Argelio Santiesteban, con el humor y la literatura al hombro
Argelio Santiesteban es mi amigo. Lo conozco hace muchos años, aunque eso no venga al caso. Pero sí que es uno de los humoristas más sutiles que he conocido. Humorista por su prosa cáustica, ingeniosa, lo cual va con su manera de ser, e incorpora al estilo literario y al periodismo.
Nacido en Banes, el 13 de mayo de 1945, confiesa que aprendió a nadar en la playa de Guardalavaca antes que a caminar y que entretenía su imaginación con las inquietantes formas redondeadas de las lomas de la región.
Su formación ha sido y es básicamente autodidáctica. Me ha contado que en su niñez tuvo una maestra que le aseguró un futuro periodístico. Argelio iría más lejos: es un excelente escritor, lo cual no invalida la afirmación anterior, más bien la confirma.
Su primer trabajo se publicó en la revista Mella, cuando Argelio contaba 16 años. Perteneció al equipo de reportajes especiales del semanario Bohemia y ha colaborado en casi todas las revistas y diarios nacionales. Igual de temprano se inició como guionista en la radio y la televisión, y entregó a las editoriales dos libros sobre la temática de la divulgación científica.

Sin embargo, es un libro antológico, El habla popular cubana de hoy, de la Editorial de Ciencias Sociales, 1982 (con reediciones en 1985 y 1997), el que lo inserta en la lexicografía cubana de todos los tiempos. No importa cuántos libros más haya escrito, o escriba en adelante Santiesteban, este siempre será su hijo predilecto, el resultado de un largo estudio y observación del habla en diversas regiones de Cuba, de la experiencia propia, de los años trabajados en la prisión del Castillo del Príncipe, del oficio de escritor y de la buena disposición de su espíritu. El libro ganó el Premio de la Crítica en su primera entrega (1983), conferido por un jurado presidido por José Antonio Portuondo y en el cual figuraban Manuel Moreno Fraginals, Julio Le Riverend, Leonardo Acosta y Cintio Vitier, algo —le sobran motivos— para recordar como un gran honor.
El autor explica la vitalidad del idioma con estas palabras:
“La materia de trabajo del presente libro es cambiante por excelencia. Por ejemplo, hasta ayer todo era una envolvencia en las calles de La Habana, pero la voz, a fuerza de significarlo todo, se fue despersonalizando hasta ser desechada como prenda desteñida”. (p. 8)
Otros libros pueblan la bibliografía de Santiesteban. Particularmente divertido le resultó la redacción de Picardía cubiche (1994), “una antología de la más chispeante vertiente del folclore cubano: el llamado cuento de relajo”, en palabras de su autor. Súmese el titulado Uno y el mismo (1994), que intenta demostrar los puntos de contacto entre el folklore cubano y el de otros pueblos. Anécdotas de Cuba (1999), se suma a sus títulos y hasta un libro de décimas —Sistema métrico decimal, 1991— le publicó Ediciones Unión, algo que ilustra acerca del tan vario hacer de Argelio Santiesteban, quien lo explica con una sentencia para meditar: cambiar de tarea es la mejor forma de descanso. O mejor aún, con una declaración martiana que él nos entrega: “Yo vela, no ancla”.
Días atrás se presentó por Ediciones Unión su libro Cuando el pueblo jugó a ser Papá Dios, que como ya nos tiene acostumbrados el amigo Argelio, es una prueba más de gracia y talento periodístico. Tiene pues el lector para escoger, y quien escribe motivos para felicitar a un excelente escritor en su aniversario 67.
