La mitad vacía
La ciencia ficción, opinamos muchos, se queda corta con frecuencia ante los avances que, en el mundo real, tenemos la oportunidad de percibir, gracias al desarrollo de las capacidades humanas en todos los ámbitos. La acumulación de potencialidades, por supuesto, conlleva tanto oportunidades como riesgos, y es racional que se mantenga un saludable equilibrio entre ellos.
No se cae necesariamente en un romanticismo extemporáneo, si se desea que la capacidad de incrementar la riqueza material y espiritual que potencian las modernas industrias biotecnológicas, cibernéticas, de la química, etc., se enfoque con un sentido de moderación razonable, que integre la protección al medio ambiente, la sostenibilidad social de todas las personas, etc. Las mentes más lúcidas tienen la capacidad –y la responsabilidad– de ocuparse armónicamente del desarrollo en ambos sentidos, que a la larga no pueden sino integrar una sola unidad. Es posible que al preguntarse ¿Hacia dónde va la tecnología?, los autores José Ricardo Díaz Caballero y Sandra Isaac Borrero hayan tenido en mente algo similar, aunque la concreción del objetivo haya quedado en un espacio más que cuestionable.
Tal vez un ajuste en el título del libro hubiera permitido al lector ser más conservador con sus expectativas, así como atraer a los interesados en los aspectos más densos de teoría de la ciencia y de su filosofía. Lo cierto es que cuando –incitados por el sugestivo diseño de portada– se entra a buscar análisis y exposiciones de los últimos gritos de la modernidad, ya sea sobre realidad virtual, manipulaciones genéticas, los grupos aeroespaciales, hasta los dispositivos personales de ocio, se encuentra una buena cantidad de páginas que, digamos, podrán ser provechosas más bien para personas que estén a la caza de disquisiciones teóricas y de conceptos más analíticos para su análisis entre sobrios académicos. Con cierto trabajo se llega entonces hasta los apartados donde ya los autores se extienden sobre lo que consideran más significativo entre los impactos de la tecnología, y se halla aquí un abordaje excesivamente unilateral, que apenas puede reconocer en líneas sueltas algunas ventajas de haber salido de la Edad de las Cavernas, sepultadas entre diatribas y más diatribas contra lo mucho de malo que tienen la Internet, la rueda y el motor.
Tal vez parezca que estoy exagerando, pero en este volumen de la editorial Científico Técnica, Díaz Caballero e Isaac Borrero se cuestionan literalmente si existe “progreso” en la sociedad, y para mi modesto entender, no se apoyan en evidencia o fuentes lo suficientemente sólidas como para echar por tierra las ventajas de contar con la penicilina, el teléfono o la electricidad. ¿Que no están bien repartidas, o que su avance no ha respondido a criterios de preocupación humanitaria, sino más bien de lucro e incluso dominio geopolítico? Esto es totalmente cierto, pero hasta donde sabemos, en la historia de la Humanidad tal ha sido la triste regla y nuestro mundo moderno no pertenece a sus contadas excepciones.
Por momentos parece que estos profesores universitarios se asustan porque una gran parte del funcionamiento de la sociedad se traslade a nuevos soportes, en los que parecen encontrar alguna imperfección intrínseca, como podría ser la conformación de actividades económicas, educativas, sociales y políticas sobre espacios virtuales. La llamada Inteligencia Artificial, sin molestarse en considerar los beneficios de tal tecnología, les provoca un recelo de altura tal vez por la carencia de subjetividad y emociones en tales entelequias, que por cierto no fueron creadas para encarnar tales cualidades. En otro momento confunde una evocación al pensamiento del científico francés Renato Descartes quien, como es sabido, desarrolló en el siglo XVII una filosofía marcadamente idealista y poco probable de corresponderse con las realidades de la sociedad contemporánea globalizada.
La afirmación de lo que llaman “el auténtico avance humano” se desarrolla hoy mucho más lento que antes, es una de las muchas tesis sin fundamento que se pueden encontrar en las páginas de esta obra. Ante tantas críticas del espíritu militarista del momento, uno no puede menos que preguntarse para qué Da Vinci, Galileo y otros, desarrollaron la balística desde los tiempos del Renacimiento, y preguntarse asimismo porqué los autores encuentran mucho menos humanismo en esta época que en aquella otra en la que transcurrieron los episodios del genocidio provocado para la conquista de América, la trata negrera y los procesos de la Inquisición.
Aunque cabe concordar con las preocupaciones de la relación entre la humanidad y la naturaleza que promueven los autores, la lectura de una obra que levanta tanta suspicacia resulta poco memorable. Con un mínimo de información, hay que reconocer que la mortalidad infantil y la esperanza de vida han mejorado prácticamente en todo el mundo, si bien no de manera homogénea; que crece y se fortalece un gran movimiento mundial de preocupación –antes inexistente– por las realidades ecológicas en estrecha relación con los aspectos de calidad de vida de los pueblos, y uno termina lamentando que los autores de ¿Hacia dónde …?, parezcan encontrar, como única respuesta a su pregunta, la mitad más requetevacía del famoso vaso de agua.
