En circulación antología de dramaturgos que abordan la tensión social
Ocho miradas que develan la tensión social en una realidad cambiante, integran la antología Escena y tensión social, compilada y prologada por la crítica e investigadora teatral Vivian Martínez Tabares cuya presentación tuvo lugar en la librería Fayad Jamis, con la presencia de algunos de los autores seleccionados.
Las obras que integran la compilación dan fe de una cadena de interrogantes sobre la Cuba actual y todas, sin excepción, focalizan y asumen los riesgos de la problematización de la realidad, algunas ensayando procedimientos estilísticos y formas discursivas, otras trasgrediendo los límites formales que van de un orden heredado a uno por venir, aseguró Tabares.
Entre los problemas identificados con la vida cubana que abordan los dramaturgos, destacan el espacio y necesidad de la utopía, el defasaje entre horizontes de expectativas y posibilidades reales de realización, crisis de valores, indolencia e incapacidad para asumir compromisos de parte de los más jóvenes, así como el desaliento y frustración por la imposibilidad de dar solución a los dilemas de alcance individual y colectivo, destacó la especialista.
Agregó que salvo Rafael González, quien inicia la antología con "La paloma negra", el resto nació después del 1959, se han formado asumiendo diversas asignaturas en el Instituto Superior de Arte, la Escuela Nacional de Instructores de Arte y es marcadamente visible su inmersión en disímiles grupos de creación.
Para Tabares todos son herederos de Abelardo Estorino y Eugenio Hernández Espoinosa, de Héctor Quintero y José Ramón Brene, de José Milián y más evidentemente de Abilio Estévez y Alberto Pedro, sin excluir la impronta del Teatro Escambray, Buendía y los acontecimientos a partir de la década del 90 que obligaron a replantear el rumbo y destino de un proyecto que no debía fracasar.
El interés por profundizar en el interior del individuo, asumir las experiencias vitales propias por riesgosas y distorsionadas que puedan parecer, el angustioso tema de la vivienda, la marcada preocupación por indagar las manifestaciones y complejidad de la marginalidad, y los intentos de visibilizar situaciones de desventajas de la mujer, son algunas de las direcciones por la que avanza esta dramaturgia contemporánea, enfatizó.
Dan testimonio de ello las obras "Saxo", de Ulises Rodríguez Febles (1968), "Cuatro menos", de Amado del Pino (1960),"¡Ay, mi amor!", de Norge Espinosa (1971), "Las dos caras de la moneda", de Cheddy Mendizábal Álvarez (1968), "Variedades Galeano", de Nelda Castillo (1963), "Strip-Tease", de Agnieska Hernández Díaz (1977), y "Talco", de Abel González Melo (1980).
