Tarde de poesía: Aire de luz
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Aire de luz, tertulia que se realiza los primeros jueves de cada mes, tenía como propuesta la presencia de los poetas Jesús David Curbelo y Leymen Pérez, mas este último no asistió por encontrarse enfermo. No obstante, los concurrentes pudieron disfrutar de una significativa parte de su obra, al asumir Camila Medina la lectura de los textos del ausente matancero.
Antes de que Camila pusiera a consideración del público algunos de los textos de Leymen, la anfitriona, Basilia Papastamatíu, dio a conocer su valoración:
La poesía de Leymen posee la frescura y esa fácil comunicabilidad de la palabra espontánea, directa, y sin embargo, logra esto de modo admirable a pesar de que sus composiciones surgen, evidentemente, luego de un proceso de reflexión y de una consciente intencionalidad. Utiliza el lenguaje desde su más sencilla y precisa enunciación para entregarnos poemas que apelan, sobre todo, a nuestra sensibilidad, al registrar —en precisa síntesis expresiva—, actos, gestos, escenas de la vida de hombres y niños, también de otras criaturas y elementos de la naturaleza, para transmitirnos de manera creativa las meditaciones e inquietudes que le provocan. Y lo hace además introduciendo en sus versos citas y personajes literarios con los que se identifica y con los que enriquece, en su juego textual, su mensaje estético.
“Elementos”, “Imagen donde la incertidumbre se vuelve paisaje”, “En blanco y negro”, “Apretar y cortar”, “Astilla”, “Una colonia” y “Pensar la colonia”, fueron los poemas que, la representante de Leymen, escogió de los libros Pared con grabados de polos (2003), Arco artesanal (2004), Hendidura, Tallador de ruidos y Corrientes coloniales, para leer.
Papastamatíu presentó a su segundo invitado con estas palabras:
En la poesía de Jesús David Curbelo lo primero que llama enseguida nuestra atención es la soltura con que maneja las formas del verso clásico, sus estructuras canónicas y ya seculares, y los modos más contemporáneos en que se expresa, con esa desprejuiciada libertad que asimila hasta el lenguaje más popular, más coloquial: pero siempre, es de observar, con una maestría que lo enaltece, lo prestigia, lo convierte en escritura artística.
Y desde el primero hasta el más reciente de sus libros vemos que los asuntos que aborda suelen ser los más esenciales, los más universalmente inherentes a la humanidad; y con un afán cognoscitivo, aquellos que asumen la misma filosofía, la teología, la ética y los estudios sobre la objetividad, desde las interrogaciones genéricas sobre el ser, la existencia y la concepción de lo divino. Dios es un protagonista permanente de sus versos, así como la naturaleza del yo, sus múltiples identidades y atributos.
Este maduro escritor —que cuenta también en su aval con la traducción de importantes obras y opina que se debe renunciar a una poética para poseer otra—, seleccionó, entre sus libros publicados y un cuaderno inédito, los poemas: “Quebradas oscuras”, “Dialéctica del silencio”, “Cuarta elegía”, “Tránsito”, “Tiempo complementario”, “El ser y la nada”.
