Miguel Barnet ofrece lectura poética memorable
A pesar de prometerlo desde el comienzo, quizás nadie creyó en serio que el escritor y etnólogo Miguel Barnet leería los treinta poemas cuyos nombres traía anotados por orden de lectura en un papel. Pero se notaba: tenía ganas de leer. Y muchas. Y al final lo complacieron más, tuvo que romper la cifra exacta porque el público pidió otros cuatro que leyó sin hacerse rogar.
El recital tuvo lugar en la tertulia Amor de ciudad grande, conducida por el poeta y director de la revista Amnios Alpidio Alonso Grau, y en los cincuenta y siete minutos que duró, el Premio Nacional de Literatura declamó poemas que abarcaron más de cuatro décadas de ejercicio creativo, la mayoría incluidos en la antología Itinerario inconcluso.
Durante el diálogo que sostuvo con el público, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba confesó no haber usado nunca la computadora para escribir, ni siquiera sus poemas, y reveló que los manuscritos de sus novelas se encuentran en los archivos del Fondo de Cultura Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí.
El también presidente de la Fundación Fernando Ortiz dijo no tener método alguno: «escribo cuando tengo la necesidad imperiosa de hacerlo, a cualquier hora, siempre que pueda», y admitió no saber qué era la inspiración porque siempre estaba inspirado, con deseos de escribir, «lo que a veces no tengo el tiempo», lamentó.
Cuando le preguntaron qué pensaba de la poesía escrita por los jóvenes sacó a relucir unos versos de Marti y pidió que no lo pusieran en lo oscuro a morir como un traidor, pero aún así arriesgó respuestas.
En ese sentido señaló la falta de fuerza y encantamiento a favor de las concepciones conceptuales y filosóficas, así como la preocupación de poner títulos y exergos en inglés sin conocer correctamente el idioma ni haber leído en su lengua original a los poetas que citan.
Agregó estar por encima de las modas y gustarle la «poesía viril, sólida, que me toque, me deje mensajes, en fin, que me llegue», y adelantó estar enfrascado en un proyecto casi concluido, el libro de cuentos «En el muro del malecón».
