estirpe espiritual de recia voluntad que encarna el misterio martiano de entrega y rectitud y marca a Cuba. Cuando se habla de la obra de la Revolución Cubana, explicó, se habla de la economía y la política, pero también de su aporte a la emancipación humana, en el sentido de dar la oportunidad a toda persona de sacar lo mejor de sí. Elsa es de las personas que ayuda permanentemente a que podamos sacar lo mejor de nuestro interior, como colega, como docente o como facultativa.
En este discurso, el Dr. Galbizú reveló, por cierto, otro detalle de la experiencia profesional de la Dra. Gutiérrez Baró: atendió a personas escapadas de las dictaduras del Sur en los años setenta y ochenta. Eran sobrevivientes de la tortura y el horror, donde la garra imperialista no respetó ni el género, ni los lazos filiales, ni la tierna edad. Elsa les permitió volver a amar, para poder crecerse sobre el dolor. Eso es lo que ella hace cada día: amar, por eso sigue creciendo y sus pasiones son intensas, como las de una adolescente recién enamorada.
Cuando llegó el turno del Dr. Ricardo González Menéndez, este se confesó apenado, pues poco o nada tenía que decir sobre su relación con la Dra. Gutiérrez Baró que no fuera dicho antes, por eso eligió regresar al tema del humanismo que sustenta la profesionalidad. Para explicar el asunto, el ponente citó una de las Cartas de Esculapio a su hijo, sobre los sacrificios y recompensas de la profesión «si te sientes pagado lo bastante con la dicha de una madre... hazte médico», recomienda el dios greco-romano. Para mi, explicó a continuación, Elsa Gutiérrez Baró es el paradigma de la profesión médica.
El último de los panegíricos correspondió a la Lic. Neyda Izquierdo Ramos, editora y amiga de la homenajeada. Sus palabras no fueron ociosas, pues las intervenciones anteriores se referían a su faceta como docente o doctora, mientras que Neyda se relaciona con ella en el espacio de la divulgación científica. Explicó que ella es amiga de todas las personas que trabajan en la sede de Nuevo Milenio. Cada visita suya irradia amor y comprensión, pone en acción su gran capacidad de observación y ofrece su apoyo, su consejo o su silencio, sin violentar nunca a las personas. Además, cada libro, sin importar el éxito de los anteriores, ella lo enfrenta con temor y modestia, preguntándose si al público le interesará, lo que indica cuánto respeta a sus lectores.
Como adelanto, Neyda reveló que la prolífica autora prepara un libro sobre la resilencia en José Martí, el cual debe entrar al proceso editorial en 2012.
En sus palabras de agradecimiento, la Dra. Gutiérrez Baró dio las gracias al Instituto Cubano del Libro, a la Editorial Nuevo Milenio, a sus colegas y al público allí reunido. Instó también a tomar todo lo dicho sobre ella con cautela, a creer solo la mitad de los elogios, pues «yo no soy tan buena, solo hago lo que puedo». A instancias del auditorio, hubo de explicar el singular regalo mencionado por el Dr. Lázaro Hernández Costerón: el cañón de Fidel Castro. Ella accedió.
Fue cuando la Invasión a Playa Girón, en abril de 1962. Ella estaba al frente de la escuela Ana Betancourt para jóvenes campesinas, con sede en el Hotel Nacional, y temía que, en las acciones de guerra, tan importante edificio fuera bombardeado. Consulta con Fidel si debía o no mandar a las alumnas a sus casas, pero él le aseguró que el asunto de Girón acabaría en tres días, y si las chicas eran devueltas a sus hogares, se perderían clases. Como ella seguía escéptica, le ofreció aumentar la seguridad: «Mira ¿tú quieres que te mande un cañón que proteja la escuela?».
Yo creí que era un chiste —continúa contando la doctora—, y le dije que sí, que lo mandara. Al día siguiente, muy temprano, me llaman los trabajadores muy asustados, para comunicarme que había llegado un cañón con su dotación de artilleros completa. Bueno, el hotel nunca fue bombardeado, es cierto, pero hubo otro bombardeo, porque los artilleros y las campesinas se enamoraron y yo tuve que vigilar por ventanas y escaleras, para evitar que alguna muchachita se “escapara”.
Así, entre risas, evocaciones y abrazos, terminó este encuentro.
