Editan en Ecuador libro de Luis Cabrera Delgado
Solo los «pequeños príncipes» pueden hacer realidad la fantasía
LUIS CABRERA DELGADO
El multilaureado escritor villaclareño Luis Cabrera Delgado es el autor del volumen Carlos, el titiritero, publicado por la editorial ecuatoriana Libresa, y presentado en Quito, capital de la hermana nación andina.
El también miembro de honor de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) declaró a la prensa, que dicha obra había sido publicada primero en nuestro país (Editorial Gente Nueva, 1994); y que Carlos, el titiritero, protagonista de esa joya de la literatura infantil, es un joven director-actor de guiñol que, acompañado de sus inseparables muñecos Vicaria y Cundiamor, sale de gira por la exuberante geografía insular en busca de un niño triste.
De acuerdo con Cabrera Delgado, de una mochila mágica irán apareciendo otros títeres para ayudar a resolver las dificultades u obstáculos que enfrentan los personajes durante el periplo por la mayor isla de las Antillas.
Ese texto, como aventura al fin y al cabo, precisa el prolífico narrador, tiene una buena dosis de acción, misterio, poesía y amor; este último deviene la única llave que abre las puertas a lo imposible.
En el trayecto, encuentran a tres niños tristes. Los dos primeros, El Patito Feo y El Soldadito de Plomo, han llegado a ser felices. Con apoyo en su formación académica como psicólogo infanto-juvenil, el autor concibe la felicidad como un estado subjetivo del yo, caracterizado —básicamente— por vivir en paz y armonía con uno mismo, con el otro y con el entorno socio-natural que nos rodea. Y se percibe de la piel hacia dentro, porque si la buscamos en el mundo exterior, sería como tratar de atrapar una mariposa en pleno vuelo.
Ahora bien, con el tercer niño triste la situación se torna mucho más difícil, ya que La Bella Durmiente, quien puede ayudar a solucionar el problema que presenta ese «príncipe enano», permanece «embrujada» en espera de que haya alguien enamorado de ella que la despierte del «hechizo» con un beso de amor.
El final queda a la libre imaginación de los pequeños lectores suramericanos, quienes disfrutarán —con creces— las aventuras y desventuras de Carlos, el titiritero y sus muñecos Vicaria y Cundiamor, empeñados en que los/as niños/as tristes aprendan a descubrir la felicidad dentro de sí y no fuera de ellos/as.
