El titubeo incisivo o el regodear de lo(s) sentido(s).
A partir de Caridad Atencio
I
Me sucede algo notable y común relacionado con el cambio de los ambientes, con la repentina, ¿adaptación?, a ambientes que no pueden incluirse uno dentro del otro, que son antemurales, confrontación, negaciones de un estado y otro. Como el ejercicio intelectual cuesta una doble cuota pero a la vez tienta, es inevitable naturaleza, vamos por él. Acaso se digiere todo en un lugar ajeno a la escaramuza del bloqueo. Algo que viene de fuera. No el libro que es de adentro. La sintaxis bien se impone. La construcción es dura y transparente, como de plexiglás. —Me gusta. Me gusta C. A.—. Su ritmo se introduce y gana. Su visión, en cambio, es suave. La veo entretejida, subiendo hasta un punto en el lomo (donde se depositan los mayores pesos). En cuanto a los ambientes, dentro de una incipiente teoría de la percepción, pueden definirse como colindantes. Pasar de un ambiente a otro, a veces solo requiere disposición.
II
Si entro a un libro entro a las extensiones. El concepto se abre por sí mismo. Entenderlo es materializar el cuerpo del otro dentro del cuerpo que se es. Como un botón que irradia su forma y su sentido. Es el ambiente de C.A. un todo que, percibo, va sedimentando, creando base.
El libro tiene alma y contenes por donde fluye lo que está y lo que es. El libro es un cosmos que se asimila en mí. Es inevitable que le construya o de otro modo no se asimilaría. Por ahora el diálogo entre la voz y el eco. Elongaciones. Entrar a zonas iluminadas por la razón. Patrimonio de una vida, arribos. Desde el margen brumado palpita el nervio que aviva diente y acechador. Cena exorbitante el Libro como fin entre la expectativa y la acertada catasión. Por ahora —propone C.A.— atisbar.
III
Una connotación de la lectura: desplazamientos por ciertas zonas de búsqueda o ciertas zonas de encuentro. Esto a propósito de C.A. e Ismael. A propósito de mí. Por lo demás, puntos donde el conflicto hace nacer un hijo. Algo así como la cópula de la mente (Aquí una idea que se redondea o se literaturiza). En cuanto a la validez del estilo cambiante, sea. (Lo dicho tal y como Ismael y yo coincidimos: «Desafíos, interrogaciones y polémicas que suscita hoy la poesía», La Letra del Escriba, No 97, junio, 2011).
IV
Uno experimenta un desajuste, una inconformidad y un éxtasis
con el mundo. De este forcejeo nace la poesía?
CARIDAD ATENCIO
Hemos entrado al territorio del móvil. Terreno extenso. ¿Si dijéramos sí a esta interrogante, pecaríamos acaso de absolutos? ¿Si dijéramos no, acaso excluiríamos? Como la poesía es el constante regurgitar del individuo, ya desde una óptica de masa, ya desde una óptica cualquiera, todo móvil es válido. Pero confrontar al mundo, depositar una emanación desde el sustrato, es siempre una ganancia para la Poesía. El múltiple-mundo. Con una interacción atroz. Acaso continentes o contenidos, conformadores y conformados. Lo que sí veo es que el poeta devela zonas inaccesibles de este mundo para la percepción común. Entiendo que por esta razón sus entregas son, en ocasiones, raras entregas. Nada que ver con el estado delirante de las Pitonisas. Mucho que ver con el desasosiego del que avista desde una percepción que en otro momento hemos llamado insólita. Algo así como una hiperestesia que nos pone de continuo en relación con zonas no tan recurrentes de la realidad. La pregunta de C.A. es cardinal en ella, se salta los contenes de El libro de los sentidos para ubicarnos en una cuestión ontológica quizá. Casi toda la obra poética de C.A. está signada por indagaciones en torno al móvil y la calidad poética —¿calidad de vida?—. Esta última pregunta, dadas las extensiones o direcciones en que nos guía el libro.
Sé que estas notas no son conclusivas, pues este libro invita a ser leído con asiduidad, pero aquí las entrego como agradecimiento y prueba de comunión con la amiga.
