Café con filo en primera persona

Un hecho inusual trastornó ayer la tertulia Café con filo, que conduce la poeta Lisett Clavelo, cuando la tradicional lectura de poesía fue sustituida por una de narrativa. Esta actividad, auspiciada por Centro Provincial del Libro, forma parte del Proyecto Yeti del Municipio Playa.
Y ya que al invitada a subvertir la habitual forma, fue esta cronista —en aras de evitar subjetivismos con un criterio de “juez y parte”—, me limitaré a reflejar mi agradecimiento por la íntima y generosa acogida y expresaré, como espectadora, cuanto vi, oí y sentí.
La introducción, excepcionalmente, fue asumida por el pintor y escultor Agustín Villafaña, presidente del proyecto cultural, quien, además
de sus palabras de bienvenida, rememoró en apretada síntesis —como homenaje al grupo de fundadores presentes esa tarde—, el trabajo de los artistas plásticos, escritores y músicos de la ciudad que, por más de un decenio, invierten gran parte de su tiempo creativo en beneficio de la comunidad.
Las exquisitas canciones de los jóvenes músicos y cantores, Jorge Luis y Lázaro, integrantes del dúo G.L.o, sirvieron de preámbulo a la presentación de la invitada, y amenizaron los intervalos entre la charla y la lectura de cuentos.
Para continuar la fiesta de asombros, en la segunda parte de Café con filo, escuchamos y disfrutamos de poesía de la buena, de esa que altera no solo el ritmo del pulso, sino también del pensamiento, en las voces de Huber Gil, Héctor Ordaz, Tais Ballenilla, Arnaldo Luján, entre otros talleristas comunitarios.
Venta de libros, muestras de cuadernos de escritores yetianos, ilustrados por los pintores —pequeñas obras de arte producidas gracias al esfuerzo y los modestos medios con que cuenta el proyecto—, estuvieron entre las sorpresas.
Y como no hay Café con filo sin Tony Pineda (hombre orquesta del proyecto), no se hizo esperar la habitual taza de café aderezado con una pieza de chocolate, a una hora no específica entre el mediodía y el atardecer.
En fin, una espléndida tarde, parafraseando al trovador “para el alma y el espíritu divertir”, en la atmósfera bohemia de Café con filo, entre obras escultóricas, pinturas, sobrecogedores y ocultos tintineos, inciensos, árboles frondosos, truenos amenazadores, pájaros de impertinente canto, vecinos asomados a balcones y ventanas; una tarde con poetas que se pueden contar si no entre los más reconocidos, sí entre las más altas voces líricas ¿de los últimos diez años? Creo que sí.
