Marcelo Pogolotti: narrador
Hace 110 años nació en La Habana Marcelo Pogolotti. Ello ocurrió el 12 de julio de 1902. De padre italiano y madre inglesa, su infancia y juventud fue un tránsito entre América y Europa: Cuba, Italia, Estados Unidos. Fue en Norteamérica donde cursó los estudios de ingeniería solo para satisfacer voluntades paternas, porque la pintura estaba en el centro de sus intereses e ingresó al Art Students' League de Nueva York en 1923, donde permaneció casi dos años.
Viajó más. Rotterdam, París y Madrid las recorrió con pupila de artista. Siguió cursos de Filosofía, Arqueología, Literatura e Historia del Arte en la Universidad de La Sorbonne, en París. Entró en contacto con las tendencias vanguardistas en la pintura. Entre numerosas tendencias y movimientos latentes, se sumó a los futuristas italianos de los años 30 y pintó cuadros de un fuerte componente, expresado mediante la presencia de un ambiente fabril, con obreros y máquinas industriales.
Integró la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios y colaboró en la revista Commune, dirigida por el intelectual francés Louis Aragón.
Se dio a conocer en los círculos artísticos de Italia y Francia. Participó en exposiciones colectivas y expuso una colección de sus óleos y dibujos en la galería Carrefour de París, en 1938. En el libro Del barro y las voces, que recoge sus memorias, escribe:
"En París, donde se abrían más de cincuenta exposiciones por semana, resultaba difícil llamar la atención. Sin embargo, un buen número de críticos reseñó la mía".
Sin embargo, un doloroso proceso de operaciones de la vista y la definitiva pérdida de este sentido lo llevaron a una etapa de profunda reorientación de sus capacidades intelectuales al comprender que la pintura no sería más la disciplina que ejercería. "Cuando estalló la guerra (1939), yo había perdido por completo la visión", escribe.
Entonces regresó a Cuba y desarrolló un talento descriptivo sorprendente para la narrativa. Su obra en prosa es notable: La ventana de mármol, El caserón del Cerro, Estrella Molina, Segundo remanso, Los apuntes de Juan Pinto, que incluye ensayos, cuentos y una novela, así como el texto que lleva por título Detrás del muro. También escribió una pieza de teatro en un acto, El descubrimiento, en 1950.
Max Henríquez Ureña, crítico a cuyo juicio con frecuencia recurrimos, señalaba que las novelas de Pogolotti “acusan una técnica nada vulgar”, y el apunte corresponde a una época en que todavía le restaba por producir una buena parte de su obra.
Su libro más conocido es Del barro y las voces (Ediciones Unión, 1968), autobiografía de notable amenidad, abundante en informaciones no solo respecto a la vida del autor, también sobre el contexto artístico y social en que desarrolló su actividad profesional.
El ensayo y la labor de conferencista completaron su quehacer. Ahí está su libro La pintura de dos siglos y sus colaboraciones en el periódico El Mundo. Marcelo Pogolotti se estableció en México. Falleció el 25 de agosto de 1998, a los 86 años de edad.
Aun cuando se le reconoce como uno de los pintores cubanos más importantes del siglo XX, su huella en la narrativa cubana le merece un espacio que hace de él uno de los artistas de más encomiable hacer y perdurable impronta en la cultura cubana.
