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La música como forma de participación y consumo II

Rosilin Bayona, 29 de mayo de 2012

Unido a las necesidades, las representaciones, aspiraciones, motivaciones, vivencias individuales o grupales, engloban aspectos que atraviesan o favorecen la relación entre lo social, lo cultural y lo individual conformando espacios grupales determinados. Se marca así, diferencias en los patrones culturales, las formas de consumo, los estilos de vida y las formas en que asumen su(s) identidad(es) y diferencias determinados actores. Los espacios sociales en que actúan son cada vez más interaccionados y en ellos confluyen disputas entre distintos sistemas de significaciones, en un constante oscilar de negociaciones e imposiciones. Equivale a reconocer entonces lo que distingue a cada grupo social tras una aparente homogeneidad.

La complejidad que se manifiesta en estos escenarios adquiere un carácter de comunicación en cuanto a la estructura que conforman alrededor de las relaciones sociales que se gestan y en algunos casos se legitiman, favoreciendo el vínculo entre individuos en correspondencia con los otros sujetos, el gusto por el género musical que disfrutan y la elección del lugar a visitar.

En los espacios sociomusicales se visualizan formas de interacción, de convivencia y de conectividad. Al interior de ellos se organizan ciertos grupos minoritarios, con formas y estilos de vida diferentes, lo que es observado, y en ocasiones constatado desde los espacios más exclusivos posibilitando que los intercambios, y las relaciones que se construyen, se concreten en torno al gusto  por géneros musicales específicos, entre los sujetos que participan de ellos, mediados no solo por el capital cultural o social a los que hace referencia Bourdieu, sino por el capital económico o la solvencia de la cual dispongan los sujetos que visiten dichos sitios, que en ocasiones no responde, o se va por encima, de las expectativas que ofrece el lugar.

Estos espacios y el ambiente que se desarrolla en los mismos, posibilita la aglutinación de personas que se identifican en dependencia de sus intereses o necesidades a partir de las que se agrupan o distinguen de otros sujetos, grupos o segmentos poblacionales.

Las identidades, distinciones o diferenciaciones sociales que se visibilizan en estos contextos, se observan en la edad, el sexo, el nivel de escolaridad, el color de la piel, el lugar de procedencia, además del conocimiento que se tenga sobre el género, la herencia y formación cultural, la solvencia económica, entre otras cuestiones.

Se puede agregar también el acceso a la información actualizada sobre la expresión cultural a través los músicos, amigos, familiares, revistas especializadas o de otro tipo y los medios de comunicación masiva en forma general. La existencia de la identidad, distinción/ diferenciación social construida en contextos musicales y la representación cultural y social que se hace de estos a través de su consumo, nos muestra la presencia en ciertos grupos de un afán diferenciador.

Las relaciones sociogrupales que se establecen en los espacios de participación musical definen en su existencia diferentes concepciones que favorecen (o no) sus vínculos. Estos pueden estar dados por las motivaciones que se generan en dichos lugares, las expectativas que se crean entre los entes que se adhieren a sus mecanismos y la forma en que se las representan, teniendo gran importancia los gustos musicales. La posibilidad de acoplamiento en estos sitios, es transversalizada por la participación en ellos de los diferentes grupos sociales, generacionales o franjas etarias que interactúan en los distintos espacios.

Los comportamientos, actitudes y conductas que desarrollan o llevan a cabo en los diversos escenarios musicales, además de poseer un carácter propio según el género que se presente, constituyen un medio de participación y comunicación socioespacial entre las personas que los visitan. Dicha interacción funciona dentro de un contexto de diversidad generacional donde se reelaboran las experiencias de la tradición cultural y en un contexto etareo homogéneo favoreciendo y dinamizando los modos de relación sociogrupal y cultural sumergidos en ámbitos musicales.

Estos lugares de encuentro e intercambio favorecen muchos factores que tributan a la construcción y legitimación de relaciones alrededor de las prácticas que llevan a cabo los actores sociales. Ya sea, porque se encuentren mediados por la coincidencia en el gusto musical, por la aceptación de ciertos estilos de vida y comportamientos que brindarán un carácter armonioso al encuentro con otras personas con las que se desarrollará una amistad, que puede trascender el espacio y llegar a ser duradera. Además de compartir con amigos, hacer nuevos amigos facilitando la adhesión, el conocimiento y el gusto por determinados estilos musicales, grupos o artistas, modos de vida, la adopción de nuevas conductas  y en ocasiones haciéndolo extensivo a otras manifestaciones artístico- culturales.

En los grupos que conforman las relaciones en estos espacios existen diferencias que están marcadas por indicadores que interactúan de forma conjunta. En este sentido, las agrupaciones de sujetos se realizan al consumir y establecer mecanismos de comunicación y participación, en un espacio determinado, ya sea, la casa o espacio íntimo —de amigos, de amantes, familiar— o en uno público. Dichos espacios son mediadores de las relaciones o vínculos que se establecen y que a su vez se representan con un carácter distintivo o no, lo que hace que los sujetos que se adhieran a ellos adopten posturas diferenciadoras.

En este sentido, al tener en cuenta la existencia de alteridades sociales, las valorizaciones hacia ellas que tengan su origen en el prestigio social y el reconocimiento que logren obtener a partir del status logrado quedan al margen; desde las cuales suelen calificarse aceptados o no en los grupos. Estas son fundamentadas y apoyadas en las diversas posiciones, prácticas, gustos y visiones del tejido social que posibilitan y componen la pluralidad socio-cultural[1].

Por tanto, la construcción de relaciones en el plano social es el resultado de la búsqueda, por parte de los actores, de presentarse en el mundo en el que se desenvuelven; procesos de apropiación directamente vinculados a la interpretación que se hacen los sujetos del tejido social. La apropiación de la realidad creada, es aceptada cuando los entes que se adscriben a la misma logran identificar lo que es y lo que no es; es decir, cuando queda claro lo que son, y lo que son los otros, mediante lo cual establecen las pautas identitarias y diferenciadoras. Este proceso de auto(reconocimiento) constituye el elemento principal en la construcción de identidades y diferencias sociales alrededor de la música en sus espacios de participación como he expresado en otro trabajo[2].

La interacción social que entonces se lleva a cabo en estos escenarios de participación y consumo, con un entorno musical asociado a gustos y preferencias, como sito de socialización e interacción, así como percepciones, conductas y actitudes, posibilita que este ambiente influya significativamente en el modo en que se construyen y reconstruyen, se establezcan y se legitimen las distintas relaciones sociales que tienen lugar. Por ende, no se considera posible concebir y comprender determinados comportamientos y actitudes fuera de estos contextos sociales. Pero a la vez, estos comportamientos y actitudes, resultantes de los vínculos creados en dichos contextos también inciden, influyen y modifican su entorno social, es decir, en algunos casos la realidad creada acorde a las formas de vida interiorizada en estos espacios se traslada al medio de procedencia de los sujetos reflejando una conducta social artificial  para el contexto de cual forma parte[3].

Por ende, las relaciones sociogrupales resultantes de los procesos anteriormente descritos unidos a la socialización en los entornos musicales se fundamenta sobre la cohesión. Ello posibilita legitimar y relacionar de manera más íntima a los sujetos que se agrupan, en dependencia de sus intereses, lo que otorga significado a sus comportamientos y conductas, no solo en los espacios, sino en su vida social. El contexto particular de cada forma musical puede agrupar experiencias culturales y adoptar posturas y actitudes sobre tipos de relaciones que fuera, de este escenario, no se llevarían a cabo.

Ello hace que los grupos que se establecen en el espacio social de participación, constituyen además, un recurso polivalente para los nuevos grupos que se forman. Tienen un propósito funcional e instrumental -intercambiar información, canalizar los intereses, buscar medios sociales donde satisfacer sus necesidades, donde exhibirse, sentirse realizado- pero también tienen función lúdica, de interacción y relación social en espacios presumiblemente ostentosos. La constitución de grupos en espacios determinados es un referente importante en la legitimación de las relaciones sociales y como un modo más de establecimiento de participación social. Estas agrupaciones son resultado del proceso de socialización y consumo en espacios de propuesta musical, a través de los que han logrado y están logrando que determinados comportamientos y conductas sociales, adquiridos en ellos puedan ser asumidos como algo natural y normal.

Por consiguiente, algunos de ellos se diferencian de otros porque proponen formas y nuevos estilos de vida identificativos. Por tanto, en el marco de las relaciones que establecen los grupos constituyen espacios sociales de confluencia, encuentro e identificación. Sus usos según las formas expresivas y de significación están acorde a las posiciones sociales y culturales que tengan sus integrantes, donde prevalece un ámbito de apropiación de recursos simbólicos con el fin de dar sentido a sus comportamientos y manifestaciones y de igual modo construir una identidad grupal o individual. De aquí que tengan un papel mediador entre las exigencias sociales compuestas por los patrones de comportamiento socialmente adquiridos y los intereses y necesidades compartidas al interior del grupo.

Los espacios de socialización musical son reconocidos  como lugares de encuentros diferenciados, según el grupo de pertenencia que puede conformar desde la escuela u otros espacios de interacción. A pesar de que ciertos grupos no comportan el gusto por los mismos géneros musicales, las congruencias que se establecen a partir de este eslabón, en algunos casos los posicionan y en otros los distingue. Del mismo modo, proporciona elementos y referentes de identificación que los aglutinan como grupos con intereses similares y compartidos, los que en otros ámbitos se convierten en reflejo de sus opuestos adoptando comportamientos similares como el excesivo consumo material expresado en el derroche de recursos.

En estos lugares, por tanto, se promocionan formas de comportarse unas preestablecidas resultado de medio de socialización más inmediato o del contexto en que los individuos se desenvuelven y otras a través de las conductas adquiridas o aprehendidas que conllevan a manifestaciones sociales, representadas en las formas de ser, de actuar, de vestir que está contenida en los comportamientos. Estas formas de ser y las actitudes, las maneras de relacionarse con los otros, se mezclan con la moda, con las formas de presentarse en los espacios, el manifestar modos de actuar, todo esto identifica, aglutina, establece diferencias entre los grupos y sujetos  acogiéndolos de igual manera[4].

Estos espacios musicales de construcción de identidad y des-identidad son resultado del tejido de relaciones que tienen los actores que participan de ellos, estableciendo vínculos socializadores que se definen en los roles a desempeñar, los comportamientos a adoptar que conllevan a manifestarse de acuerdo a las posibilidades de actuar de algunos sectores, expresados en el ser y en el deber ser que se evidencia, en aras de encontrar permanencia y pertenencia a un grupo social y cultural específico. Por ello, los espacios de participación musical constituyen en cierto modo un espacio-lugar de comunicación e interacción entre las personas; lo que facilita el desarrollo de formas de comunicación, sobre la base de crear y mantener relaciones, así como legitimarlas y extenderlas a otros contextos.

Los presupuestos antes expuestos reflejan de manera clara como los procesos de producción y reproducción de sentidos en dichos espacios de comunicación y participación otorgan significado, valor simbólico y humano a la construcción de relaciones sociogrupales. Igualmente se evidencia como en la socialización que se lleva a cabo en estos escenarios de consumo, los individuos internalizan gustos, códigos y establecen patrones de comunicación. Estas cuestiones vistas desde el proceso de socialización dejan entrever que adquieren valor y significado compartido por los sujetos que integran los grupos sociales que se conforman en estos lugares, partiendo entonces de los ejes sobre los que se sustentan y se legitiman las realidades simbólicas que involucra cada entidad grupal con sus modos de vida.

En este sentido, cada grupo social desde su identidad constituye, en sí mismo, un proceso de relaciones y vínculos que se generan desde diversas significaciones y representaciones, ya sean individuales o colectivas.  Por tanto, los espacios musicales se constituyen como uno de los objetos culturales determinantes en la conformación y (de)construcción de estas relaciones y significados. Es decir, de este manera se socializan significados en estos contextos del mismo modo en que los sujetos involucrados en estos escenarios (re)elaboran y (re)contextualizan comportamientos y actitudes desde los referentes elaborados en los distintos lugares. Se manifiesta de esta forma la posibilidad de crear realidades y contextos de interacción a partir de las necesidades y representaciones de los sujetos que se involucran mediante los procesos de percepción y recepción generados de las especificidades de su contexto social, económico y cultural.

 
Notas

[1] Irving Goffman. Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrotu, 1986; Gino Germani. Versión Digital
[2] Bayona Mojena, Rosilín. La vida social del jazz: público y presentaciones de jazz en vivo. Un estudio de caso en Ciudad de La Habana, 2010, p. 15.
[3] Íbidem, p. 55

[4] Íbidem, p. 62


Bibliografía
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2. Bachs, M. "Representaciones sociales: pertinencia de su estudio y posibilidades de su aplicación", 1991, p. 13. En: Bachs, M. Aproximaciones procesuales y estructurales al estudio de las representaciones sociales. Papers on social representations, 2000. Threads of discussion, Electronic Version, 8 Peer Reviewed Online Journal, p. 1- 15.  Consultado en: www.swp.unilinz.ac.at/content/psr/psrindex.htm79. Acceso 8 de abril de2009.
3. Bajoit, Guy. "La renovación de la sociología contemporánea". En: Cultura y representaciones sociales. Un espacio para el dialogo interdisciplinario. Año 3, número 5, septiembre de 2008. http://www.culturayrs.org.mx/revista/num5/Bajoit.html. Consultado 18 de septiembre 2008.
4. Bayona Mojena, Rosilín. "La vida social del jazz: público y presentaciones de jazz en vivo. Un estudio de caso en Ciudad de La Habana", 2010. Inédito.
5. Barbero, Jesús Martín. De los medios a las mediaciones. Barcelona. Editorial Gustavo Gili, 1987, p. 231. Versión digital.
6. Barthes, Roland. "La cocina del sentido". En: Selección de lecturas de Sociología de la Cultura. Editorial Félix Varela. La Habana. Tomo I, primera parte, 2004, p.3-5.
7. Basaíl, Alaín. "Consumos culturales e identidades deterioradas. Políticas culturales y lo social cubano invisible". En: Sociedad Cubana Hoy. Ensayos de Sociología Joven. Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2006, p. 233-252.
8. Baudrillard, J. La sociedad de consumo. Barcelona: Plaza & Janes, 1974.
9. ----------------. El sistema de los objetos. Madrid Siglo XXI, 1988 (1-edición 1969).
10. Berger, Peter L, Thomas Luckmann. La construcción social de la realidad. Amorrutu editores, Buenos Aires. Versión digital.
11. Bourdieu, Pierre. La distinción. Criterios y bases sociales del gusto. Editorial Taurus, 1988. p. 383
12. García, Canclini, N. "El consumo cultural y su estudio en México: una propuesta teórica". En: El consumo cultural en México. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1993.
13. Goffman, Irving. Estigma. La identidad deteriorada. Buenos Aires. Amorrotu, 1986; Gino Germani.
14. Linares, C., Rivero, Y. y Moras, Pedro E. Participación y Consumo Cultural en Cuba. 2008, ICIC Juan Marinello.
15. Megías E, Rodríguez En: “Jóvenes entre sonidos”. [s.l.]. Editorial: FAD (fundación de ayuda contra la drogadicción), 2002, p. 25.
16. Schmilchuk Graciela. "Venturas y desventuras de los estudios de público". En Cuicuilco, nueva época, v.3, núm.7, mayo- agosto. p. 31- 57.
17. Simmel, Georg. Estudios Psicológicos y Etnológicos sobre Música (Psychologische und ethnologische Studien über Musik), publicada en 1882.
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