Ahmel Echevarría: de lo privado a la realidad común
La mecánica y la literatura pueden llegar a convivir juntas en las manos de un hombre. Aunque parezca inverosímil, el joven escritor Ahmel Echevarría, ha llegado desde las ciencias exactas al panorama de las letras cubanas para demostrarlo.
El autor dialogó con los lectores durante el último encuentro habitual de Páginas Inéditas, un espacio conducido por el periodista y crítico literario Fernando Rodríguez Sosa, en la librería Fayad Jamís de la Habana Vieja. Las páginas no tan inéditas de Ahmel se han levantado en la última década, desde que comenzó su andar literario, con casi una decena de premios que avalan la calidad de una obra. En este 2012 alcanzó el premio de novela Ítalo Calvino por su libro La Noria, y el José Soler Puig, por el titulo Búfalos camino al matadero.
Màs allà del calificativo de “novela”, Echeverría apuesta por definir sus obras como “cuadernos de piezas narrativas que confluyen en un mismo territorio”, en el que los personajes devienen centro de la historia; “la clasificación la dejo a los críticos”, afirma. Por eso, asegura que su interés es trabajar con la psicología de los actores del drama, a fin de que el lector pueda identificarse con ellos como una parte más de sus vidas.
“Los personajes van creciendo desde sus historias privadas hasta imbricarse con los real inmediato, con esa historia en mayúsculas que es el contexto cubano, el pasado reciente, el espacio nacional” ─dice Ahmel.
Según lo ve el escritor, pareciera que siempre se propuso armar esta suerte de textos fragmentados y continuos a la vez, un híbrido entre el cuento y la novela que gira en torno a los protagonistas.
Acerca de su libro en preparación, Caballos con arzones, comenta el autor que algunas piezas pueden ser comprendidas como cuentos independientes, pero si el lector lee los textos seguidamente, tendrá la sensación de haber asistido a episodios de la vida de los personajes. Agrega que se tratan temas, ideas, imágenes... que respiran delirio, diversión, deleites, derrotas y dolores. Varios de esos breves relatos llegaron al público mediante la lectura cadente de su escritor, con ritmos y estribillos que recuerdan la composición poética, aunque asegure que la poesía se le resiste ante el impulso narrativo.
Lo más interesante del encuentro fue percatarnos de que, en efecto, cada uno de los relatos convive en armonía con sus distancias y acercamientos. “Un álbum de fotografías sobre la cama”… se convierte, entonces, en el puente entre dos historias independientes, que se unen cuando escuchamos los motivos repetidos que entretejen una trama subyacente.
Para el futuro, Ahmel Echeverría posa su mirada en una futura novela acerca de la fotografía documental cubana, pero comenta que aún le falta investigar en el tema y resolver algunos problemas relacionados con la historia. En ese empeño quizás le ayude esa entereza con que aprendió a solucionar en la academia los acertijos de Mecánica.
