Nuevo número de Amnios
En una ocasión y a propósito de la presentación del primer número de la revista Amnios, el destacado intelectual y académico Guillermo Rodríguez Rivera se interrogaba sobre el significado del vocablo que da nombre a la publicación sobre poesía. Contaba entonces que recurrió al Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y halló en él que el término designa a ese saco cerrado que protege el embrión de los mamíferos, los reptiles y las aves mediante el líquido amniótico.
Más adelante, relataba Rodríguez Rivera que Alpidio Alonso-Grau, director de la revista, le confesó que la palabra amnios era un término muy presente en el lenguaje y en la obra de Raúl Hernández Novás, “acaso porque Raúl ansiaba esa entidad protectora de la vida que, digámoslo, él no supo encontrar sino en la poesía”.
Lejos del azar y si bien intencionado, el nombre de la revista responde a la necesidad pretendida de lograr una identidad en el público lector, en el caso de una publicación relativamente joven y una periodicidad un tanto alejada de los anhelos de quienes la siguen y atesoran. Amnios quiere ser y es una revista que clama por la pervivencia y difusión de la buena poesía.
A criterio de Marilyn Bobes, contar con una revista de poesía como Amnios constituye un privilegio y una necesidad para la literatura cubana. “Esta publicación, dirigida por Alpidio Alonso, con la colaboración de Alex Fleites y Roberto Manzano, es un ejemplo de lo que puede conseguirse en términos de rigor y calidad para difundir y promocionar un género que no siempre se nos presenta con todo su poder comunicativo y transformador en el maremagnun del quehacer editorial. Uno de los méritos fundamentales de Amnios es su potencialidad de llegar al lector promedio a la vez que al especializado. Para ello se vale de un lenguaje que, sin dejar de ser culto, apela, parafraseando al escritor Víctor Fowler a la divisa de que «la poesía es pensamiento», aun cuando este se nos exprese a través de un lenguaje desmitificador pero siempre auténtico. No resulta fácil armar una revista donde todas las secciones nos inviten a la reflexión y al disfrute y Amnios lo consigue en cada una de sus entregas”.
Empeño del Ministerio de Cultura y, particularmente, del equipo editorial, la revista Amnios cuenta hasta la fecha con siete entregas. Siete números que han sabido lograr un necesario equilibrio en la promoción de las obras tanto de premios nacionales de literatura como de la nueva hornada de jóvenes que, desde diferentes espacios de la Mayor de las Antillas, alzan su voz o rubrican sobre el papel los designios de sus “aedas inspiraciones”. Otros microcosmos poéticos y sus protagonistas privilegian las páginas de la publicación: el Caribe, la América Latina, la Europa y la Norteamérica que no tienen espacios en las grandes editoriales del orbe.
“Juan Clemente Zenea en la pupila martiana” destaca entre las propuestas del más reciente volumen de Amnios, correspondiente al segundo trimestre del año en curso. El texto, de la autoría de Marlene Vázquez, sondea la indudable admiración que profesó por Zenea el Apóstol de nuestra independencia. Sin embargo, tras respuestas a la interrogante de por qué no le dedicó “una de esas semblanzas inolvidables, como las de José María Heredia o las de Fermín Valdés Domínguez, ya fuera en forma de artículo de diario o en alguno de sus vibrantes discursos” es el propósito de tan revelador texto.
“Muchas conjeturas pueden hacerse al respecto: tal vez la controversia en torno a su muerte, ocurrida a manos del mismo gobierno a quien sirvió en gestiones infructuosas de paz, pudiera ser una razón. Otra, tal vez, es la muy temprana referencia al bardo infeliz en su obra, que brotó, más que del análisis y el conocimiento racional, de la emotiva intuición poética”.
A “descubrir” al Premio Nobel Literatura 2011, concedido por la Academia de Estocolmo, el poeta Thomas Transtromer se consagra los pliegos iniciales de la revista. Y es que el hecho llamó la atención de muchos, esencialmente de la crítica especializada, pues fuera de los límites que establecen las fronteras de su país natal y el idioma sueco, tan solo unos pocos conocían su obra. Las causas, más allá de la indiscutida calidad de la lírica de Transtromer, yacen solapadas en la “satisfacción y gratitud porque la poesía vuelva al estrado de primacía tras 15 años de omisión, pues la última poeta reconocida fue la polaca Wislawa Szymborska”.
Entre poetas podría calificarse la entrevista titulada “La poesía puede convocar a un levantamiento contra la codicia”, realizada por Roberto Manzano a Alex Pausides. El entrevistado posee una amplia trayectoria intelectual, reconocido dentro y fuera de la Isla por su ingente labor de promoción al frente del Festival Internacional de Poesía de La Habana y de la Colección SurEditores.
Ante la última interrogante lanzada por Manzano, Pausides esgrime: “La poesía puede inspirar esa necesidad de cambiar la vida y transformar el mundo —como querían Rimbaud y Marx—, ser útil para suscitar una actitud consciente o emocional ante la barbarie. No siempre la mercancía, el dinero y el poder serán los más altos cotos del hombre”.
Un cuaderno de poesías de jóvenes villareños da paso a las elucubraciones de Alejandro Álvarez Bernal en “Tristán Tzara: dadá o la doble negación”.
“En ocasiones, a Hugo Ball se le señala como al verdadero padre del dadaísmo. (…) el movimiento Dadá fue uno de los tantos hijos que le nacieran al arte europeo de preguerra (Primera Guerra Mundial) tras las violaciones colectivas a que le sometieron un montón de irritados intelectuales y artistas. El más loco de estos «bastardos» fue el dadaísmo, y Tristán Tzara el más conspicuo de sus padres, hasta tal punto que Tzara y Dadá vienen a ser casi sinónimos. Como es de esperar, Tristán Tzara no nació Tristán Tzara, sino Samuel Rosenstock, y no era suizo ni francés, sino rumano de Moiesti, una pequeña (todavía hoy) ciudad cercana a los Cárpatos”.
A continuación se ofrecen cuatro de sus creaciones poéticas: “Canción antigua”, “Duda”, “Inscripción sobre un sepulcro” y “Si hubieses sido costurera o no, esto no me importa”.
Cuando quedan pocos pliegos para hojear, aparece “Apuntes para una lectura compartida de la Elegía a Jesús Menéndez” de David Curbelo. Confesando su temeridad al aventurarse en la obra de nuestro Poeta Nacional, Nicolás Guillén, debidamente sistematizada por intelectuales como Mirta Aguirre, Ángel Augier y Luis Álvarez, “quienes han hecho, a mi juicio, contribuciones cardinales al estudio de esta pieza crucial en la historia de la poesía cubana e hispanoamericana del siglo XX”, el autor se deja llevar por su aceptada admiración e intenta arrojar nuevas luces en torno al hecho poético. Cierran las páginas del más reciente número de Amnios varias reseñas literarias de libros de poesía o dedicados a enjundiosos estudios sobre la producción poética contemporánea en Cuba.