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¿Por qué La Habana no está en la esquina de mi casa? Cartas de Juana de Ibarbourou a  Mariblanca Sabas Alomá (III)

Zaida Capote Cruz, 10 de noviembre de 2011

Juana de IbarbourouEn 1956 le llegaría a Mariblanca la jubilación forzosa y el mandato de que no podría desempeñar cargo público alguno. Ya en 1952, luego de un suceso desgraciado con los hermanos de Mariblanca, Juana la consolaba con ingenuidad: “es casi seguro que el Presidente Batista no está enterado”. Por esas mismas fechas, sueña Juana con ver a Mariblanca de embajadora en Montevideo. Y luego, dándose cuenta de que su ignorancia de la situación política de Cuba podría herir a su amiga, retrocede:

Anoche, pensando en tu llegada, me decía a mí misma que el destino no quiso que te viese en el esplendor de tu rango de Embajadora, tan digna, tan nuestra como entonces, pero solo con el esplendor civil de tu presencia e íntimos valores. ¡Todo sea por Dios! ¡Ah, si el General Batista te mandara aquí de Embajadora! No podrías aceptarlo. Tú eres su amiga y la política no es un juego personal, sino nacional y universal. Hay que servir a la patria, y son sus gentes más valiosas las que tienen que hacerlo, sin que eso sea claudicar. Tú sabes, Mary, que por tradición familiar yo pertenezco al partido blanco y soy católica, apostólica y romana. El reverso absoluto del batllismo. Sin embargo, en las últimas elecciones voté con el batllismo, porque creía al pobre Mayo, el único hombre, de los candidatos en lucha, capaz de salvar al país en estos momentos cruciales. Yo sé que eres como hermana con el Dr. Prío, y cuánto él merece la lealtad de sus amigos. Pero aquí servirías a Cuba –tu Cubita bella, la de Martí, la de tus héroes-. Un sueño, el que pudieras venir de Embajadora. Pero a veces los sueños alcanzan las altas y poderosas voluntades. Perdóname si estoy equivocada. Jamás desearé sino lo que sea, para ti, digno y bueno.

Su relación con la política cubana, siempre de la mano de Mariblanca, era más bien superficial, como puede verse. De hecho, en ocasiones confunde lealtades o siente que debe retractarse, por desconocimiento y para no herir a su querida amiga, como en esta misiva de diciembre de 1934, en que se aventuraba a hacer un diagnóstico de la situación cubana y luego justificaba su exceso de entusiasmo:

Cuba tiene el mismo destino trágico de las mujeres hermosas y de las herederas millonarias. Debajo de todo el drama terrible y multiplicado que están Vds. viviendo, solapada y codiciosa, está, como en el Chaco, la garra yanki. ¿No lo creen así, Vds.? Esa política norteamericana, esa degeneración de la Doctrina Monroe (América para los Norte-Americanos), esas garras de tigre de la Enmienda Platt!
¡Oh, Marita, tu Juana politiqueando! Pero no, es sólo que me duele lo que le pasa a ese país tan querido para mí por ser el tuyo, por ser también el de un grupo de amigos que admiro y quiero.

Quién sabe si no sería precisamente Mariblanca Sabas Alomá, siempre activa en política, quien despertara la sensibilidad de Juana por este tipo de conflictos, pero lo que sí podría asegurarse a partir de la propia declaración de la poetisa uruguaya es que su interés por  el destino de Cuba proviene de la cercanía de tantos amigos cubanos, y en ese conjunto Mariblanca ocupaba, quién puede dudarlo luego de la lectura de estas cartas, un lugar primado.

No puede olvidarse tampoco el nombramiento de Juana, unos años después, como Delegado Cultural Interamericano de Cuba en el Uruguay ,título rimbombante concebido por Mariblanca para conseguirle un estipendio de 200 dólares mensuales y aliviarle sus perpetuos apuros económicos; un nombramiento sujeto a los avatares de la política nacional, siempre en peligro de ser suspendido por un cambio de gobierno. Al parecer, fue una gestión bastante difícil y Juana, que había estado percibiendo el salario correspondiente desde agosto de 1951 (y sospechaba que Mariblanca estaba extrayéndolo de sus propios ahorros), se muestra apenadísima en octubre del mismo año. Conmueve, todavía hoy, leer estas palabras:

Mary querida: no te comprometas por mí. Yo veo que es cosa muy difícil, casi imposible (no lo percibí al pedírtelo, tan alejada siempre de leyes, política y poderes) pero me está pesando terriblemente sobre todos mis sentimientos hacia ti y los más elementales, y los más sutiles, de la delicadeza. Tú y el Presidente están luchando y exponiéndose tal vez por un imposible. Recuerdo el cuento famoso de Madame de Beaumont “La Bella y la fiera” (¿Lo conoces?) (Una de las princesas le pidió al padre, que se iba de viaje, que le trajese una rosa. Lo hizo creyendo atenuar, así, la avaricia de las hermanas mayores que le encargaban joyas, pieles, encajes. Y en el desarrollo del bello cuento resultó la más exigente la humilde que pidió lo menos costoso y difícil: una rosa. Por ello sufrió mucho.) Algo distinto, esto; pero te doy mi palabra de honor que tuve la inconciencia de que le pedía a Cuba apenas una simple rosa ¿Qué torre, qué cosa de solución dificilísima ha sido en cambio?
Mary querida: deja esto, te lo pido con toda mi alma. Yo comprendo. Y agradezco y me golpeo el pecho, conciente recién de la enormidad.

 La brevedad del tiempo que percibió el salario como embajadora cultural de Cuba y la inseguridad inicial del otorgamiento han contribuido. seguramente, a que sea éste uno de los episodios menos conocidos de la vida de Juana de Ibarbourou. Como decíamos, su relación con Cuba es un territorio apenas explorado, y los documentos donde podrían encontrarse las pistas para definir más claramente la profundidad y alcance de esos lazos, permanecen olvidados y casi vírgenes en archivos de Cuba, Uruguay y Estados Unidos, entre otros países.

La correspondencia con Mariblanca, si bien incompleta y discontinua, es un manantial de información interesantísima para el estudio de esas relaciones; pero no solamente hablan sus cartas del costado cubano de su vida y sus afectos. Hay también información numerosa y sincera acerca del mundo cultural uruguayo del momento, de los inconvenientes de su salud (el insomnio, la recurrencia al Amystal, una droga con que solía aliviar su crónico insomnio), de los problemas matrimoniales de su hijo Julio César y hasta revelaciones íntimas. Todo esto contribuye a dibujar un paisaje apenas conocido, apenas intuido desde hoy, cuando comienzan a salir a la luz los terribles momentos pasados por Juana en la intimidad de la casa familiar. La adicción de su hijo al juego, los amores prohibidos, la dependencia de los medicamentos, son temas que han ido emergiendo en los últimos años; sin embargo, en estas cartas se haya una suerte de declaración, aunque bastante críptica, de una situación anómala, insoportable, que nadie podría sospechar en una revisión somera de la cronología de su vida. En efecto, 1953 aparece señalado como el año en que fuera proclamada Mujer de las Américas 1953 por la Unión de Mujeres Americanas, de Nueva York, recibiera la Orden de Eloy Alfaro, de Ecuador, y se publican por vez primera, en Losada, Azor, y por la Editorial Aguilar, la primera edición de  sus Obras completas, a cargo de Dora Isella Russell. Para quien revise la cronología preparada por Arbeleche para la edición en cinco volúmenes de las Obras publicadas con motivo del centenario de Juana, éste es uno de los mejores años de su vida; sin embargo, frente a las cartas se tiene la certeza de que la gloria pública no garantiza la felicidad íntima. La uruguaya se siente hermanada con Mariblanca no precisamente en el amor a la poesía, en la amistad, sino en el sufrimiento, y explica así la intolerable falta de noticias de su amiga querida:

Mary querida: creo que te pasa como a mí. Tú no puedes escribirme, porque no te sientes feliz, y, sabiendo que estoy en una ergástula, padeciendo Dios sabe cuánto, no quieres darme un dolor más, que siendo tuyo jamás sería superficial. Mi gallarda: yo estoy en la misma posición espiritual. ¿Contarte luchas, penas, derrotas? Deja que vuelva el sol y ya los comentaremos como anécdotas pasadas. Porque todo pasará, Mary, en esta rotación vertiginosa de las horas. Hoy nos toca lo sombrío. Confiemos en que la misericordia de Dios nos acorte la condena… puesto que somos condenadas de buena conducta.

La cercanía de estas dos mujeres, cada una popularísima en su ámbito, propició el encuentro de dos países que ya habían mantenido vínculos en el pasado —imposible eludir aquí la mención al consulado uruguayo que ostentara Martí en sus días neoyorkinos— pero, en el plano personal, donde no suelen penetrar las indagaciones políticas o literarias, también Mariblanca constituyó un sostén para Juana en medio de las tempestades por las que debía atravesar silenciosamente, casi en secreto. Luego de la segunda visita de Mariblanca a Uruguay, el encuentro se hace cada vez más necesario, cada vez más perentorios los pedidos de Juana, quien añora permanentemente la presencia, el consuelo de su hermana cubana, su refugio, su defensa ante la vida. No en balde la llama, en casi todas sus cartas, «Mi Gallarda”» como si de Mariblanca dependiera su bienestar, su sobrevivencia. La relación entre ellas asume, por momentos, el tono de un flirt —como solía decirse entonces— gustoso: Juana no sólo masculiniza un poco a Mariblanca llamándola así, sino que la piropea, por ejemplo, comparándola con figuras masculinas: «Estás muy bien, Embajadora […]. Más parecida que nunca al David de Miguel Ángel». Y su relación por momentos toma tintes levemente carnales: «Te beso las manos dedo a dedo”» Mariblanca, en cada carta, le hace llegar aliento, le da las fuerzas de que carece para enfrentar la vida dolorosa de su casa. En sus visitas, se encarga incluso de resolver contratiempos familiares, de sanar heridas: «Mary: Julito está más cariñoso conmigo. Obra tuya. Hoy se ha venido con una bandeja de pechuga de pavo y jamón dulce. Dulces cosas para mi corazón». Luego de la visita de 1951, en que Mariblanca le impuso la Orden Carlos Manuel de Céspedes, Juana escribe febrilmente, la sigue con cables y avisos, fotografías: a Río primero, a Lima después, y, finalmente, no pudiendo soportar por más tiempo la desazón de la falta de comunicación con su amiga, recurre a algunos fieles suyos para conseguir restablecerla:

Mary, acabo de pasarte un cable. Estoy intranquilísima sin noticias. Llegaron a La Habana el jueves de madrugada y hoy es Domingo al mediodía y nada sé de Vds. Me he levantado estos días, pero hoy ya no he podido hacerlo, sin fuerzas. Mary, mi hermana: ¿qué pasa? Gente amiga (Pancho Nicola Reyes y Carlos Mir) buscan en Cuba una buena radio de aficionados para que yo pueda hablarte. Me desespera, Mary. Si no contestas mi cable me dirigiré a Secretaría de la Presidencia por noticias tuyas. Parece mentira lo que depende de ti mi fortaleza. Hoy no valgo dos céntimos.

Otro tema sobre el que las cartas de Juana ofrecen información de interés, aunque no alcanzamos totalmente a establecer su relevancia por nuestro desconocimiento del contexto, es el referido al mundo cultural uruguayo. Opina sobre sus contemporáneas a raíz de la programada excursión a Cuba de un grupo representativo de escritoras uruguayas para los festejos de 1953; da cuenta de algunos malentendidos y conflictos de la Asociación Uruguaya de Escritores, como el controvertido asunto de las elecciones por la presidencia de la Asociación, en julio de 1951, que cito in extenso:

Aquí no hay novedades. Mañana estamos de elecciones para la nueva Directiva de la Asociación Uruguaya de Escritores y me voy definitivamente de la Presidencia, pues se ha trabajado mucho y bien, pero Paulina Medeiros (¿la recuerdas, muy fea, con el alma tan fea como la cara?) se ha cortado con lista propia, una semana antes de concluir el período legal, acusando estrepitosamente a la actual Directiva, que estaba estructurando el plan de una editorial, de hacerlo para su propio servicio. Como consiguieron un libro mío, con el Gobierno (el Ministro de Instrucción Blanco Acevedo) para editarlo y con su venta fundamentar, cimentar los fondos para el futuro y no se llamó a la Asamblea, ella, que es muy populachera, de cafés de barrios bajos, ha soliviantado a todos esos seudo escritores que sueñan con publicar libros y no tienen cómo. Piensa que mis libros no me pertenecen ya, que no saco nada para mí y que accedí a esa gestión para ayudarlos en la difícil empresa de conseguir los primeros fondos. Como acepté la Presidencia a condición de no concurrir  nunca a sesiones (consta en acta que di el nombre como punto de unión entre los escritores dispersos y peleados) ella en realidad no se ha vuelto contra mí directamente, sino en contra de la Directiva. Quería que encabezase las dos listas, pero yo elegí la de mis compañeros fieles y respetuosos de dos años. Está furiosa la fea mujer, y ha armado un escándalo enorme. Te mandaré nuestro boletín y el repartido que lanzó ella. Todo esto entristece, porque evidencia el mal barro de que está hecho el hombre. Ambiciones, envidias, luchas pequeñas y mezquinas. Nada bueno se puede construir así. Me da mucha pena estos trece compañeros, todos gentes de bien y de talento, que se tienen que enfrentar con una insultadora sin medida, pues como nada tiene ya que perder, ha adoptado una actitud descarada, plena de acusaciones falsas, que ha creado en la mesa de socios y en el pueblo un verdadero confucionismo [sic]. Mary: qué terrible es la ambición sin freno, el afán de publicidad a toda costa, el querer ser el personaje del momento, aunque después se derrumbe ella misma! Pero mientras tanto incomoda, “detiene una labor en marcha”, ofende.

Este episodio provocó aquella desesperanzada pregunta acerca del mundo literario cubano y, evidentemente, le hizo mucho daño a Juana. Aunque, como ella misma aclaraba,  no participaba en reuniones o asambleas, se estaba poniendo en entredicho la ejecutoria de aquellos con los cuales se sentía comprometida y, como de paso, se dudaba también de su propia honradez.

En la cronología antes aludida advertimos aun otra carencia: en 1958 no se consigna el acto de proclamación del Comité Nacional Pro-Candidatura de Juana de Ibarbourou al Premio Nobel de Literatura 1959, debidamente documentado en el Fondo Mariblanca Sabas Alomá, pues Juana tuvo la ocurrencia de escribirle a ésta —desde su retiro en Fraile Muerto— al dorso del plegable emitido para la ocasión. El acto, celebrado en el Estudio Auditorio del S.O.D.R.E., el viernes 12 de diciembre de 1958, a las 18:45 horas, contó con las intervenciones de Laura Cortinas, presidenta del Comité Nacional Pro Candidatura de Juana de Ibarbourou al Premio Nobel de Literatura 1959; el profesor José Pereira Rodríguez, en nombre de la Academia Nacional de Letras; el profesor Alberto Rusconi por el Instituto de Estudios Superiores y Héctor Silva Uranga, en nombre de la Asociación Uruguaya de Escritores. La clausura estuvo a cargo del Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social, profesor Clemente Ruggia, como representante del Consejo Nacional de Gobierno. Se interpretaron canciones con textos de Juana, quien dedica el plegable a Mariblanca: “Recuerdo de inmenso cariño para mi Gallarda. Su Juana”. La carta escrita al dorso, sin embargo, no da muchos detalles del acto, sino que se centra en la situación de Cuba y explica la estancia de Juana en Fraile Muerto a donde ha ido a recuperar su siempre en riesgo “salud de papier-maché”. Son escasas, de todos modos, las alusiones al mundo literario uruguayo, pero quién sabe si un lector más avezado, mejor conocedor del contexto, pueda conseguir datos de interés en la madeja de las cartas enviadas por Juana a Mariblanca.

En la decisiva visita de Mariblanca a Montevideo, en 1951, Juana de Ibarbourou la presentó del siguiente modo a la radioaudiencia uruguaya:

Hace treinta años, cuando empezó a ser mi amiga -¡oh, fiel Mari!- hacía versos como yo y periodismo como tantos.  Por su talento, por su valentía democrática, por su ágil inteligencia política y social, siempre al servicio de ideales definidamente limpios y superiores, fue ganando peldaños en esa inconmensurable Escala de Jacob, que es el éxito.
Unos nos quedamos en el verso, otros en el periodismo, y ella, con la hermosa cabeza erguida por sobre el grupo de sus amigos juveniles, ha llegado a esta plenitud victoriosa, que no la envanece ni desfigura, sino que la hace cada día más afinada, más humana, más Mariblanca.
Ha venido al Uruguay con su máxima condecoración cubana del prócer Carlos Manuel de Céspedes, con su investidura diplomática, con su prestigio de Ministro. Eso, para el mundo oficial. Pero lo íntimo suyo, lo permanente, soy y serán sus amigos y poetas. Antes de tomar el avión ya me escribía: “¡Juana, tu tierra!... ¡Juana, ver a Sabat Ercasty, a Silva Valdés, a Emilio Oribe, y a Alfredo Mario Ferreiro, y a Dora Isella Russell, y a Gastón Figueira!... Y ver a Laura Arce y a todos los uruguayos que yo quiero desde hace siglos, porque los quiero con la tierra cubana de que estoy hecha, y esa tierra los quiere a ustedes aún desde antes de José Martí, tal vez porque muchas palmeras de las costas de mi patria se enfloraron con polen de alguna, o quizá de una sola, de tu país, que nos trajo el viento del Atlántico hace un puñado de centenares de años!... Y así se hizo este milagro de nuestro cariño para ustedes. Está en nuestra sangre querer a tus paisanos, Juana, y yo estoy cumpliendo así un imperativo de toda Cuba!...”

Habría que agradecer a Juana esa cita pública de una carta privada, pues nos da el tono, el entusiasta cariño de Mariblanca por amigos comunes y compañeros de oficio. No cabe duda de que estas cartas incitan nuestra curiosidad y contribuyen a delinear no sólo la amistad entrañable y cercanísima que unió en vida a estas dos mujeres de Cuba y Uruguay, sino a perfilar el paisaje cultural, político, emocional y cotidiano de la época en la historia de nuestros países.

Las cartas de Juana a Mariblanca ofrecen un amplio espacio de indagación y algunas posibilidades de resolver interrogantes acerca de la vida de Juana, pero también de establecer datos ausentes en los más documentados acercamientos a su biografía y a su obra. Queda aún mucho trabajo por hacer, muchas preguntas que responder, pero hemos avanzado un tramo del camino en el conocimiento de estas dos mujeres, de este par de sombras ilustres de nuestras respectivas tradiciones, desnudas aquí, tantos años después, frente a nosotros, en sus sinceridades u ocultamientos, en sus anhelos y necesidades. Se impone realizar una edición de la correspondencia cruzada entre ambas e, idealmente, de todas las cartas dirigidas a Cuba por Juana de Ibarbourou, de cuya sinceridad al declararse “cubana neta en el exilio” nadie podría dudar luego de leer esta correspondencia.

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