Las cuenta cuentos en el Sábado del Libro
Las cuenta cuentos, una antología que reúne sesenta y tres textos de narradoras cubanas de diversas generaciones, estilos y tendencias dentro de la literatura infanto-juvenil, y que ha sido preparada por Magaly Sánchez Ochoa y publicada por la Editorial Gente Nueva, fue la propuesta del más reciente Sábado del Libro.
El volumen, según Enrique Pérez Díaz, director del sello editorial, resulta un panorama realmente abarcador de todas las escritoras de la Isla —incluyendo algunas que residen desde hace varios años en el extranjero— y pretende rescatar esa presencia en lo que se realiza para niños, «a veces difuminada en un mundo de narrativa general». Responde, aseguró, a una política de ampliarse a diversos antologadores, compiladores, y a distintas temáticas, para ofrecer a los lectores una visión más completa del género en la actualidad, teniendo en cuenta la imposibilidad de incluir en cada plan a todos los autores con nuevos proyectos.
Si en algún género de nuestras letras las mujeres sobresalen tanto por su cuantía, como por la notable calidad de sus obras, es, sin duda, en la escritura para niños, afirmó, en las palabras que le sirvieron de presentación, Marilyn Bobes —quien no pudo asistir, pero en su lugar fueron leídas por Esteban Llorach—. Sin embargo, acota Marilyn, «este quehacer ha sido poco estudiado y también invisibilizado de cierta forma», al priorizarse a las escritoras del patio que se dedican a los adultos; es por ello que Las cuenta cuentos adquiere una destacable importancia, al incluir tal cantidad, «y cuya excelencia parece indiscutible con solo hojear estas páginas». En las mismas coinciden —apunta Bobes— consagradas como Dora Alonso y Nersys Felipe con otras más jóvenes cuyos nombres comienzan apenas a figurar y se revelan como seguras promesas, entre las que se distinguen Yannis Lobaina y Zurelys López Amaya, que proponen cuentos de exquisita factura; de igual modo destacan a lo largo de todo el volumen, «la voluntad poética de creadoras como Josefina de Diego, la cubanía de otras como Teresa Cárdenas o la propia Magaly Sánchez, la intertextualidad de Olga Marta Pérez, o el oficio y la pericia narrativa de Rebeca Murga».
Por su parte, el periodista y crítico literario Fernando Rodríguez Sosa, reafirmó el valor y la riqueza que exhibe la literatura escrita en Cuba para los más pequeños, «que ha tenido su mayor desarrollo y esplendor en los últimos cincuenta años, compuesta por múltiples voces como demuestra Magaly Sánchez». Otros elementos novedosos de la obra fueron revelados por Rodríguez Sosa: la inclusión de narradoras orales que han desarrollado su labor en este campo, y el hecho de abordar un amplio espectro temático, que va desde la más fantasiosa imaginación, hasta recrear los conflictos y problemáticas del mundo actual.
El libro está inteligentemente dividido en dos partes: en la primera se reúnen las piezas para los receptores de menor edad y en la segunda se agrupan aquellas dirigidas a los niños identificados por Magaly como «los que han crecido un poco más, los que se adelantaron en los estudios, aquellos que comienzan a entender mejor la vida que los rodea».
Lectores de todas las edades podrán disfrutar de estas historias, «donde las moralejas y los didactismos son escasos, aún cuando cada una de ellas tenga como intención transmitir algún enaltecedor mensaje»; también comprobar «la diversidad y excelencia de las voces que no siempre han sido tomadas en cuenta» cuando de narrativa femenina insular se habla; y los estudiantes e investigadores, disponer de un material para identificar las características propias en los estilos y tendencias de las féminas que se dedican a este género.
