Grabiel Castillo y el juego de la vida
Quien lea este artículo sospechará en el personaje al que hacemos mención en el título, una pasión por el peligro, o por el desempeño de esas profesiones que tanto abundan en ciertas películas norteamericanas. Sin embargo, Grabiel Castillo no es un agente de la CIA ni un discípulo de Indiana Jones. Se trata únicamente de un actor de teatro, que los últimos jueves de cada mes celebra “El juego de la vida”, tertulia dedicada a las artes escénicas y que tiene por sede al proyecto sociocultural eJo, sito en la calle Padre Valencia de la ciudad camagüeyana.
La última edición de la peña fue un verdadero lujo y no podía ser de otra manera, sobre todo, porque el 14 Festival Nacional de Teatro ya es un hecho para los habitantes de esta provincia. Fillo Torres, invitado de la tertulia y eficiente promotor cultural, anunció que la máxima cita de los dramaturgos cubanos estará dedicada a Virgilio Piñera. Por este motivo, Dos viejos pánicos y otras obras de Piñera serán llevadas a las tablas, asimismo una porción del programa teórico reflexionará sobre el hacer creativo del autor de “La isla en peso”. Los participantes rememoraron la época camagüeyana de Virgilio y a todos aquellos principeños que conocieron al célebre personaje, cuyos testimonios enriquecerán los paneles de este decimocuarto festival.
No fue esta la única ocasión en que una peña dedicada a las artes escénicas estableció nexos con el mundo de la literatura. En otro interesante momento, Grabiel Castillo se refirió a Ana Fidelia Quirot. El carril de la vida, de Ana Segarte Nario, que, a su juicio, constituye un ameno recorrido por la vida de la estelar deportista cubana. Para ilustrar su afirmación, Castillo se refirió al pasaje que narra los avatares de la corredora al ser expulsada del centro de alto rendimiento. En aquel entonces, y gracias a la solidaridad de una habanera que le ofreció techo donde vivir, la Quirot tuvo que entrenar en las afueras del centro de alto rendimiento, así, día por día, desde los alrededores de la cerca perimetral, se fijaba en la rutina de entrenamiento de sus compañeras y pacientemente las imitaba más allá del lindero. La pesadilla terminó cuando una atleta, ya retirada, reparó en que Ana Fidelia estaba haciendo mejores tiempos que sus antiguas compañeras y, por supuesto, en circunstancias más difíciles. Gracias a ella, la Quirot regresó al centro; pasado un tiempo descubrió que su expulsión se debía a que su plaza era demandada por una “atleta” habanera con menos posibilidades deportivas, pero con mayores relaciones. Según Grabiel, el libro de la Segarte cuenta con otras anécdotas más interesantes y para descubrirlas nos invitó a adquirirlo.
La poesía hizo acto de presencia en la voz de Judith Cruz, narradora oral camagüeyana y miembro del proyecto, quien declamó un conocido texto de Emilio Ballagas. La música completó la noche de la mano del dúo A piaccere, quien interpretó “Acuérdate de mí” y “En Mi menor, mi menor conga”, de José Ángel Marín Varona y Guido López Gavilán, respectivamente.
Lo mejor de la tertulia es el sentido lúdico, el cual se explicita desde el mismo nombre y contamina todo su espíritu. En esta ocasión, Castillo instó a los presentes a adivinar el objeto que yacía oculto en una caja mediana. Después de muchas preguntas, uno de los asistentes dio con la sorpresa: un almanaque destinado a promocionar los servicios de una farmacia camagüeyana de principios del siglo XX. Gracias a un ingenioso funcionamiento será válido por algunos años más. Además, ocurrió un suceso inesperado. Resulta que el ganador del objeto fue el propio Filo Torres, invitado de la tertulia. Las sospechas no se hicieron esperar y para aplacarlas, Filo decidió obsequiar el afiche a la institución que promueve la tertulia.
“El juego de la vida” terminó con risas y la picardía que el cubano le imprime a casi todos los actos de su vida, pero no hay que confundirse, esta tertulia propone el juego del conocimiento, poderoso divertimento que nos hará volver a ella.
