Eladio Secades y sus estampas de la época
Eladio Manuel Secades Rodríguez fue un connotado periodista nacido en La Habana en 1904 y fallecido en Caracas en 1976. En 1920 se inició en el periódico La Lucha y allí comenzó su labor como cronista deportivo y ya en 1933 comenzó a trabajar en el diario El Mundo en esta misma labor. Luego dirigió en el Diario de La Marina la página deportiva y el suplemento de esta especialidad en la Revista Bohemia. En su labor de redactor y analista deportivo llegó a alcanzar prestigio internacional.
Pero toda esta encomiable labor parece haber pasado a un segundo plano desde que en 1940 comenzó a publicar sus Estampas de la Época en Alerta, Carteles, Zig-Zag y Bohemia, las cuales se mantuvieron hasta 1958 y, con ello, insufló nuevos bríos al costumbrismo, que ya parecía destinado a ser un objeto anacrónico. Secades reflejó en sus escritos costumbristas las modas y modos, las costumbres, virtudes y defectos de la población cubana durante esa etapa, con frecuentes referencias a comportamientos que ya no existían; unas veces con un toque de nostalgia y otras con un aire de satisfacción por la desaparición de algo que consideraba nocivo o cursi.
Su calidad de escritor fue reconocida con el prestigioso premio Justo de Lara por su artículo «Juzgados Correccionales», siendo presidente del jurado el intelectual cubano Jorge Mañach. De las Estampas de la Época se han hecho dos ediciones en Cuba (en 1958 y en el 2004) y varias en el extranjero.
Características de sus artículos
Los artículos costumbristas escritos por Secades se caracterizaban por tener unas 160 a 200 líneas, una extensión media apropiada para publicar en periódicos o revistas. Estaban organizados en sólo cuatro o seis párrafos largos, de frases usualmente cortas, lo que presuponía el excesivo uso del punto y seguido; como si quisiera darle al lector una pausa preparándolo para las siguientes consideraciones sobre el asunto. Pretendo, dar a continuación mi opinión sobre el uso que el maestro daba a esta estructura de su composición.
En cada artículo de Secades, las primeras líneas del primer párrafo solían estar destinadas a ir directamente al tema correspondiente al título; también los primeros renglones de los otros párrafos, salvo que en estos otros comenzaba escribiendo sobre una especificidad del asunto. A continuación de las primeras ideas, su discurso tomaba otro camino, pues abordaba conceptos concatenados por la línea invisible de la asociación de ideas. A manera de demostración, les transcribo los inicios de los cuatro párrafos de su artículo Los borrachos.
Un borracho suele ser un cuerdo que ha querido enloquecer un poco para divertirse. Los locos se divierten a expensas de los cuerdos que tienen que soportarlos. Cuando el amigo borracho nos invita a tomar y pedimos un refresco, acabamos de recibirnos de loquero (…)
Existe el borracho de la calle. La bufa ambulante. La que convierte al esposo que vuelve tarde en recuerdo de Chaplin (…)
Existe el tipo peligroso cuando se toma una copa. En el barrio lo respetan. Porque saben que echa cuando llega la hora (…)
Hay un borracho que es mortal. El que sabe beber. Todos los borrachos creen que son los otros los que no saben beber. El borracho correcto que siempre está preguntando si le ha faltado a alguien. Si en el café dice una mala palabra se vuelve para ver si hay alguna señora (...)
Temas abordados por Secades
Bajo títulos cortos, de dos o tres palabras —a lo sumo cuatro—, expone este autor el asunto. Pueden referirse a personajes con características, digamos, no variables, por tratarse de profesiones, oficios, o particularidades personales, tales como: La doctora, El barbero, El bodeguero español, o Los gordos. Puede ser también que esa, o esas personas hayan merecido tal calificativo por una actuación criticable, como en los casos de: El guapo, El inoportuno, Los picúos, El chusma o Las señoritas chucheras. En ocasiones los títulos de sus artículos responden a situaciones que se presentan en la vida: Visitas de cumplido, Las primerizas, Los entierros o Mudarse. Suelen responder, en otros casos, a la definición y análisis de determinadas acciones: La trompetilla, El piropo o El rascabucheo. O el ambiente y comportamiento del cubano en lugares específicos: Las casas de empeño, Las cafeterías o Los banquetes. Y en fin, a cualquier otro tema digno de «estamparse» Frases hechas, Ventas a plazos, La Televisión…
El humor de Secades en sus definiciones
Las enunciaciones de Eladio Secades y, más particularmente sus definiciones, remedan las greguerías, género breve creado por Ramón Gómez de la Serna, donde reina la brevedad y la trasgresión de la lógica usual para dar cabida al chiste y a la meditación. Veamos a continuación algunos ejemplos notorios del autor que nos ocupa.
El salón de espera del partero es la antesala de la vida.
Se llama taxímetro un aparato que suena como un reloj y cuesta como un hijo tonto.
La cara es el reflejo del hígado.
Los escarpines son un ensayo incompleto de las medias cortas.
El levantamiento de pesos es el curso específico para estudiar para mulo.
El short es el único procedimiento que se conoce para andar en calzoncillos entre señoras decentes.
A veces, nos ofrece varias definiciones sobre la misma cosa:
Los refranes son la latería del idioma. O la cultura prefabricada.
El rascabucheo es la pesca de lo ajeno sin anzuelo. Es un esbozo sin profundidades. Es el proyecto que no se define. La electricidad que no llega nunca a chispa.
O, en ocasiones, el procedimiento es a la inversa: una misma definición para varias cosas:
El rascabucheo, el ajedrez y el crucigrama son la estilización de la calma.
Cazador de modismos y dicharachos
Envueltos en celofán o en «papel crepé» dentro de sus párrafos-bloques, aparecen giros del habla popular cubana de la segunda década del siglo XX, algunos de ellos todavía vigentes. Al igual que José Zacarías Tallet cazó gazapos y Samuel Feijoo atrapó multitud de expresiones que se paseaban por los trillos, las guardarrayas y las tranqueras, Eladio Secades entrampilló «montón, pila, burujón, puñao»de expresiones de su época.
Tienen aquí los filólogos, los lingüistas, fuente para el estudio de nuestra habla popular, usada, en la esquina, en el solar, en el banquete y, asombrosamente, hasta en medios profesionales, que eso sí «le ronca el clarinete». Y es que Secades sabía que «no jeringues» es sinónimo de «no fastidies», «no embromes», «no chives» y en última instancia de «no jorobes». Y que «largar el paquete», es una forma despectiva para referirse al parto. «Llevarse a alguien de encuentro» es tropezar bruscamente con un sujeto, quizás algo menos trágico que «levárselo en la golilla» ,«Aplatanarse» es adaptarse un extranjero a nuestras costumbres. Si algo nos resulta “una lata” es porque nos parece molesto o fastidioso. Y si «chifla el mono»es porque «hace un fricandó que le traquetea», perdón, quise decir que hay un frío inaudito.
Frases o palabras inventadas
Secades inventó muchas frases, como es: «a lo peor» Solemos decir «a lo mejor» en el sentido de «quizá, tal vez», tanto para cuando lo que se espera es un resultado positivo, como negativo. Supongo que el escritor se preguntaría ¿Será apropiado decir: «A lo mejor lo coge un tren y lo hace chatarra»? Y de ahí le surgió seguramente eso de emplear «a lo peor».
Bien, mis queridos lectores, este artículo que escribí sobre Eladio Secades, «a lo mejor» les gustó. Pero «a lo peor»alguien estima que le faltó sazón a este guisado.
