Ecuador en versos
La Casa de la Poesía abrió sus puertas a la Semana Cultural Ecuador en Cuba, que viene desarrollándose en La Habana desde el pasado miércoles, con actividades que van desde la proyección de películas de ese país, conferencias sobre figuras destacadas del arte ecuatoriano, conciertos y recitales de poesía.
Fue precisamente esta última manifestación la que, junto a la presentación de un performance danzario a cargo del poeta y dramaturgo Juan Carlos Miranda, hizo acto de presencia en la Casa de la Poesía. Para ello contó con la complicidad del Sr. Esneider Gómez, agregado cultural de la Embajada de Ecuador en Cuba; Jesús David Curbelo, director del Centro Cultural Dulce María Loynaz, y los poetas Roberto Manzano, Daniel Díaz Mantilla y Zurelys López, entre otros.
Tras la ejecución performática, que concluyó con un gesto preñado de sentidos, cuando el artista travestido se las ingenió para entregar el ramo de flores que acunaba en la parte final del happening al agregado cultural de su país, la poetisa Teresa Fornaris pasó a presentar a las escritoras Marialuz Albuja, Siomara España y Aleyda Quevedo, quienes se encargarían de fecundar con versos ecuatorianos la tarde y el espacio de la Casa de la Poesía. Las tres están incluidas en el libro De la ligereza o velocidad que también es perfume, que acompaña por estos días las actividades de la Semana Cultural, y fue regalado a los asistentes.
Editado por el Ministerio de Cultura del Ecuador, el volumen (de excelente hechura) cuenta además con textos de los poetas Javier Ceballos y Juan Secaira, y prólogo del cubano Edel Morales, donde este último define el corpus poético integrado por estos seis autores como «una poesía escrita con intelecto y sentimiento, que comunica bien su circunstancia y la trasciende, (…) que apuesta por renovarse radicalmente en su comercio con otras literaturas al mismo tiempo que es continuadora de una tradición donde el reflejo de lo propio tiene un alto peso específico».
Mariluz Albuja nos acercó poemas de sus libros Paisaje de sal y La pendiente imposible, en los cuales se destaca el interés por ahondar en aristas y conflictos de la femineidad pero también, en un sentido más amplio, del ser humano abocado a la indagación (al emplazamiento) de dimensiones ontológicas. No por gusto ella define su arte poética con las palabras «ser siempre búsqueda», y cierto aliento minimalista en su obra, lejos de objetar esa intención, la resume y expone, fortaleciéndola.
Por su parte, Siomara España leyó textos de su Alivio demente, publicado en 2008. Se trasluce en ellos una voz recia, una personalidad poética bien asentada en el anhelo de establecer redefiniciones viscerales del lenguaje, la cultura, la existencia, porque España no elude el discurso franco, frontal, mordiente casi, a la vez que deja desprenderse de sus versos una calidez que convoca a hacer nuestras sus palabras.
La también narradora forma parte del colectivo artístico-cultural Buceta de Papel, que ya ha tenido presencia en Cuba durante las jornadas de la pasada Feria del libro mediante la presentación de la revista El quirófano.
Llegó luego el turno a Aleyda Quevedo. La otra, la misma de Dios es su último libro publicado, y ya desde el título se marca en la autora un interés por la interpelación a una deidad como estrategia para la definición de sí misma: la voz poética, el ser poético se entiende y se construye a sí mismo mediante ese diálogo, que asume determinadas formas arquetípicas de la tradición cristiana pero trasciende esta, pues las preguntas que lanza (las intensidades que alientan tales preguntas) quiebran las fronteras de cualquier religión: la última poesía de Aleyda Quevedo se alimenta de esa autoafirmación que nace en el gesto transgresor de hablarle a Dios con palabras que (nos han dicho) él no quiere oír. Con palabras sexuales, por ejemplo.
La autora de La otra, la misma... se estaría presentando nuevamente el viernes 4 de mayo en la Librería El Ateneo, de Línea y 12, para leer textos de este poemario y conversar sobre la figura del destacado poeta ecuatoriano Efraín Lara.
Por último, volvió Juan Carlos Miranda para declamar un poema de David Ledesma, otro poeta de ese país, quien muriera prematuramente. Quedaron así, tras la conclusión del acto, gratas sensaciones de un acercamiento cultural a nuestro país que está protagonizando de manera sostenida la nación sudamericana. Por ello, las gracias.
