Poesía de… Nara Mansur Cao
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El imaginario femenino en la poesía de Nara Mansur Cao sostiene su escritura inteligente en textos donde realidad y reflexión se concentran en lenguaje tropológico.
Manualidades1 (Premio Nicolás Guillén 2011), registra, a través de la lírica de aliento feminista, la relación entrañable entre una madre y su hija; además, se dispone con plasticidad de imágenes que entreve un retrato familiar.
Ofrecemos algunos versos. En estos aflora la experiencia como juicio que domina el sentimiento y que se asienta en más de un sujeto de discurso filial.
Osmán Avilés
***
¿Qué vamos a comer hoy?
Carne un poco molida, un poco picada con el cuchillo
col no, que la abuela la repite,
puré y ensalada
de papa y atún, de lechuga, tomate y pepino.
Podemos ponerle un poco de trigo burgol fino
y casi hacemos un tabule
aunque sin hierbabuena ni aceite de oliva.
Pero podemos bajar al chino y comprar un poquito
de cada cosa
y así nos queda más rico el menú.
Ajo no, que la abuela lo repite.
Y pan árabe para los sandwichitos de queso,
incluso podemos mandarle un poco a abuelo Jorge
que es árabe y le gusta tanto, de verdad.
Remolacha no, que la abuela la repite.
Calabaza no, que a Emilia la afloja mucho.
Refresco instantáneo no, que mamá no quiere
químicos en la mesa.
(Para qué saborizar el agua –se pregunta–
para qué empolvar el agua, para qué colorear el agua).
Y de postre, flan hecho en la casa.
Todos hicimos algo para prepararlo.
Y nos ponemos de acuerdo en la sonrisa final:
flan sí, que nos encanta,
flan casero sí, que nos encanta.
Del ocio y del trabajo
Tengo que volver a la panadería
…suelten los perros hambrientos de mi mente ahora…
Escucho una máquina maquinola:
Una paloma loyola se apágo, se acábo, se cáyo.
Ese mundo de palabras llanas, le digo a Murrúngui
Púngui:
gato miau, pello guau, olla inflamada, oveva beeeeeee.
¿Qué le interesa a Emilia que haga mamá con su tiempo?
¿Por qué se pone Emilia majadera para comer,
para dormir la siesta?
¿Por qué se arremolina –arremolina su rebeldía–
contra las sábanas y saca el relleno del colchón
y los resortes?
¿Qué busca Emilia en las profundidades de su camita?
Camita
camita.
Y mientras, transcurre el tiempo en esa búsqueda que
cansa,
y mientras, mamá mira por un huequito que esté
todo bien
y la niña no haya encontrado un posible demonio
ahí abajo transfigurado: tachuelas, alcohol,
medicamentos.
Qué hace la mamá con su tiempo.
Qué le cuenta mamá a su tiempo
de espera y sigilo, de tristeza y angustia
por no ser más quien se era.
Por suerte para mamá, claro. Pero ¿qué hace mamá
entonces?
Ella merece tiempo para creer que quiere hacer algo.
Ay, los deberes inútiles
Ay, los útiles deberes
Remojar los cordones para que se alarguen,
colgar las tazas escurridas de una en una
como si flotaran de los colgalejos de aluminio
y las flores fueran parte de una enredadera de metal
que puede vivir en la cocina, desmadejada.
Lavar una y otra vez las mismas cosas
esperando que el ritual tenga algo de sacrificio necesario,
de belleza
o lo sacrificial tense la cuerda para saltar más arriba
con más alegría. Reírnos de nuestras rutinas bobas,
coser otra vez el pantalón en la entrepierna,
que la siesta nos doblegue de una vez por todas,
que la siesta nos haga olvidar un poco más.
Mamá y papá van juntos a todos lados
Tanta belleza me oprime como la espera que regresa
o la ropa de abuelo Cao toda de caqui mirándonos
almidonada, siempre un poco cortos, encogidos sus
pantalones.
Tanto acto por empezar siempre,
siempre tantos aplausos dispuestos.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… vamos todos.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco… vamos todos.
Di a dónde, mamá. A dónde se fue Pilar
y la niña a la que regaló sus zapatos.
A dónde no se fue Emilia, a dónde no te vas a ir.
Con antifaz y banderola triste el payaso te hace sonreír.
Con los pelos rizados y rubios como los de la oveja
del libro
vas a menear la cabezota de un lado a otro y oír a
abuelo Jorge
que me dice: «chivita, mi chivita, qué linda». Hace
muchos años.
Quizá pienses que mamá no se sabe defender
y quiere que papá la acompañe a todos lados:
a pagar los impuestos, a comprar tomates,
a cortarse el pelo
al teatro, al supermercado donde nos super roban
donde nos super miran con los super ojos si no nos
alcanzan
las sub monedas, los esclavos que allí trabajan.
Mamá, ¿qué es ser un trabajador del supermercado?
¿Por qué dices que son como unos esclavos de antes?
¿Por qué trabajan los días feriados?
¿Por qué dices que siempre un comerciante es
deshonesto?
Sin pelos en la lengua, sin dinero en la cartera
puedo pensar que mamá se defiende mejor,
puedo oír cómo chirrían sus dientes y muerde
el aire general (electric)
que a veces la atraganta pero casi siempre lo sopla
con más besos y alegres trompetillas
para mí, para mí.
Mamá y yo. Mamá y yo.
Hora de la merienda
Otra vez abuelo se muerde la lengua comiendo
mermelada de higo y queso crema.
Otra vez le saca brillo a los zapatos de Dinorah,
sus sandalias negras siempre un poco demasiado
sucias
por el polvo de Víbora Park. Pero a ella le da
un poco de pena. Talco, talco, pata, pata, Emilia.
Dulces que resbalan: higos, duraznos, banana, pera
y también la calabaza y el boniato.
Cuánto temblor seguido de rutina y sueño. Cuánta
hambre
y deseo de algo dulce. Cuánta aglomeración y ligereza.
Cuántas compotas y jugos. Cuántos platicos redondos
reunidos y cucharas y galleticas de plástico.
Que no brote una risa con prótesis y fatiga.
Comienza a saltar entonces la cuchara sin ton ni son.
Comienza a saltar Emilia en su butacón,
un cauce un miedo una caída, se asusta la mamá.
Río sin luna alúmbranos otra vez.
Agua demasiado caliente o demasiado fría. Plástico
que parece acero porque te pincha.
Verruga, lunar, roncha, mancha.
Emilia
se ha virado arriba la mermelada.
Abuelo grita de dolor.
En busca del árbol de navidad
Esta plantica que sembramos juntas
está hecha de hojas de eucalipto y flores de jacarandá.
Nace un niño, nace un árbol. Pero qué es nacer.
Llegan los algodones para arroparlos,
tiemblan las verdes ramas todavía muy nuevas
e inexpertas,
llora desconsoladamente el bebé recién nacido.
Nada lo calma, ni la teta de la madre, ni su dulce mirada
ni el terror de la madre que también nace junto a él.
Terrores, terrones de azúcar blanca, espolvoreados
sobre la espuma.
Las familias se acercan a celebrar y nada parece
confundirlas ahora,
hay un mensaje de amor escondido en el árbol
esperando adentro de sus regalos,
tan bellamente envueltos, con papeles, cintas y brillos.
Qué es nacer.
Para Jesús fue innovar.
«La doctrina que enseñó, introdujo una fuerza en la Historia
diferente de los cultos orientales y de la filosofía griega».
MEDARDO VITIER
Los dones ofrecidos, la ética desfigurada y el destino
agónico del amor.
Le hablaré de esto a Emilia mientras la amamanto
y la consuelo míseramente por su llegada al mundo.
¿Las ramas cortadas aceptarán su temprana muerte
a causa de nuestro festejo vanidoso?
¿Nos harán entender algo?
Y qué podrían hacer, si el bosque, el jardín maternal
les va quedando tan lejos
y ahora son todos ruidos nuevos, bocinas, chirridos,
golpes bajos.
Hay que abrazarse muy fuerte al hijo,
al padre, al espíritu santo y a la madre
todos los días.
Vivir en el corazón de una palabra
Hablar de poesía es una tentación, Emilia
Hablar de Emilia, es una tentación, poesía
o a lo mejor una necesidad.
De todas formas –confieso– para mí no hay tarea fácil
hoy día.
Cómo viene la lucidez, la ternura
a vincularse con la memoria y los sueños,
cómo Emilia, los sucesos, y comprometernos con algo.
Emilia, debo este poema, para que tome forma
sin explicarte demasiado…
Ah, lo vano.
Ah, la vanidad de la mamá que desea decirte algo
importante
como si no hubiera entendido que tú
te enteras de todo lo poético a tu alrededor.
Sabes estar sola, tú,
con tu propia cabeza y adentro lo que mamá no sabe
no ve, no huele, no toca, no oye.
Pero estoy a tu lado, mirando lo que tú miras
y te pongo el mismo perfume
y me imagino alguna probable coincidencia futura,
alguna tentación común y necesaria.
«Me avergüenza verme cubierto de
pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin darme
cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a cualquiera
o aburrir de golpe.
[…]
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra,
compartir este calor, esta fatalidad que
quieta no sirve y se corrompe».
PACO URONDO: «La pura verdad»
Para bailar
No, no hay que llorar, que la vida es un carnaval
y es más bello vivir cantando,
y las penas se van cantando.
Mamá debe dejar de llorar,
dejar su energía ultrautópica detrás,
aceptar esta zona tibia donde vivimos,
confiar más en papá,
dejarme dormir y no irme a ver cada dos por tres.
Mamá no debe meterse en la cuna conmigo para saber
si yo respiro, si Emilia está vivita y coleando.
Es que viste a una actriz hacer eso y te dan ganas
de actuar aquí en la casa.
Porque mamá es una actriz de su casa,
le gusta hacernos reír entre otras cosas.
Tampoco debe preocuparse tanto porque a papá
le preocupe que se le caiga el pelo,
debe dejarlo un poco así, mirándose
en el espejo del ascensor de vez en cuando.
Como se deja a ella misma mirarse
las nalgas en el ascensor, a ver si algo ha cambiado
para bien o para mal o para igual.
¿Seguirán siendo dos?
¿Seguirán estando ahí las nalgas de mamá?
¿Será que de verdad se acabó una idea de política
para todos?
¿Se acabó toda política posible?
Y el modo en que circula el dinero, mamá,
cómo se gana, para qué sirve, contra qué se cambia.
Seguimos con problemas en el transporte
público
Mi mamá no me ha escrito más
desde que me contó que le robaron la cadena de oro
en el P5.
Era un recuerdo de su mamá.
Una madre de oro, una abuela de oro.
Un recuerdo o un olvido, nunca se sabe bien. Porque
recuerda
más y más a su mamá después del halón brusco,
de la largada. Adiós a las pepitas de oro entonces.
Su propia madre, su propio recuerdo haciéndose
más grande cada vez
con la acción del ratero,
del mal olor del ómnibus en pleno mediodía.
A pleno sol, que te arranquen la cadena del cuello
que te regaló tu mamá
cuando cumpliste quince años
te hace pensar en el dolor, en las desapariciones.
Seguramente no lloró ni dijo una mala palabra,
puede que haya bajado la cabeza y cabeceado de aquí
para allá
como una vaca joven que huele el perfume y la
humedad del pasto.
Puede que algo le cayera mal después,
que no haya querido ver nada, oír nada, sentir nada.
Que cuando me escribió la carta estuviera llorando
por el recuerdo de mi abuela, de mi ausencia,
por no estar ella ahora con Emilia.
Quizá lloró porque piensa que cualquier día alguien
me corta el cuello
porque sí, de repente, como un rayo demencial.
Mi mamá se pone a pensar en los recuerdos que ya
no tiene
y que por eso recuerda más,
en las personas que no están o las que escriben poco.
El dolor en este caso, ¿es un recuerdo también?
Sangre de mi sangre
Si alguien te dice, Emilia, que estas páginas se
parecen a otras
diles que sí que sí que sí que sí que sí que sí
seguramente mamá hizo copy paste, hizo café, te gritó
con palabras de otros
con la cabeza de otros
con lo que otros tienen en la cabeza
diles que Cuba sí yanquis no, diles eso también.
Es que te amo demasiado, no sé si todo lo que ambas
necesitamos
como saber cuánto se quiere y cómo hablar de eso.
Y los sueños monstruosos, las pesadillas cómo se
cuentan cómo se olvidan.
Y los zapatos, ¿podremos guardarlos en un cristal,
cuidarlos
hasta que lleguen las mariposas de lunares amarillos?
Si alguien pica en la frente a mi niña que sea la bárbara
abeja,
con un solo aguijonazo
le enseñará la sordidez natural que no es tan grave
porque la propia naturaleza la creó.
Como al vino y al vinagre
como a la grasa y la cebolla,
esas lágrimas naturales que no te asusten
ni el olor en la boca, ni el beso de un hombre o una
mujer que fuma.
Que todo eso te toque y te conmueva,
que la vida te levante y te espante
al mismo tiempo.
Te veo y te olvido, te beso, te toco, te huelo, te sueño
y si duermes la siesta por más de dos horas ya te extraño
y te necesito.
También eso me espanta.
Qué débil se hace la carne de la madre y del padre,
cómo cuidar de ti en ese estado.
Es que la madre tiene miedo y la niña no. La niña
no siente tanto frío tampoco.
¿Tendrá mamá que usar yelmo y armadura, chupete,
guantes y azabache?
Si alguien te dice que mamá se chupa el dedo, que
exageró acerca de tu belleza, que envejeció de pronto,
que se puso flaca, que la vieron volando en una escoba
por la casita de la calle Paula, ríete Emilia, ríete de lo
lindo, que mamá va a estar haciendo lo mismo. Mamá
va a jugar, a gozar de tal suerte como nunca antes.
Mamá nunca hizo algo así antes ni lo soñó.
«Hijo:
Espantado de todo me refugio en ti.
Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida
futura, en la utilidad de la virtud, y en ti.
Si alguien te dice que estas páginas se parecen a otras
páginas, diles que te amo demasiado para profanarte
así. Tal como aquí te pinto, tal te han visto mis ojos.
Con esos arreos de gala te me has aparecido. Cuando
he cesado de verte en una forma, he cesado de pintarte.
Esos riachuelos han pasado por mi corazón.
¡Lleguen al tuyo!».
JOSÉ MARTÍ: Prólogo a Ismaelillo
***
Nara Mansur Cao (La Habana, 1969). Poeta y dramaturga. Su primer poemario, Mañana es cuando estoy despierta, fue publicado en 2000 por la Editorial Letras Cubanas; luego, en 2004 editó Un ejercicio al aire libre por la misma casa editora. Su libro sobre dramaturgia Desdramatizándome. Cuatro poemas para el teatro fue publicado por Ediciones Alarcos, en 2009. Artículos de crítica teatral le han sido publicados en diversas revistas especializadas de América Latina y Europa.
1 Nara Mansur Cao: Manualidades, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2011.
