La historia de África a través del canto de la perdiz
¿Qué conoce de África? Entre ese millar de respuestas que dará, lo convido a que aparte aquellas que no tienen el espíritu colonizador que occidente ha construido. El continente madre es más conocido por sus riquezas materiales, saqueadas por siglos, que por su intelectualidad. Sin dudas El alegre canto de la perdiz, presentado este Sábado del Libro, es una historia sobre la colonización que nos obliga a razonar.
Paulina Chiziane, mujer, negra y africana, es la autora de esta novela que ofrece un enfoque diferente de la opresión colonial. Rodolfo Alpízar, quien tuvo a su cargo la traducción, presentación y notas de El alegre canto... asegura que «las historias que aquí se narran seguramente estremecerán las estructuras mentales masculinas, blancas y occidentales que lastran a más de uno de los que se pregonan libre pensadores y progresistas.
Es una historia muy compleja, que solo los africanos pueden contar «pues fueron ellos quienes sufrieron en su carne el colonialismo». Aquí se aprecia cómo ese sistema de dominación «destroza la mente de las personas, las relaciones humanas y el modo de sentir el mundo», expresó Alpízar durante la presentación. La novela prende la atención del lector desde el comienzo, donde por momentos lo deja sin aliento, lo obliga a pensar y a cuestionar conceptos y prejuicios. «La autora regala una mirada diferente y autóctona, sobre varios temas de mucha actualidad, entre ellos género y racialidad».
Por este motivo es que José Dos Montes, uno de los personajes, no quiere que la criatura engendrada en el vientre de su Delfina sea un hombre, porque eso sería sinónimo de «guillotina. Celda de una prisión. Un par de esposas. Un fusil, una bala, un uniforme militar, una caverna en las entrañas de la tierra. El hombre es un camino sinuoso, peligroso»; por eso ruega «que sea una muchacha, sí. Prostituta, mariposa del muelle, carne de los marineros. Que sea sexo en venta, al gramo, al kilo. Que duerma con cualquier blanco por la sal y el azúcar. Que sea diosa del amor, vaca sagrada. Que sea todo menos hombre».
El racismo que por años ha colmado la mente de blancos y negros también se hace presente en estas páginas. Aquí Delfina, no se reconoce como negra, ella ha traspuesto las fronteras de su color de piel, pues «tenía un hombre blanco e hijos mulatos. Ella ya hablaba portugués y tenía la piel clareada por las cremas, y cabellera postiza. Soy negra sí, solo en la piel. Ya soy más que una prieta, ¡me casé con un blanco!».
En toda la novela vemos a esos protagonistas que nos sorprenden con sus acciones y su extraordinaria riqueza de matices, pero que no podemos catalogar como buenos o malos. «La autora, indica Alpízar, no juzga a sus personajes. Ella nos pone un grupo de antihéroes a vivir una vida muy intensa, desgarradora. Aquí no se juzga, solo se cuentan las historias de seres humanos, con un lenguaje que a veces parece un poema. Es un enfoque poético de la narrativa. Se ve que es una mujer que ama su tierra y que la conoce bien».
Con esta obra, que regala la Editorial Oriente, suman tres los libros de autores de Mozambique que se han publicado en Cuba, lo cual evidencia la importante fuerza literaria que las naciones de este continente tienen para aportarle al mundo. «Como cubanos, tenemos un porciento elevado de africanos, por eso debemos acercarnos a su literatura. La cultura mundial tiene mucho que aprender y recibir de la fuerza intelectual de África», indicó Alpízar.
Este sueño de publicar a Chiziane, la primera novelista mozambicana de la que se tiene noticia internacionalmente, se materializó gracias a la constancia del excelentísimo señor, Amadeo S da Conceiçao, embajador de la República de Mozambique en Cuba. El alegre canto de la perdiz se publicó por vez primera en 2008 por la editorial portuguesa Caminho, la cual ha dado a conocer grandes autores africanos y por supuesto al premio Nobel José Saramago.
Enhorabuena para el lector cubano. Un libro que cuenta una historia de amor en medio de una familia disfuncional y una excelente oportunidad para conocer el modo de narrar de los africanos.
