Antonio Maceo, radiantes la seña y la memoria
Entre las acciones que han tenido en cuenta la comisión José Antonio Aponte de la Uneac y el Instituto Cubano del Libro para homenajear al Titán de Bronce en el 115 aniversario de su caída en combate, una de las más significativas resulta sin dudas la presentación por estos días, en la sala Villena de la casona de 17 y H, en el Vedado, del título Antonio Maceo, análisis caracterológico, del historiador, pedagogo, periodista y abogado Leonardo Griñán Peralta.
La entrega, aparecida por primera vez hace ya 75 años, ahora ve la luz con el sello editorial Oriente para proponer en esta ocasión una nueva lectura que desempolvará, a los que ya la conocen, los diversos perfiles del más grande los Maceo tratados con total responsabilidad científica y metodológica por su autor y entregará a los más jóvenes en unas 240 páginas la digna figura cubana desglosada en sus más peculiares rasgos y en sus relaciones con otras personalidades, seguido de una cronología que repasa su gloriosa existencia.
Introducido por Raúl Roa Kourí, el texto en cuestión está precedido por un prólogo de la doctora Olga Portuondo Zúñiga, donde caracteriza al autor e indaga en las cuestiones que hicieron posible que emprendiera, el también historiador de Santiago de Cuba hacia 1945, la investigación caracterológica; y posee también otro proemio del propio Griñán Peralta en el que este explica brevemente la concepción del trabajo.
“En el libro que presentamos —apuntó Roa Kourí— Griñán trata ‘principalmente de la sensibilidad y la voluntad de Antonio Maceo y no de sus aptitudes intelectuales’—según aclara— por carecer de la información necesaria. Para fundamentar sus conclusiones creyó conveniente ilustrarlas con pensamientos y breves relatos de acontecimientos de su vida, urgido tan solo por el deseo de averiguar cómo fue, y no que fue (ni qué quiso ser, ni qué debió ser, ni qué pudo ser, ni qué podría ser ahora) Antonio Maceo”.
“Griñán, en efecto, recoge momentos claves en la existencia del General Antonio: su decisión de no acatar el Pacto del Zanjón y su repulsa viril en Baraguá, que tornó el fin de la Guerra Grande en una tregua; su lealtad ejemplar y admiración por Máximo Gómez, no obstante algunos desencuentros motivados por incomprensiones del “Viejo”, como en privado le llamaba; su rotunda negativa a dejar la lucha independentista, como demuestran su adhesión a la llamada Guerra Chiquita, a pesar de haber sido soslayado por Calixto García (tal vez aconsejado por algún elemento racista) y su no vacilación en sumarse a la expedición encomendada a Flor Crombet por José Martí, quien antes le había pedido a Maceo encabezarla, actitud que revela, además, que para el Titán de Bronce la Patria era lo primero”.
Las palabras finales de su presentador estuvieron abocadas a la indiscutible actualidad que sigue teniendo el pensamiento del prócer, al ejemplo del General Antonio que puede y debe ser usado como nítido patrón en la edificación de la sociedad que hoy habitamos.
