La poesía de Reina Esperanza Cruz Hernández
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La poesía de Reina Esperanza Cruz Hernández es el testimonio de una vida que ha visto muchos sueños desnucarse frente al viento. Persona tan excepcionalmente buena, de humildad tan profunda, con valores espirituales tan cristalinos, está obligada a dos cosas: a escribir poesía, y a ver cómo pasan los años y los sueños son devorados por la indiferencia humana y la lija cotidiana. Sus poesías son el informe trémulo y preciso de esa pérdida interior. Pero la belleza existe, la belleza sí se cumple, mucho más, en una mujer que es bellísima y que añade, a toda prueba, su sensibilidad. Ella tiene, entre otras ganancias y reinos incontrastables, versos sonoros, fluidos, francos. Sus versos andan sueltos en el aire, entran en la sombra, dejan cartas para que Dios las revise en sus horas de asueto. Y el lector sensible, no el apresurado o el que busca la novedad por la novedad, amante de la inútil trasgresión foránea, el lector capaz de sintonía psicológica con la verdad y la sencillez del mundo, al tocar estos versos, siente que ha tocado a una mujer profundamente, que le ha visto el alma, y en ese paisaje sagrado de intimidad vertida observa la verdadera grandeza humana y la utilidad tremenda de la poesía. Los versos de Reina Esperanza Cruz Hernández tienen una jerarquía psicológica que ya quisieran muchos para sus libros llenos de experimentos verbales. Gran poesía la suya, pues está hecha, y habla, para el corazón.
ROBERTO MANZANO
REINA ESPERANZA CRUZ HERNÁNDEZ (Puerto Padre, Las Tunas, Cuba, 1956). Poetisa y narradora. Se desempeña como museóloga. Pertenece al Grupo Iberoamericano de la Décima Espinel-Cucalambé. Ha publicado De amor y otros abismos (Editorial Sanlope, 1993), Cartas a Dios desde el infierno (Editorial Sanlope, 2001), Juegos de tierra y de mar (Editorial Sanlope, poesía para niños), Cuentos para Bárbara (Editorial Sanlope, narrativa para niños), El país de las dos reinas (Editorial Sanlope, poesía para niños, 2010).
HE VENIDO CON TODOS MIS ENIGMAS
He venido con todos mis enigmas
buscando una respuesta a mis temores.
He venido con todos mis amores
(algunos los creía paradigmas).
Aquí vengo a borrar viejos estigmas;
con todos mis fantasmas he venido:
(a veces un fantasma me he creído).
He llegado hasta aquí con esta carga
que el tiempo torna mucho más amarga
a beber una pócima de olvido.
YO NO ESTOY. YO NUNCA ESTUVE
Yo no estoy. Yo nunca estuve.
El azar no me prefiere.
Un frío dardo me hiere.
Yo soy tan sólo una nube.
El soplo de luz que tuve
se apagó. Es la cordura
una lejana figura
que no alcanzo, que no alcanzo.
Y cuando mis redes lanzo
sólo atrapo la locura.
Vengan, locos, a mi fiesta,
traigan su mundo al revés
y caminen a través
del si bemol de la orquesta.
Vengan, locos, a mi fiesta,
traigan su loco sonido,
traigan un pájaro, un nido,
traigan al toro que embiste,
traigan su silencio triste:
aquí nada está prohibido.
ESTOY AQUÍ, FRENTE A LA NUEVA OLLA
Haré un sofrito de melancolía.
Reina María Silva
Estoy aquí, frente a la nueva olla
mientras desvisto al ajo perfumante;
parto un ají de rojo crepitante
y trucido —asesina— una cebolla;
el corazón ya casi se me ampolla,
se me quemó en aceite la alegría
y no sirve de nada el agua fría.
Busco el comino, pero no lo encuentro.
Siento algo triste que me llueve dentro
y hago un sofrito de melancolía.
AY, QUIÉN PUDIERA
Ay, quién pudiera
tener raíces
y quién pudiera
las cicatrices
borrar del mapa
del corazón.
Ser la canción
que se me escapa
cuando pretendo
borrar del mapa
las cicatrices.
Tener raíces,
y una canción
aquí, en el mapa
del corazón.
UN SONETO FELIZ QUIEREN QUE ESCRIBA
Un soneto feliz quieren que escriba
los que quieren feliz mi vida. Admito
el gris entre mis versos, y un maldito
puente bajo los pies. A la deriva
navegan mis poemas malescritos.
Antes lo dije ya: Somos proscritos
mis poemas y yo. Dejen que viva
en ellos la tristeza de mi cara
y no busquen en vano el agua clara
donde las aguas turbias son. Lo oscuro
puede tener también su lado puro
y puede ser la noche luminosa.
Aunque triste, la rosa es una rosa.
Y siempre hay un camino tras el muro.
NADIE SABE QUE ESTOY SOBRE UNA CUERDA
Nadie sabe que estoy sobre una cuerda
y tengo ante los pies el gran abismo;
nadie entiende mi gesto de heroísmo
de mantenerme aún sobre la cuerda.
Nadie muere mi vida o mi derrota,
nadie vive mi muerte: equilibrista
sobre la cuerda estoy, cual pobre artista
sin público ni luces, con la rota
capa sobre la piel. Nadie comprende
el equilibrio que mi cuerpo aprende
ni la pura invención que me alimenta
ni de la vida que mi cuerpo inventa
ni de la muerte que mi vida alienta.
Sólo una cuerda floja me sustenta.
YO NUNCA IRÉ A PARÍS NI HABRÁ AGUACERO
Me moriré en París con aguacero.
César Vallejo
Yo nunca iré a Paris ni habrá aguacero
para apagar la llama de mi nombre.
Yo nunca iré a París y a nadie asombre:
duro me dio la vida, y mi postrero
adiós será en silencio. Ya la soga
lista para el azote, habrá perdido
la carne que azotaba. En el olvido
el palo del tormento que me ahoga
estará para siempre sepultado.
Reina Esperanza ha muerto, dirán todos
y jueves no será, y habrán dejado
el recuerdo del cuerpo abandonado
entre lodos y lodos y más lodos.
Piedra sobre esta piedra del costado.
Y NADA IMPORTA QUE LA MUERTE AÚLLE
Y nada importa que la muerte aúlle
—perro que no se marcha de mi puerta—,
qué importa si mañana ya estoy muerta;
mucho más que la muerte, nos destruye
el tedio atroz que en nuestra vida bulle,
una mirada huérfana de amor,
la doble coordenada del dolor,
la presencia tenaz de lo terrible,
y este duro dolor ineludible
de ser espina que se finge flor.
SOLO DE TRISTEZA EN MÍ MAYOR
Sólo en lo oscuro se alza
mi voz, sólo la tristeza
provocando la torpeza
de que mi mano descalza
escriba versos: descalza
mano que sacude el sismo.
Sólo un oscuro espejismo.
Sólo lo triste y oscuro.
Sólo lo triste y un muro.
Sólo el dolor y el abismo.
Sólo la tristeza mía.
Sólo lo oscuro y la sombra.
Sólo lo triste me nombra
entristeciendo este día
y el azul de la alegría.
La tristísima tristeza,
la que termina y empieza
viene y de sombra me viste
a mí, las tres veces triste,
la tristísima tristeza.
INVITACIÓN A LO GRIS
La muerte ronda mi talle.
La muerte me solicita
y me ofrece su visita.
Quiere que mi voz acalle
su frío, que por mi calle
no transiten alegrías.
Le daré los buenos días,
me prenderé de su mano.
Oh muerte, llega temprano,
carga tu pena y las mías.
Líbrame de las espinas.
Libera de mí a las flores,
borra mentidos amores,
desolaciones, rutinas.
Levanta sobre estas ruinas
tu monumento de humo.
A tu oscuridad me sumo.
A tu caricia me obligo.
Ven, muerte, vive conmigo.
Bebe de un trago mi zumo.
MONÓLOGO DEL SUICIDA
A Raúl Hernández Novás y Ronel González
Es mi mano quien escribe
muerte muerte muerte muerte.
Es mi mano la que vierte
cartas que nadie recibe.
Es mi mano la que vive
la muerte cada segundo.
Mi mano es campo infecundo,
pedazo de sueño roto,
sueño que se fue, remoto,
torpe pedazo de mundo.
Mundo, abandono tu casa.
Casa, me iré de tu sombra.
Este nombre que me nombra,
esta cálida mordaza,
esta congelada brasa
dejaré. De antiguas voces
escucho el eco. Mil voces
me conducen al vacío
y me alejan por el río
donde navegan los dioses
oscuros. Me alejaré
de falsas luces, del miedo.
Me alejaré. Sé que puedo
marcharme, me alejaré.
Esperanza, amor y fe
son tres pájaros sin alas.
Me alejaré. Tengo balas
de luto para mi sien.
Muerte, si te llamo, ven.
Muerte, que todo lo talas,
ven, tala el sueño y la lira,
el verso y la luz y el aire.
Lanza mi cuerpo al desgaire:
ven, rompe mi cuerpo, y gira;
a esta mano que respira
amordázala. No tardes.
Mira que serán cobardes
mis ojos si te demoras,
mi pecho si tú lo ignoras.
Aquí estoy, muerte. No tardes.
