Emilio Comas Paret: hacer es la mejor manera de decir
No creo que en el Diccionario Martiano, haya un aforismo que refleje —con mayor precisión y exactitud— el infatigable quehacer poético-literario, periodístico y docente-educativo de Emilio Guadalupe Comas Paret (Caibarién, Villa Clara, 1942).
El también columnista de los portales Cubaliteraria y UNEAC celebra en el 2012 sus setenta años de vida; y de ellos, más de 45 de consagración en cuerpo, mente y alma, al cultivo de la poesía y la narrativa, así como al ejercicio periodístico y pedagógico; disciplinas humanísticas que le han dado pleno sentido a su fructífera existencia terrenal.
Esa es, en apretada síntesis, la mayor motivación para dedicarle esta crónica a quien tanto debo desde el punto de vista profesional, ya que con su noble actitud, signada, básicamente, por el humanismo revolucionario, se ha ganado un espacio privilegiado en mi esfera afectivo-espiritual.
Por lo tanto, estoy convencido de que es el momento idóneo para hablar un poco sobre su vida que ha sido —y por suerte aún es— un carrusel de acontecimientos interesantes y entretenidos. Estoy seguro de que a los lectores de esta sección les agradaría conocer más acerca de dichos acontecimientos, de los cuales ha sido testigo y protagonista, y que por supuesto, han dejado huellas indelebles en el intelecto y en el espíritu de ese hombre, que se autodefine como martiano, revolucionario, feminista y anti-homofóbico consecuente, o sea, alejado —años luz— del dogmatismo y el pragmatismo; por ende, abierto a todas las corrientes del pensamiento humano, siempre y cuando sean honestas y sinceras.
Vivencias y experiencias personales que mantienen un estrecho vínculo con la visión sustentada por él, acerca de los luminosos cincuenta y tres años de Revolución que ha vivido la mayor isla de las Antillas.(1).jpg)
Desde su infancia, sintió gran pasión por el séptimo arte y por la narración de los filmes (del oeste, comedias del Gordo y el Flaco, entre otros), que después contaba con pelos y señales, sobre todo a su entrañable progenitora, quien —consciente de la disfunción psicógena en el habla que padeciera su retoño— le decía, como solo una madre cariñosa y comprensiva suele hacerlo: «Emilín, no te esfuerces, me lo cuentas después […]».
Una vez derrocada la dictadura batistiana, el hoy miembro activo de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) ejerció el magisterio, percibido por él como fuente nutricia de ética, humanismo, patriotismo y espiritualidad, en la enseñanza secundaria básica, donde fuera director de varios centros de ese subsistema nacional de educación, así como de institutos pre-universitarios, donde no solo enseñara a los discípulos los conocimientos mínimos indispensables de las asignaturas, sino también a descubrir las virtudes que había en un maestro que hiciera realidad en el aula y fuera de ella, la emblemática frase del ilustre pedagogo y pensador, don José de la Luz y Caballero: «enseñar puede cualquiera, educar solo quien sea un evangelio vivo». Y él lo es, sin ningún género de duda.
Por otra parte, fue director municipal de Educación en dos localidades de la región central del país; de la Escuela de Comercio (nocturna); de un internado de primaria: para hijos de reclusas y de señoras que habían emigrado a Estados Unidos o a otras latitudes geográfico-culturales y asesor regional de Historia en su ciudad natal.
En su obra literaria se cuentan libros como: Bajo el cuartel de proa (cuento), Contar los dedos (poesía), De Cabinda a Cunene, novela testimonio que refleja la impronta que dejara en su archivo mnémico el conflicto bélico que tuviera como escenario la selva angolana, donde las fuerzas armadas cubanas se enfrentaron al ejército racista sudafricano, así como a las bandas contrarrevolucionarias de la UNITA.
La agonía del pez volador, novela publicada en México en 1995 y reeditada en Colombia en 1999. Ese texto fue finalista del Premio de la Crítica 1995 y publicado, posteriormente, por la Editorial Letras Cubanas (tercera edición).
El dulce amargo de la desesperación novela impresa por Conexión Gráfica, de Guadalajara, México. Dicha obra obtuvo Mención en el Concurso Casa de Teatro de República Dominicana. Valorada por la crítica como lección magistral de educación y terapia sexuales, entre otros valores literarios, estético-artísticos, éticos y humanos, fue presentada en la Feria del Libro de Guadalajara 1995, y re-editada en 2008 por Ediciones Unión de la UNEAC.
También ha publicado Diario de la añoranza, poemario dado a la estampa por Ediciones Luminaria, de Sancti Spíritus y De la vendimia a la zafra: crónica de un emigrante gallego en Cuba, novela publicada por la editorial Ediciones Sotelo Blanco, de Galicia, España, y traducida a la lengua gallega en el 2008. En ese poemario se percibe la huella hispana en la cultura caribeña, expresión legítima del ajiaco multi-étnico-cultural que, según el sabio don Fernando Ortiz, alimenta la personalidad básica del cubano.
No obstante, las obras divulgadas, tanto en nuestra geografía insular como en Iberoamérica, Emilio tiene varios títulos que —por las más disímiles razones— aún no han visto la luz de la bóveda celeste: La angustia es un puñado de ceniza (novela), un texto de crítica literaria, El valor de la agonía (cuentos), La mujer que llevo dentro (relatos) y Canta, zurrón, canta (cuentos infanto-juveniles), un libro de crónicas, el poemario Mis huellas y Cuaderno de bitácora, novela autobiográfica (aún sin terminar), donde se auxilia de un alter ego para narrar sus aventuras y desventuras, alegrías y tristezas, éxitos y reveses.
Comas Paret ha sido incluido en las antologías Nuevos narradores cubanos (1974), Cuentistas jóvenes (1978), Relatos de Girón (1982), Contar quince años (1987), Anuario de Narrativa UNEAC (1994), Siglo pasado (2001), Cicatrices en la memoria (2003) y Por los extraños pueblos (2008).
Su obra poético-literaria ha obtenido varios premios y reconocimientos, tanto en Cuba como en el exterior: Mención Concurso David de la UNEAC (1974) y primer lugar en Cuento en el Concurso Debate Nacional (1975), auspiciado por el extinto Consejo Nacional de Cultura (hoy Ministerio de Cultura). "El gran pesar" recibió mención en el Concurso de Cuentos de la revista La Gaceta de Cuba (1997). "La señora de las plantas" (2005) le fue conferido accésit en el Concurso IX Certamen de Relatos «Para la igualdad», y publicado en Alcalá de Guadeira, Sevilla, España.
En fecha reciente, se le otorgó el Premio UNEAC de Literatura, en el género testimonio. Se desempeñó como director y editor de Ediciones Unión, jefe de redacción de la revista Música cubana, editor principal del Portal de la UNEAC, y en este momento, es asesor de la vicepresidencia del gremio que agrupa a la intelectualidad insular y colabora —de forma sistemática— con varios medios de prensa nacionales y foráneos.
No creo necesario insistir en el hecho indiscutible de que esta crónica solo deviene un pálido reflejo de la ingente labor desarrollada por Emilio Comas Paret durante más de cuatro décadas en los campos de la educación, la literatura y el periodismo cubanos contemporáneos.
Felicidades, maestro, en su setenta cumpleaños y quiera Dios que pueda cumplir muchísimos años más entre sus discípulos, colegas y amigos del alma. ¡Que así sea!
