La poesía de Racso Pérez Morejón
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La poesía de Racso Pérez Morejón está hecha de impulsos vivos, de síncopas limpias en la marcha por conquistar el sueño. El deseo es uno de sus manaderos expresivos, el ansia de la realización íntima y plural. Su personalidad posee en sus versos un espejo dinámico, una rampa para alcanzar el cielo. Es imposible que compulsión de tal naturaleza no engendre esos saltos expresivos en los términos, esa yuxtaposición de registros en la voz. Por ello, su poesía fluye a través de grandes sacudidas, entrando en la realidad con las aspas resonantes de los más apasionados propósitos. Por encima de cualquier letra mesurada, esculpida en la sonora elegancia, su poesía es más bien el testimonio de una juventud que ya posee una madurez interna, de una emoción que es una corporalidad ejerciéndose espiritualmente. Lo mejor de todo, es esa sinceridad de ingenuo cimiento, esa grandeza que brinca las palabras hacia la solidaridad psicológica del amor y la complejidad de su circunstancia exterior. No hay manera de leer ninguna poesía si uno no entra con pausa y unción en el Otro que es siempre el poeta, que, cuando es verdadero, tiene la misión de hablar descarnadamente de Sí mismo para que nosotros nos veamos a nosotros mismos en su habla ensimismada. Esta peculiaridad comunicativa de la genuina poesía se cumple magníficamente en la poesía de Racso Pérez Morejón.
ROBERTO MANZANO
Racso Pérez Morejón (Ciudad de La Habana, 1965). Poeta, Programador cultural de la Casa de La Poesía de la Oficina del Historiador. Graduado de Modelista Mecánico en 1985. Se vincula al Taller Literario Rubén Martínez Villena del Cotorro desde 1998. Es fundador y coordinador general del Festival de Poesía Camello Rojo del Cotorro organizado en el año 2000. Ha ofrecido recitales poéticos en la Tribu de la Poesía de la Feria Internacional del Libro de La Habana, en la Casa de la Poesía de la Oficina del Historiador, en la Biblioteca Rubén Martínez Villena de La Habana Vieja. Es coordinador de la Tertulia El Cántaro Azul del Diplomado Historia y práctica de la creación poética, que se imparte en el Centro Cultural Dulce María loynaz. En la actualidad se encuentra cursando la Licenciatura en Gestión y Conservación del Patrimonio Histórico y Cultural, en el Colegio San Gerónimo de La Habana. Recibió primera mención en el Concurso “Rafaela Chacón Nardi in memoria”, 2006.
Poemas suyos aparecen recogidos en las antologías Rapsodias (Selección de poesía contemporánea, Montevideo-2006-Brasilia Editores Bianchi del Movimiento Cultural aBrace que organiza el Festival de Poesía de Montevideo, Uruguay) y El ojo de la luz (Antología de poetas y artistas cubanos, Diana Edizioni, 2008); en el poemario Unidos por la Poesía (Ediciones Mañá 2008) y en las revistas Caimán Barbudo y Educación, de la Editorial Pueblo y Educación. Tiene inéditos los cuadernos de poesía Sinapsis en la garganta (2002) y Voracidad de la memoria (2004).
TU NOMBRE SE LLAMA RECUERDO
Quiero gritar tu nombre
a doce pasos del abecedario.
El primer peldaño ata en pánico
mi lengua salada y muda.
Con diecinueve peldaños no alcanzo lo que con aquella letra
que hunde en ti mi mirada insaciable
de noches que te intentan.
Parto el llanto en mi epidermis
escalo veintiuno sin mortaja
aparto tus senos
la rabia de los cabellos
y rompo el rostro en tu gemido
que agota mi suicidio.
A mansalva arrastro los pétalos su olor
hasta el peldaño zeta.
Nace una tormenta
piernas a la plaza de los apetitos
tú
agua
de mi
agua.
Susurro a mi inocencia
que no te diga nada
nada la luz
nada mi culpa
nada el olvido
nada los andenes.
Regreso a insistir
acomodo mi pánico
al lienzo del primer escalón.
Persigo como un ciudadano
el olor a mar de tu saliva.
Te pronuncio mujer
fuente granada.
Grito a tu inocencia:
Acomoda tu sed
a mi pecho blando
de ausencias.
Detenido al filo de una letra.
JARDÍN DIMINUTO
Puedo acariciar la eternidad entre tus aguas.
Salto al delirio fuego y metal
con una avidez que corrompe
la miseria relampagueante del hastío.
Convocado al borde
salto además a tu cuerpo
para encontrarme.
El deseo es una pregunta que nadie sabe.
Tu espesura es signo y carne
abriendo al cielo su jardín diminuto.
SI UNA MUCHACHA
El espacio inconfeso decapita esta distancia
pulida quemada cincelada.
En mí converge un grito
que entre pestañas derrama un oasis
rasgando un cosmos lactoso
hundido en tu lejana risa
en el café de apocar las iras los Eros.
A las seis recojo una hoja de la arena
—como tu más simple presencia—
vanamente escribo que soy un pasajero
que agita los ojos ya para siempre humo
que te inventa más allá de la fantasía
que te pronuncia
con la soledad interminable de la demencia.
Escribo:
un poema no se construye de costa a costa
en lo perverso de la complicidad un poema está en la muchacha que te odia
dulcemente desde tu confusa extravagancia y eso bajando hasta el lenguaje
de las puertas quiere decir que llegaste a la bahía de espalda a la costa.
¡Si una muchacha me esperara!
—como tu más simple presencia—
en una oficina en su piel
en una plaza en una pregunta
en una callejuela en el inconsciente
en un proyecto inacabado en un grito
en un sueño en un uni-verso
o en la brutalidad implacable de la impaciencia.
Bajo cualquiera de estas benditas circunstancias
estaríamos cociendo el arte de vivir.
Y
ya que estoy pidiendo en demasía
¿si esa muchacha tuviese un nombre?
Un nombre vital
un nombre que infarte a la roca
un nombre sin más provisiones que el nombre del nombre
un nombre sin tiempo en mi espacio
—y también viceversa—
un nombre que se expanda
por mi espalda lamentable
un nombre incluso sin abecedario
un nombre pueril para que olvide el olvido
un nombre
nombre de tu nombre
un nombre para que yo lo grite como antes te dije
aunque respondan la distancia y esa hoja donde escribo
que un poema no se construye de costa a costa.
LAS PIEDRAS DE LA ESCARCELA
Cuando llegue el minuto en que mi inocencia se nutra de la tierra
vendré secretamente por el olvido de algún matiz
a la voz tan mínima
hasta la paz que determina el espanto
en el corredor de la ofrenda.
Las piedras de la escarcela se agotan
algunas las arrojé arriba
otras todavía esperando romper el calendario
son puestas en el camino ansia de retorno
por donde se pierde en la lejanía la memoria que me azota.
Las piedras de la escarcela
hacen evidente la escasez del gesto
sin juicio al estado corpóreo.
Entre el camino ya sin piedras
y mis pasos a la muerte
se eleva auténtico el derecho al arropamiento
por la cicatriz que el risco hace en la mano.
¿Quién va a negar que me hagan ensueños
las aves del crepúsculo?
Y los que me escuchen lo de lámparas de aceite
hastiados de espinas en los costados
convencidos del alba apagarán la lumbre
aguardando aquellas piedras
que un día de sombra amarga
lancé arriba.
SOY APENAS
Herido en la angustia me refugio
el cóncavo o convexo cielo y su mirada
soy apenas un haz en la memoria.
Erial en que me adentro.
Un cuerpo aplaude su universal destello
alzando un astro de inflamados versos.
Las piedras se confunden con el pan del tiempo
figuran erguidas tras la lluvia
se irradia mi soledad en el cristal del alma
ennoblece mi tozudez
corro a favor de la estación
por el desprecio con que burlas la muerte.
Cuando digo correr mi hechizo se desgarra
el ansia petrifica al deseo que vislumbro
se me contamina el intento de profanar la presencia
de la piedra con que tropiezo
el enano deja de ser escuálido remordimiento.
El fugaz universo que atravieso
se hace esperanza de luz y palabra
consuma la sed del egoísmo
tala la blasfemia en él crezco afronto
ser continuidad a pesar de la rupturas*.
*Maykel Rafael Paneque
AMOR-TAJAR
He dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre.
JORGE LUIS BORGES
Al costado del siglo
se levanta un monumento a la utopía.
La piedra tallada es la identidad del hombre
la mesocracia cuestiona los caminos
donde habitan las Parcas.
¿Qué puede amortajar un suceso a cuatro paredes?
La memoria del asombro requiere máscaras
que protejan la semejanza de la costumbre.
Presiento inquietud mientras gira la noria
la elocuencia se me desgaja con un ruido sordo
por nombrar lo cotidiano me salen alas.
Yo también divido palabras
trato de merecer otro sufragio
peregrino al signo de mi ansia
aunque las Arpías me persigan la voz.
Frente a la reminiscencia hundo mi talante
sería mis primeros padres el ciclo.
Amor-tajar puede ser el precio o la sentencia
si el costo fuese mi cabeza.
PARA EL SILENCIO
Voy a la oscuridad
a ensillar los cimientos de la soberbia
con el corazón delante de la sospecha
bajo otro signo en vuelo
del verde al amarillo.
Voy a la oscuridad
así vivo en el regreso
de no saber quién fui envejeciendo
con el rumor de las dudas
extraviadas por mis vísceras.
Voy a la oscuridad
a conciliar citas con las palabras.
Los versos son un don que me reservo
para el silencio.
