El arte del homo erótico
En la nota de contracubierta que escribí para el libro Variaciones al arte de la fuga, de Francisco López Sacha, publicado por Ediciones Unión, afirmo que con este libro de cuentos el autor ha conseguido una de las piezas más seductoras de una corriente que podríamos llamar el erotismo filosófico, presente en la literatura cubana y universal, entre cuyas cimas pudiéramos situar al Marqués de Sade, George Bataille o José Lezama Lima.
No son pocos los escritores y escritoras que en las últimas dos décadas han abordado los asuntos de la sexualidad desde una perspectiva osada —en ocasiones, hasta soez— y han contribuido en los mejores casos a otorgar al homo erótico una dignidad más allá de los tabúes y pacaterías que a lo largo de los siglos han acompañado estos temas.
Pero el caso de Sacha es, desde mi punto de vista, una de las más serias exploraciones de los asuntos del cuerpo, por la profundidad y la elegancia con que ha sabido tocar todas las espinosas aristas de la conducta humana, apoyado en la elegancia de su lenguaje y en una cultura sólida que no esquiva, sin embargo, la experiencia vital ni el contexto en el que transcurren sus historias.
No se trata —como ya dije en otra parte— de la exposición descarnada del universo del sexo, sino de un arduo trabajo con las palabras, enraizado en los propios orígenes de la existencia, que han dado como resultado un volumen atrevido y a la vez cultísimo, pues cada historia es, en sí misma, una muestra de rigor y destreza narrativa.
En lo personal prefiero dos textos muy diferentes uno del otro y que son el testimonio de una madurez y un saber hacer dignos de la mayor atención. Se trata de “Cuerpos Infieles” y “El límite de Planck”.
El primero trata de las fantasías sexuales que se convierten en realidad mediante un complicado proceso de desdoblamientos, el cual tiene mucho de rito y representación teatral, mientras el segundo juega con la autobiografía para entregar al lector un poético y hermosísimo documento, donde se implican las emociones sin excesos sensibleros ni cursilerías castradoras.
También no destacaría esa joya del buen narrar que es “Un día de Alí Khan”: oficio e imaginación se conjugan en inolvidable relato, cuyo final sorpresivo y demoledor nos golpea y nos hace reflexionar sobre los cánones tradicionales de la masculinidad.
En general, se trata de un libro muy bien estructurado, sin esas altas y bajas en las que algunos textos devoran al resto. Este libro de López Sacha quizás sea lo mejor que haya escrito este narrador, quien ya tiene un puesto bien ganado en el panorama de la ficción de nuestra Isla desde la década del 80.
Variaciones al arte de la fuga posee el encanto del equilibrio y el placer de la armonía. Su unidad temática en torno al homo erótico puede escandalizar un poco por las escabrosas formas de relación entre los cuerpos que establece la narración, pero nunca podrá ser valorado como una burda provocación, porque, desde la primera hasta la última página, nadie podrá negarle su excelente calidad literaria.
