El juego inteligente con la Historia
Los breves relatos que publicamos en esta oportunidad pertenecen al libro, todavía inédito, «Cuba, Leonor y la noche», de la conocida editora, ensayista y narradora Dulce María Sotolongo (La Habana, 1963). Dicho cuaderno fue recientemente premiado en el certamen literario que convoca la Sociedad Canaria de Cuba y Mención en el concurso La Edad de Oro, auspiciado por la Editorial Gente Nueva.
Ambos textos recrean dos momentos cruciales en la vida de José Martí: La firma del Manifiesto de Montecristi y su caída en combate. ¿En qué pensaba el Apóstol al estampar su firma en el trascendental documento? ¿Qué imágenes desfilaban por su mente? Y Leonor, su madre querida, ¿habrá presentido la muerte del hijo ausente? Con fina prosa, rayana en lo poético, con dominio de los recursos narrativos, Dulce se atreve a dar respuestas a estas interrogantes, en un juego inteligente con la Historia. No se desborda, solo da las pinceladas exactas, el toque de verosimilitud que los narradores buscan para atrapar al lector.
La Historia suele ser atractiva para el ejercicio de la ficción, pero esta solo será efectiva desde el conocimiento y la sensibilidad. Sin estos atributos se corre el riesgo de caer en la banalidad, o en insensatas especulaciones. Dulce lo hace con acierto en estos y en otros relatos que integran este hermoso libro, cuya futura publicación enriquecerá nuestra literatura. Sirvan los mismos, además, como un modesto homenaje, de nuestro espacio Fabulaciones, a nuestro Héroe Nacional en ocasión del 117 aniversario de su trágica muerte en Dos Ríos.
Alberto Marrero
La firma
Dulce María Sotolongo
Athos te llevará a Inagua en pos de Gómez que te espera en Santo Domingo. En Montecristi se escucha el grito de independencia. Ya Cuba está en pie de guerra.
Te parece mentira José, y mientras tus manos toman la pluma para firmar el programa de la revolución, tu mente está con tu padre en el Hanábana, y recibes otra vez una bofetada al ver aquel negro colgar del ceibo del monte. ¡Y, al pie del muerto, juró lavar con su vida el crimen¡ Ves desfilar ante ti a Lino, Castillo, aprietas tu sortija de hierro y Leonor viene. Céspedes, Agramante, Calixto, Flor, Juan Gualberto, están a tu lado y Fermín, Rafael, Serra, Gonzalo, los Maceos y tantos otros. Como hadas, las Marías te sonríen y tus dos Carmen te dan un beso. En los ojos de Panchito ves los ojos de tu Pepe. Firmas, y es como si firmara la Patria que te apremia: Vamos, pronto, vamos hijo.
Se cumple la profecía
La lluvia cae sin cesar este día de mayo en el que las flores aún se niegan a abrir. Leonor ve una nube gris que amenaza con oscurecer la casa. Los niños quieren bañarse en el aguacero, la abuela los regaña. No le gustan los días grises que desde niña le recuerdan noticias de naufragio. La lluvia mató a María del Pilar y empeoró la tos de Mariano. Llueve en San Cristóbal de la Habana, y la madre se pregunta: ¿dónde estará el hijo ausente?
José se siente seguro al lado del Ángel de la Guardia, su escolta. No es el capitán araña, no ha de permanecer a salvo cuando los otros luchan. Es el Mayor General, el que organizó la guerra; desobedece las órdenes de Gómez. Su grito estremece la manigua:
¡Vámonos, allá adelante¡
Adelante está el honor, la vergüenza, la patria, el enemigo. Adelante está Dos Ríos y la profecía de la gitana. Leonor detiene al pequeño que quiere bañarse en la lluvia. Un dolor sorprende su pecho, y cae al suelo desmayada.
De las tres balas que tocaron tu cuerpo, ninguna dolió más que la que te partió el esternón. Tu revólver de cochas de nácar quedó suspendido en el aire, la voz de Leonor se alzó entre el silbido de los disparos: Vamos pronto, vamos hijo…
