Jueves de poesía, tarde que me arrastra a la infidelidad
Apreté el paso para no llegar tarde a la cita en la Casa del Alba. Era Jueves de poesía y me habían comentado que el invitado de Marilyn Bobes, tenía una fascinante lírica, que sus versos transmitían olor a campo, a rocío del amanecer.
Marilyn informó a los presentes que el convidado, Alpidio Alonso Grau, había merecido el premio Calendario 1999 por el cuaderno Ciudades del viento, y la mención en el XIV Premio La Gaceta de Cuba, por Bosque muerto. En tanto la anfitriona explicaba que una de las características de la obra de Alpidio era la comunicación, mi desespero por escuchar al poeta aumentó.
Apunté en la agenda los títulos de sus poemarios: La casa como un árbol (Sed de Belleza, 1995); Alucinaciones en el jardín de Ana (Capiro, 1995); El árbol en los ojos (Reina del Mar Editores, 1998) y Tardos soles que miro (Casa Editora Abril, 2007). Escuché a Marilyn decir «Roque Dalton»; también había compilado El tiempo está a favor de los pequeños. Versos cubanos para Roque Dalton (Editorial Letras Cubanas, 2008). El escritor ya había acaparado toda mi atención.
Al escuchar sus poemas, viajé por los paisajes que describía. La rima de su lírica me permitía visualizar lo que entregaba, sin pedir nada a cambio. Las historias, en imágenes campestres, me llevaron más allá de montañas, nubes y flores. Los detalles, centellas luminosas, no agobiaban a esta viajera. A mi lado estaban Martí, Samuel Feijóo y Eliseo Diego. Los sentía acompañarme en el paseo bucólico. De pronto miré al cielo, el techo de la sala había desaparecido. Alpidio se convertía en un dios que edificaba todo a su alrededor; estaba en los primeros días del mundo. El tiempo, implacable creación del poeta, también transcurría con la suave venia de la mágica de Alpidio. La vida, la literatura y el amor, temas de sus composiciones, se insertaban a la cotidianidad.
En décimas cantó también. Nada se repetía, a pesar de estar atado a un esquema formal. La sencillez y limpieza en la creación poética me recordaron los Versos sencillos y los Versos libres de nuestro Héroe Nacional; lineales, pero profundos.
Hubo una pausa, incluso dos. El trovador Erick Méndez acompañó con sus canciones esos espacios. La poesía y la música fluían del cantautor. A su buena voz le acompañaba una excelente pluma; conjugación bastante difícil de encontrar actualmente.
Regresó el poeta a encandilar al público. Cerró el encuentro con poemas de amor. Dejó al desnudo su intimidad. Una intimidad dulce, pero no empalagosa. La pérdida, la pérdida de la amada; dolor repetido constantemente como un llanto imparable. Un homenaje al “Cisne salvaje” de Luis Rogelio Nogueras. Alpidio alzando su voz ante el abandono. Y la ausencia de la amada del poeta, me hizo recordar mi propia ausencia. Había abandonado a mi esposo. Debía regresar a él; mas no le contaría que en Jueves de Poesía, le había sido infiel con la poesía.
