En tiempos difíciles de Padilla
Ochenta aniversario del natalicio del poeta
Enfrentado a «En tiempos difíciles», de Heberto Padilla (1932-2000), me gustaría mucho «descontextualizarlo», o sea, hacer de él una explicación doscientos años posteriores a su escritura, mediante la cual pudiera apreciar las muchas interpretaciones a que podría dar lugar este texto, fuera del juego político de su tiempo.
Pero yo mismo viví bajo esos «tiempos difíciles» de que habla el poema, y me parece bien espinoso observar las connotaciones líricas (el amor, el transcurso de la vida, la muerte misma) que pudieran evocarse en él. Este es un texto posterior a la Ofensiva Revolucionaria de 1968, a los períodos de «depuraciones» en los centros docentes, y de «parametrización» en los medios artísticos. Había que cumplir una serie de parámetros sociales, a veces un poco exportados de las experiencias de construcción socialista soviético-china, con mayor inclinación a la primera.
El poema procede del libro más polémico de los cincuenta años finales del siglo XX: Fuera de juego (1971), y esa «polémica», incluso de visos internacionales, no se debió a las calidades líricas del volumen, sino a sus connotaciones políticas y al llamado «caso Padilla». Por mucho que un crítico quiera «descontextualizar» cualquier poema dentro de ese volumen, falsearía su connotación epocal, y su proyección futura. Pasados más de cuarenta años de su revuelo, podemos ver el conjunto como uno de los libros de valor que nos obsequió la corriente coloquialista cubana, un libro crítico en la relación con el «socialismo real», del por entonces llamado bloque del «campos socialista», y en especial de los remanentes estalinistas que subyacían en algunos de estos países. Desde mi lectura actual, no me parece el libro «contrarrevolucionario» que se argumenta en las introducciones (nota editorial de la Uneac), y hasta me figuraría que de sobrevivir en Cuba, en las décadas posterior a su muerte, Padilla hubiese sido reivindicado, y hasta quién sabe si no se le hubiese coronado con un Premio Nacional de Literatura. Más que un libro contra la Revolución cubana, a la que se critica a veces moderadamente, es un conjunto antiestalinista, que pretendió ejercer la idea europea, asumida por tantos escritores latinoamericanos, de tomar al escritor y al artista como «conciencia crítica» de la sociedad. Cuarenta años después de escrito y publicado ese libro, Padilla dejó un documento pálido incluso para las críticas y revaloraciones que se pusieron dentro del juego en la sociedad cubana del Período Especial, en asambleas laborales, en las calles y en la voz de algunos dirigentes partidistas. Rebasados los años de exclusiones ideológicas (políticas o religiosas), persecución de homosexuales, dogmatización incluso de la menos dogmática de las filosofías: el marxismo, acercarnos a solamente un poema dentro de Fuera del juego, entraña todavía peligro de mala interpretación.
«En tiempos difíciles» es un poema capital dentro de Fuera del juego y uno de los mejores textos poéticos de la etapa en que se escribió. Esto último por la precisión de sus recursos expresivos, la limpieza de un tono conversacional que dice las cosas a modo de «testimonio», pero a la vez deja al poema resonando en varias lecturas posibles. El verso libre que emplea, a veces pareciera en verdad semilibre por su conjunto de endecasílabos, dodecasílabos y heptasílabos, junto a otros metros que están dentro de este rango, salvo excepciones, y que lo pueden mostrar como una «silva libre», breve por cierto, sin divisiones para simular estrofas y con un total de treinta y cuatro versos, lo que implica un sentido de la síntesis y de la cualidad expresiva lírica. El poema se pudo llamar asimismo como en su último verso: «la prueba decisiva».
La tercera persona del singular no es tan socorrida en la poesía lírica, aleja un poco al foco del sujeto lírico: «Le pidieron las manos». Pero un lector atento advierte que en verdad quien «relata» es un «yo» observador de «aquel hombre», a quien se describe repetidamente como un señor maduro: sus ojos «alguna vez tuvieron lágrimas», sus labios «resecos y cuarteados», las piernas «duras y nudosas / sus viejas piernas andariegas». La adjetivación, no poca por cierto, cumple una función esencial en un texto donde el cariz expresivo es indudablemente la idea motriz de los «tiempos difíciles». Claro que toda Revolución, si ella es profunda como lo ha sido la cubana, enfrenta a este tipo de hombre que viene de una sociedad distinta, a tiempos nuevos difíciles de asimilar, pero a los que el sujeto en tercera persona del poema está decidido a entregarlo todo, como en aquel libro del coetáneo Fayad Jamis: Por esta libertad, por la cual «habrá que darlo todo».
Lo primero que se le pide al señor hipotético del poema de Padilla es «su tiempo / para que lo juntara al tiempo de la Historia». Quizás el resto del poema ya sean solicitudes reiterativas, porque a quien se le pide todo su tiempo individual, incluso toda su intimidad, ya está de más pedirle algo nuevo, se le ha pedido «todo», pero la reiteración le es útil al poeta para la conclusión poemática. Por eso, además del tiempo, se le piden las manos «porque para una época difícil / nada hay mejor que un par de buenas manos». Por supuesto, habrá que pedirle los ojos, «para que contemplaran el lado claro / (especialmente el lado claro de la vida)». La trasgresión epocal poemática va más hondo: se le solicitan los labios, las piernas, incluso los recuerdos de la infancia: «Le pidieron el bosque que lo nutrió de niño», y en el «desmontaje» gradual del personaje y de su personalidad o individualidad, le reclaman el pecho, el corazón, los hombros, pero «toda esta donación resultaría inútil» si en acto de suprema entrega no donase «la lengua».
El hombre individual ha sido desmontado, no se dice que se convirtiera en «masa», como en el famoso poema de César Vallejo, ni que el hecho de la entrega sea espontánea «por esta libertad», como en el texto un poco a lo Paul Eluard, de Fayad Jamís. A quien se le ha pedido que lo entregue todo («su tiempo»), se le enfrenta, según Padilla, a la prueba decisiva:
Y finalmente le rogaron
que, por favor, echase a andar,
porque en tiempos difíciles
esta es, sin duda, la prueba decisiva.
La terrible ironía de estos cuatro versos finales convierte al texto en algo realmente polémico en su momento, justo «en tiempos difíciles». Anteriormente se le pedía cada vez más, pero al final irónicamente «le rogaron […] por favor», lo que sería «la prueba decisiva»: echar a andar.
Hay que ver bien el poema: no se trata de un texto que se oponga a revolución alguna, aquí no hay censura de los tiempos difíciles que pueden ser los de una revolución, pero se enfrenta la individualidad remanente de un «yo», a una sociedad del nosotros, aquella que se anunciaba en «Proclama» de Tallet: «convencido a la vez que el santo / y seña de mañana tiene que ser “nosotros”». Ese mañana de Tallet llegó, y el hombre que él enuncia en su «Proclama» se enfrenta a una entrega del «yo», para la cual Padilla no nos dice si estaba «preparado», si lo hacía todo con absoluta voluntariedad, como acto de entrega necesaria.
El poema comenta, no censura; expone, no entra a definir si se trata de hechos de justicia o injusticia, pero el trasfondo irónico politiza su contexto, que viene de una contextualidad social altamente politizada. Padilla ejerce cierto matiz de «conciencia crítica» algo pasada por las tesis sartreanas, y cuyo tratamiento por algunas autoridades culturales de su tiempo, darían pie o pretexto para que intelectuales europeos o latinoamericanos, que querían ya inclinarse más a la derecha, ejercieran actos de censura contra el proceder que se siguió a raíz del «caso Padilla». O sea, el famoso «caso» fue para algunos un buen pretexto, y para otros, sobre todo para poetas dentro de Cuba, llegó a ser una desgarradura. Este poema, «En tiempos difíciles», está en el centro de ese contexto.
Tal vez nos gustaría hacerle lecturas diferentes: el amor es un «tiempo difícil», que pide toda esa entrega. La vida misma, su transcurso, nos va pidiendo año tras año la entrega de nuestro tiempo, pues: «de la vida nadie sale vivo». La actitud de Padilla, lo que dijo o dejó de decir, lo que hizo o lo que dejó de hacer por entonces, pesa más sobre el poema que si estudiásemos «La más fermosa», de Enrique Hernández Miyares, la «Rapsodia para el mulo», de José Lezama Lima, o la «Oda a la joven luz», de Eliseo Diego, sin saber mucho o nada de lo que ocurría en torno. Imaginemos que un joven crítico literario de, por ejemplo, Sri Lanka, se enfrente completamente descontextualizado y muchas décadas y hasta un siglo después de su escritura, a este poema de Padilla: podría hacer una interpretación metafísica, incluso hasta de credos religiosos o esotéricos. Pero «nosotros», no. Ahí está el poema-toreador con capa roja retadora y con banderillas: venga el crítico-toro a acometerlo. Aunque los tiempos hayan cambiado, no importa la capa, lo que importa es que le puedan clavar alguna banderilla.