Evocaciones de Mirta Aguirre en su centenario
Este 18 de octubre se cumplieron cien años del natalicio de quien fuera una de las más reconocidas escritoras de obras para la infancia en Cuba: Mirta Aguirre, algo que no podemos pasar por alto. Tal vez, en los círculos oficiales, a quien más se recuerde sea a la profesora universitaria que traducía del latín y el griego a primera vista, delante de sus asombrados e incrédulos alumnos; o a la catedrática que impartía cultísimas conferencias y que dejó valiosos volúmenes de análisis histórico, gramático y lingüístico para la carrera de Filología Hispana y otros estudios universitarios de humanidades.
Gran parte de quienes contamos hoy medio siglo, quinquenios más allá o más acá, recordamos la lectura de sus versos y prosas en nuestros libros de educación primaria, al lado de los de Dora Alonso, Denia García Ronda, Juan Pedro Soy del Pozo, Herminio Almendros, Josefina Díaz Entralgo y muchas otras estrellas que entonces poblaban el universo de las letras académicas dedicadas a la niñez en Cuba. Prueba de ello es “Expiación”, un breve poema que podemos decir de memoria, por lo correcto de su rima, ritmo y composición, entre otras delicadezas literarias que lo hacen fácil de recordar:
A Tiburón Tiburo
Le duele un diente;
Pero ningún dentista
Acepta el cliente.
A mares llora.
Y la marea, en la costa,
Sube a deshora.
Aparte de esos textos escolares, Mirta Aguirre dio a la luz diversas obras para el público infantil, con la noción de enfrentar a una lectora o a un lector despierto, inteligente, cooperativo, que no solo supiera apreciar la anécdota o fábula que se le presentaba, sino que jugara activamente con las letras, las sílabas, las palabras, los significados.
Aunque nunca aparecieran en compilaciones de trabalenguas, muchos de sus poemas semejan serlo. Ejemplo evidente es “Guagua”, el cual podemos disfrutar en su Juegos y otros poemas, un libro que —escrito en 1972 y publicado dos años después, editado tres veces y reimpreso cuatro, todas por Gente Nueva— constituyó obra de cabecera para muchos niños y niñas cubanos en décadas pasadas. El singular poema en cuestión fue versionado como rumba, con acompañamiento de claves, por el colectivo de realización de La sombrilla amarilla, el muy gustado programa televisivo para la niñez cubana. Recordemos su interpretación por el personaje del cartero:
Agua, agüe, agüi, agua.
Guagüí de Guanabacoa,
Aguacate de Managua,
Guanábana de Jagüey,
Guanahacabibes y Jagua.
Guarina, Turiguanó,
Guámpara, guagüero, yagua,
Guane, Güines, güiro, guayo,
Guataca, Manicaragua,
Guao, guajiro, guateque,
Guaguancó, Cumanayagua,
Guano, Guamá, Pijirigua,
Bibijagua.
En la misma publicación, Mirta Aguirre combinó textos de temas fantasiosos e imaginativos con otros de sentido patriótico e histórico. No aspiraba a que los infantes dividieran su mente hacia uno u otro destino: para ella, la creación poética debía ir revestida de igual calidad, fuera cual fuera su tema; todo pertenecía a un mismo universo, y con igual maestría debía de ser tratado. Así tenemos esta imagen perfecta y simbólica de Camilo Cienfuegos, titulada “Retrato”, la cual evoca una perfilada visión del comandante desaparecido:
Capitán tranquilo,
Paloma y león,
Cabellera lisa
Y un sombrero alón;
Cuchillo de filo,
Barbas de vellón,
Una gran sonrisa
Y un gran corazón.
O se nos queda en la mente aquella seguidilla cortés de “Limón, limonero, las niñas primero…”, o el caimán dormido de “La tierra en que yo nací”, o la melodía pegajosa de “Meñique se fue a paseo sin permiso de Anular…”.
Esa es, para la infancia cubana, Mirta Aguirre, por momentos revestida de armoniosos sonidos por alguien que igualmente cumpliría cien años este 2012: su entrañable amiga, la compositora y pianista Gisela Hernández, excelsa integrante del renombrado Grupo de Renovación Musical, quien también supo dedicar parte de su muy seria profesión a la aún más seria y comprometida creación para la infancia. A Gisela dedicó Mirta su Juegos y otros poemas, y a ambas ofrendamos esta vez nuestro homenaje.
