120 años atrás nació José María Chacón y Calvo, “el ensayista erudito”
En las heredades de la literatura, la historia, la crítica y la lengua se movió el intelectual José María Chacón a sus anchas, a quien se le respetó dentro y fuera de Cuba. Su firma al pie de un texto bastaba para asegurarle interés —editorial y lectivo— en el contexto iberoamericano, e igualmente como conferencista destacó este cubano que sobrellevó la gloria intelectual sin ostentación alguna y la asumió como consecuencia inevitable de sus muchas horas inclinado ante el saber.
Concurrieron en don José María factores diversos que favorecieron su rápida orientación hacia las letras: educación esmerada, disposición natural para el estudio, excelentes profesores, prosa elegante, situación económica desahogada, relaciones con el mundo intelectual y un bien cimentado prestigio.
Hace por estas fechas 120 años que Chacón y Calvo nació, el 29 de octubre de 1892, en el villorrio de Santa María del Rosario, provincia de Ciudad de La Habana. Se graduó de doctor en Derecho en 1913 y en Filosofía y Letras, dos años después; además de ejercer como consultor de la Secretaría de Justicia, viajó por España en su condición de secretario de la Legación Cubana en Madrid.
En la Península impartió conferencias, colaboró en publicaciones, investigó en los Archivos de Indias y de Simancas, intercambió pareceres con Ramón Menéndez Pidal y amplió el campo de sus intereses culturales.
En 1934 se le nombró Director de Cultura. Demostró ser el hombre idóneo para tal posición, desde la cual se hizo sentir. Se creó entonces la Revista Cubana y los Cuadernos de Cultura. Fue gran animador del movimiento literario en el país e hizo importantes estudios sobre temas cubanos, incluida la poesía, desde sus orígenes.
Los romances tradicionales, la vida y obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, José María Heredia, Juan Clemente Zenea, Manuel de la Cruz y José de Armas y Cárdenas (Justo de Lara) se entresacan de su bibliografía. La historia lo apasiona y ahí están su Cedulario Cubano (1929), integrado por documentos hasta entonces inéditos procedentes del Archivo de Indias.
Si de la historia extrafronteras se trata, podemos remitirnos a otros ensayos suyos: El Consejo de Indias y la historia de América (1932), La experiencia del indio (1934) y Criticismo y colonización (1935).
Tan vario y productivo resultó su quehacer que alcanzó a ser miembro de las tres academias oficiales existentes en Cuba: la de Artes, la de Historia y la de la Lengua, que presidió entre 1951 y 1969. También presidió el Ateneo de La Habana, institución destinada a la difusión de la cultura mediante conferencias, concursos, conciertos, exposiciones y demás manifestaciones artísticas.
Fundó bibliotecas, se preocupó por la preservación de los archivos, promovió la lectura, estimuló la creación literaria, preparó antologías y selecciones de textos, fue representante ante congresos internacionales, profesor... y este abrumador empeño lo llevó a cabo pese al magro apoyo gubernamental de que siempre dispuso durante sus años al frente de la Dirección de Cultura.
Max Henríquez Ureña no duda en llamarlo “el ensayista erudito de más extenso renombre en las letras cubanas del siglo XX”, aseveración que puede parecernos arriesgada, pero que se explica por el mucho hacer y prestigio que mereció Chacón, en particular durante su etapa de mayor fecundidad creativa, es decir, en la primera mitad de la centuria.
A su cargo corrió la compilación y el prólogo de Las cien mejores poesías cubanas, editado en Madrid, 1922. Enamorado del saber, erudito y tenaz, José María Chacón y Calvo nos legó una cuantiosa obra, en libros y conferencias, que permite comprender por qué sus sonoros apellidos devinieron sinónimos de cultura. Murió en Cuba el 8 de noviembre de 1969.
