Un guajirito que ha llegado muy lejos

Libro a la carta, espacio literario que celebra su onceno aniversario, tuvo como invitado a una figura prestigiosa del teatro cubano: Abelardo Estorino quien, tan solo con su presencia, reunió en la librería Fayad Jamís a un buen número de público, en los que se encontraban reconocidos artistas del plató nacional.
¿Quién es Abelardo Estorino? Un muchacho humilde del campo, que no pensaba en sus inicios, cuando llegó a La Universidad de La Habana, dedicarse al teatro; más bien quería una profesión objetiva y bien remunerada, como cirugía dental. Pero sus compañeros de cuarto, entre los que se encontraba Rolando Ferrer, lo hicieron concurrir, en vez de a reuniones científicas, a reuniones artísticas. Así nació su primera obra teatral: El robo del cochino.
A este artista —creador de El baile, La casa vieja, El peine y el espejo, Bajos rumores, Las penas saben nadar— no se le ocurría escribir nada que no tuviera que ver con Cuba. La isla es su caldo de cultivo. De aquí extrae la memoria que proviene de la realidad circundante.
Ante la pregunta, formulada por Fernando Rodríguez Sosa, sobre si la realidad cubana era una limitante al abordar los temas, respondió Estorino: «Lo inmediato tiene una cualidad que lo hace intemporal. Yo quiero escribir un teatro universal, no caribeño. Siempre se puede más”.
El también director, capaz de dirigir su sueño y sacar lo que deseaba de un actor, tiene como obra preferida Morir del cuento; basada en un hecho real: el suicidio de un primo. El personaje, al no revelar la causa de su decisión, crea una estructura psicológica procedente del subconsciente, capaz de permitir intemporalidades de espacio y tiempo en la trama.
Abelardo Estorino nos confesó que, para él fue toda una sorpresa el Premio Nacional de Literatura 1992 y el de la Real Academia de la Lengua 2006. Al referirse al Premio Nacional de Teatro 2002, dijo con humildad: «El de teatro no es tan importante para el público lector». Y es que, como bien expresara el conductor de la tertulia, «el reconocimiento radica en la literatura al servicio del teatro». En las obras de Estorino no hay estridencias. En su escritura no cabe la vulgaridad, ni la palabra mal pronunciada, sino más bien, el estudiado ritmo del habla del cubano; hecho que le permite colocar la oración en el contexto teatral.
Tiene este incansable hombre como proyecto inmediato, subir a escena una adaptación del libro de Juan Rulfo, Pedro Páramo; la cual elabora con cautela, pues requiere dirigir a muchos actores. La misma será su última puesta, ya que pretende terminar su novela “El tren”, pospuesta desde hace varios años.
Un fragmento de la obra Yo fumo Marlboro, representada por histriónicos actores (Maira Mazorra, Nieves Riovalle y Gilberto Ramos Souza), sirvió de cierre a la velada. Abelardo Estorino fue la voz en off que condujo las acotaciones, la entrada y la salida del elenco. Desde su asiento, la figura minúscula de hablar apagado por los años, guión en mano, reafirmaba: «Aspiro al cielo, y siempre se aspira a más».
