Las cucarachas más encantadoras del mundo
Una vez más, la Editorial Oriente nos ofrece la oportunidad de comentar un libro, un representante genuino de esa mezcla de imaginación y audacia propuesta desde el nombre mismo de la colección Ala y Espuela. Cucarachas al borde de un ataque de nervios (2010) es el sugerente título de este volumen de Eldys Baratute Benavides —joven escritor guantanamero, ganador de los premios Calendario (2005), La Rosa Blanca (2007) y Orígenes (2008)—, quien aprovecha la alusión al conocido filme de Almodóvar, quizás para atraer también a los adultos, en cuyas manos generalmente queda la selección de las lecturas de los infantes.
La personificación de tan repugnantes insectos no es nueva en la historia del arte literario. ¡Quién no recuerda al kafkiano Samsa, convertido (literalmente) de la noche a la mañana en un insecto gigante, imposibilitado de operar con facultades humanas debido a la alienación de que es objeto! Sin embargo, ahora no estamos en presencia de una transformación; el asunto apenas se toma como referencia tangencial. Diríase que el autor pretende un mirar humano hacia nosotros mismos, pero desde afuera y, quizás, desde arriba, justo como lo hacen los científicos, a través de sus microscopios, o los chiquillos, cuando persiguen rastros de hormigas y vigilan, curiosos, sus más insignificantes movimientos. La excusa del observador permite anotar, cual en una investigación, cada momento de la narración. Tal es la intención perseguida y cumplida por Eldys, quien logra transmitir su emotivo y humanista mensaje desde una óptica de novedad y sorpresa, como si no estuviese reflejando miméticamente nuestro propio mundo en las acciones de los bichejos.
Esta suerte de extrañamiento hace potable y, digamos, permisible el tratamiento de temas tradicionalmente escabrosos de hablar con los más chicos, como la bisexualidad (“Yacqeline vs. Yaco”), la homosexualidad (“Amor sin espejuelos oscuros”), la importancia del espacio privado en la vida (“Los chismes de Manolo”) y la intimidad como zona de imaginación, fantasía y crecimiento espiritual (“¿La historia verdadera?”). Pero el lenguaje empleado no es, para nada, afectado ni científico; remeda conversaciones de barrio, giros contemporáneos y jerga escolar, adolescente o juvenil. En este aspecto, el sabichoso escritor busca astutamente la identificación. Curiosamente, en este divertido contraste, logra un equilibrio perfecto para una recepción eficaz del texto.
Zeila Robert Lora es la editora, el diseño es de Sergio Rodríguez Caballero y la composición digitalizada fue realizada por Virginia Pacheco Lien. Es interesante resaltar estos acápites porque el contenido verbal en ocasiones se mezcla con las figuras de las ilustraciones, en forma serpenteante o como parte de la propia composición pictórica. Sobran ingenio y gracia en el diseño de estas simpáticas y diversas cucarachas que, bajo sus antenas, visten de vivos colores, con sombreros, pañuelos, fajas y espejuelos; manejan libros, teléfonos, bastones, termómetros y escobas con sus seis extremidades reglamentarias; y, desde las páginas, nos observan con sus rostros expresivos y atentos. El trazo seguro y los matices intensos contribuyen a animar aún más la entretenida lectura.
