Cuatro menos: reflejo de la sociedad cubana actual
El ensayista, crítico y periodista Amado del Pino es el autor de Cuatro menos, obra laureada con el Premio de Teatro Carlos Arniches en honor al célebre escritor alicantino, y estrenada por Vital Teatro, dirigido por el dramaturgo Alejandro Palomino, en la sala Tito Junco del capitalino Centro Cultural Bertold Brecht.
En ese contexto dramatúrgico, se mueven —con impecable dominio de la técnica teatral y excelente dirección de actores— seis consagrados y noveles de las artes escénicas caribeñas, quienes —en su mayoría— han incursionado en los medios audiovisuales (televisión y cine, fundamentalmente):
Néstor Jiménez (Andrés), Nora Elena Rodríguez (Susana), Yani Martín y Laura Moras (Tamara), Michel Labarta y Néstor E. Jiménez (Saúl), Karen Arcis y Laura Pujol (Ania), así como Enrique Bueno y Kelvin Espinosa (Pollo). Esos actores y actrices aceptaron el reto de insuflarles vida en escena a los personajes que representan, y además, aportarles no solo credibilidad, sino también algo de su personalidad artística, consolidada o en pleno desarrollo profesional, humano y espiritual, como es el caso de los más jóvenes.
Entre otras cosas, habría que destacar —con letras indelebles— la naturalidad con que Kelvin Espinosa y Enrique Bueno desempeñan el papel de Pollo, un gay que les dobla la edad cronológica, y que sufrió injusta persecución por parte de la sociedad machista y homofóbica por tener una orientación sexual diferente.
Bueno y Espinosa no estaban ajenos al hecho de que el desempeño de ese papel, uno de los más complejos y complicados que han tenido que enfrentar en su carrera, requería de ellos una exhaustiva pesquisa psicológica, ya que Pollo —desde su adolescencia y juventud— arrastra experiencias traumáticas: fue discriminado por preferir, en sus relaciones íntimas, a personas del mismo sexo.
No obstante, es un ser humano muy valiente y con una gran capacidad de resiliencia (cualidad caracterogénica que poseen el hombre y la mujer para levantarse y seguir adelante con la cabeza erguida, después de tropezar y caer en los agujeros negros que obstruyen —desde todo punto de vista— su proceso de crecimiento personal).
Con la interpretación de ese controversial personaje, rico en matices y contradicciones, pero no con su yo, el auténtico, el verdadero, sino con el entorno que lo apartaba o acorralaba, Enrique y Kelvin demostraron ser actores integrales: desempeñan con indiscutida profesionalidad el papel de un policía, un delincuente o un gay. ¡Eso es actuar y hacerlo bien!
Desde una óptica estético-artística por excelencia, en dicha obra se desarrolla un tema devenido leit motiv en la producción intelectual y espiritual del autor: su preocupación por el destino de la nación cubana, cuya evolución socio-histórica le plantea un conjunto de interrogantes que van desde hacia dónde se dirige, qué ha logrado y cómo preservarlo, hasta lo mucho que le falta todavía por alcanzar.
El derecho a la discrepancia, el respeto a la opinión ajena, el saber decir sí o no (otra arista fundamental de la resiliencia), según las circunstancias lo requieran, la emigración (herida infligida al alma de la célula fundamental de la sociedad), la educación infanto-juvenil, el envejecimiento (fenómeno demográfico que en nuestro medio avanza de forma gradual y progresiva) y el candente problema de la diversidad sexual, configuran una verdadera obsesión en el infatigable quehacer profesional del colega Amado del Pino.
En Cuatro menos, los actores y actrices están muy conscientes de cuál es el papel que deben desempeñar en el escenario. Con otras palabras, han interiorizado e incorporado a su estilo de hacer teatro el por qué de su presencia en las tablas, no solo como artistas, sino también como seres humanos y miembros activos de una sociedad que necesita del aporte de todos y cada uno de quienes la edificamos para que, a pesar de sus imperfecciones, sea cada vez más perfectible.
