Peña cultural capitalina celebra su octavo aniversario
La Tertulia de Arte y Literatura Sol adentro, inspirada en el eminente intelectual y humanista mexicano, don Alfonso Reyes, y coordinada por la poetisa y narradora Juanita Conejero, celebró este miércoles el octavo aniversario, en su sede habitual del Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
Los invitados especiales a dicha actividad, devenida verdadera fiesta del intelecto y el espíritu humanos, fueron el crítico, periodista y promotor cultural Fernando Rodríguez Sosa, así como los escritores mexicanos Obdulia Ortega Rodríguez y Abelardo Hernández Millán.
En ese contexto, Rodríguez Sosa definió el martiano ejercicio del criterio como el arte «[…] de señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella», porque « […] criticar es —sin duda alguna— amar».
Según el también miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), la función desempeñada por un crítico es transmitirle al receptor (o perceptor) un mensaje claro y preciso; ser honesto consigo mismo y con el destinatario, cuando lo que escribe es expresión genuina de su forma de pensar y sentir el hecho artístico-cultural que valora desde una óptica eminentemente objetivo-subjetiva, sin transgredir —ni con el pétalo de una flor— los principios éticos-humanistas sobre los cuales se estructura nuestra compleja profesión.
En cuanto al periodismo y la promoción cultural los percibe como fuente nutricia de ética, humanismo y espiritualidad (entendida esta última como el conjunto de acciones que el hombre y la mujer realizan y que llenan de sentido su existencia terrenal).
Al igual que el Apóstol, Ortega Rodríguez y Hernández Millán caracterizan «[…] la literatura [como] expresión, forma y reflejo en palabras de la Naturaleza que nutre y del espíritu que anima al pueblo que la crea […]. En consecuencia, el escritor es quien cultiva el arte de escribir, que no es otra cosa que acariciar la mente y el alma del lector, y a la vez, aguijonearlo con infinidad de interrogantes que le acompañarán durante toda su vida, porque —según el fundador del periódico Patria— «[…] llevar solemnidad [estético]-artística, majestad y precisión arquitecturales [a la página en blanco], es la [sagrada] faena del que escribe».
De acuerdo con los intelectuales centroamericanos, los grandes conocedores de la psiquis y el espíritu del homo sapiens no son los psicólogos con formación académica o los psicoanalistas con orientación ortodoxa o lacaniana, sino los escritores y los poetas.
Con apoyo en ese planteamiento, al que me adscribo en todas y cada una de sus partes, el escritor deviene un experimentado psicólogo, ya que, además de la organización interna que debe darle a la historia que narra, les insufla vida corporal, psíquica y espiritual a los personajes que intervienen en la trama y en las subtramas, concebidas por su fecunda imaginación.
Al respecto, Karl Marx —uno de los padres fundadores de la filosofía y la economía política marxistas— declaró que había aprendido más psicología y sociología con la lectura de La Comedia Humana, del genial escritor francés Honorato de Balzac, que en todos los manuales de esas disciplinas de las ciencias sociales.
Para celebrar los ocho años de intensa vida cultural de la Tertulia de Arte y Literatura Sol Adentro, Iris Ávila, Jorge San Martín y Augusto Rivero, llenaron de música y humor el ambiente, impregnado de luz, color, risa y energía positiva en grandes cantidades.
