Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural
"La perla de las Antillas" o del Caribe, "Llave del Golfo de México" y "Antemural de las Indias Occidentales" han sido varios de los sugestivos títulos otorgados a la Isla de Cuba desde tiempos inmemoriales. No obstante, no se trata de recursos literarios utilizados para adornar una exquisita obra de alto vuelo intelectual, sino una clara alusión del valor concedido a la posición geoestratégica de la ínsula cubana.
Novedosas teorías, al amparo de la arqueología y otras ciencias afines, hacen suponer la presencia o visita de navegantes de lejanos parajes a nuestro archipiélago con anterioridad al proceso de la conquista y la colonización hispana. Durante siglos —cuando la navegación se realizaba ante el riesgo que suponía la precariedad de los instrumentos a bordo de las embarcaciones, donde la estima, la intuición y las supersticiones se alojaban como polizones—, Cuba significó la salvación de aquellos que cruzaron su traza marítima con eventos climatológicos adversos como los ciclones tropicales y los frentes fríos.
La llegada de las “naos conquistadoras” al Nuevo Mundo, despertó las ansias de los célebres autores de portulanos a “descubrir” aquellos sitios geográficos propicios para hacer aguadas, abastecerse de alimentos y reparar las naves. Tal fue el caso del marino y cartógrafo Juan de la Cosa, así como de innumerables capitanes de galeones, urcas… y cuanta armazón de madera propulsada por los vientos arribó al continente americano.
A la luz de documentos atesorados en el Archivo de Indias, hoy conocemos que la rada habanera era asiduamente visitada por los convoyes españoles con anterioridad al bojeo realizado por Sebastián de Ocampo, quien le concediera el calificativo de Puerto de Carenas. Desde entonces, comenzaría a labrarse una historia matizada por las constantes amenazas a la posesión ultramarina de la Corona hispana, por parte de las naciones en conflicto: Francia, Holanda y la siempre hostil Royal Navy de la Gran Bretaña.
Lo antes mencionado es solo el preámbulo de la obra Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural, donde, en prosa amena y bien referenciada, Ernesto Limia Díaz repasa el abigarrado entramado de relaciones políticas entre las potencias europeas y sus repercusiones, inmediatas o largo plazo, sobre las posesiones de España en ultramar, específicamente para el Caribe y Cuba.
En poco más de 400 páginas, Cuba entre tres imperios… se estructura en torno a tres temáticas generales. La primera de ellas, no por conocida resulta menos reveladora. La expansión colonial hacia el Nuevo Mundo y su secuela de rapiña, servilismo y muerte para el continente y sus moradores, vista desde el prisma de la Europa medieval y renacentista, evidencia en argumentos la progresiva escalada imperial por repartirse “territorios exóticos con potencialidades en cuanto a riquezas naturales”.
El segundo de los tópicos se detiene en las múltiples acciones protagonizadas por la Marina real inglesa, o navegantes y piratas con patentes de corso para hostigar y desestabilizar el comercio de flotas en aguas al norte de Cuba. En este capítulo, el lector tendrá la posibilidad de conocer el trasfondo de los acuerdos del Asiento o “navío de permiso”, los intereses tras el conflicto de la Oreja de Jenkins y la presencia en el caribe de los almirantes británicos E. Vernon y Charles Knowles.
El desenlace de la obra discurre con el hecho histórico del sitio y toma de La Habana por los ingleses. Sin embargo, el enfoque no resulta tradicional y manido pues el autor prefirió ir en búsqueda de las condicionantes que propiciaron la invasión británica en 1762. Ambos bandos contendientes son puestos en tela de juicio, ingleses y españoles, y no pocos errores tácticos y políticos emergen del análisis. De igual manera, queda evidenciada la superioridad de pensamiento entre la Gran Bretaña y la Corona española, la primera en la antesala de la Revolución Industrial, la segunda sumergida en una política de lastre medieval que constantemente demandaba recursos que no producía.
Los últimos pliegos del libro están dedicados a la recuperación de la colonia de Cuba y la reforma. Quizás lo más atrayente de este acápite estribe en sus párrafos finales, en los que se devela un fragmento de carta escrita a su hijo por Benjamin Franklin, donde le comenta sobre sus intenciones de fundar un asentamiento en Illinois:
“Me extendí sobre las numerosas ventajas de este establecimiento: provisiones suministradas a las guarniciones con mejores precios, seguridad del país, mantenimiento del comercio, creación de una fuerza que podría en una futura guerra descender del Mississippi en la Luisiana y el Golfo de México, para emplearse contra Cuba o contra México mismo”.
El fragmento motiva una postrera reflexión del autor: “(…) la isla que tanto ambicionaron las tres potencias imperiales más importantes de Europa: España, Francia y Gran Bretaña, concluiría el siglo XVIII anhelada también por los representantes de la pujante burguesía de la nueva nación que emergió de las trece colonias inglesas continentales. Los pragmáticos vecinos no se referirían a Cuba con términos tan poéticos como «perla», «llave» o «antemural», pero sus apetencias por adueñarse de ella —para «con esa fuerza más» posicionarse en el resto del continente— marcaron, desde entonces hasta hoy, las relaciones entre el poderoso Goliat norteño y el muchas veces rebelde e incómodo David insular que renació de las cenizas del cacique Hatuey”.
Editado por el sello habanero Boloña en 2012, el volumen Cuba entre tres imperios: perla, llave y antemural es “una historia diferente de la codiciada Cuba que se debatía entre el imperio medieval español, el espíritu y el apetito de poder de la metrópoli francesa y las ambiciones racionales y capitalistas de la potencia británica”, afirma el poeta y ensayista Juan Nicolás Padrón, en el prólogo de la obra que ha dado en llamar “Historiar la Historia”.
Más adelante, relata que estamos en presencia de “una historia social de la Isla desde la llegada de Cristóbal Colón y durante los siglos XVI, XVII y XVIII, desde que comenzó la rapiña europea en las Américas hasta que la pérfida Albión le devolvía La Habana a la decadente España: cinco capítulos con treinta y tres temas como acápites, en que uno lleva al otro sin rupturas ni caídas, con una continuidad de relato y algunos referentes poco conocidos a partir de variadas fuentes y puntos de vista, para construir una historia que se queda en el recuerdo porque se puede leer como una novela de aventuras”.
Ernesto Limia Díaz, nacido en Bayamo, en 1968, es Licenciado en Derecho y especialista en Análisis de Información. Ha publicado artículos en los diarios Granma y Juventud Rebelde, y, en medios especializados, ensayos sobre economía y temas históricos asociados a la seguridad nacional.
