A las puertas de La Habana: una masacre en Cabañas

Memorias de la guerra, actividad dirigida por Raúl Rodríguez La O, y que tiene su cita en el Centro Dulce María Loynaz, presentó esta tarde como invitado al licenciado Alberto Echazábal, fiel testigo de la masacre cometida en Cabañas, su pueblo natal.
A pesar de haber transcurrido 54 años de aquellos horribles hechos, Echazábal, hoy profesor de inglés, no puede pasar por alto lo ocurrido en su casa, cuando apenas contaba 6 años, y tuvo que plasmarlo en un proyecto de libro que piensa publicar en 2014, fecha en que se cumplen 200 años de la fundación de Cabañas.
El testimoniante rememoró ante el auditorio la ocasión en que el cabo Lara y el soldado Armando Casola Cerdeña se personaron en su casa de campo ─ la cual disponía de garaje y un molino de viento─ y le ordenaron a su familia desalojarla. Poco tiempo después, supieron que estaba siendo utilizada como lugar de
interrogatorio y tortura. Al regresar a su hogar, encontraron los cuerpos mal enterrados de Leandrino Trujillo Negrín y Carmelo Barrios Montes.
La constante actividad de las bandas guerrilleras que, una y otra vez, ponían en ridículo a la tiranía, fue la gota que colmó la paciencia del gobierno de Batista, quien respondió arremetiendo con todo su odio y sed de venganza, dejando como consecuencia una cadena de 22 asesinatos.
Entre los días 17 y 20 de noviembre —cuenta Alberto Echazábal — se inician las detenciones y las persecuciones perpetradas por Casola, ayudado por los chivatos Cándido Cordero y Julián Hernández. Los primeros arrestados fueron los hermanos Bernardino y José Isabel Miranda quienes, como acto de escarmiento, fueron ahorcados en plena carretera. Les siguieron José Benito Díaz y Octavio Campos Concepción, por salir en defensa de un muchacho, que tenía retraso mental, al cual estaban golpeando indiscriminadamente.
El ejército, temeroso, no subió más a la zona donde se había efectuado la masacre; se dedicó, entonces, a robarles a los guajiros. Además, justificó los muertos apuntando que habían caído en enfrentamientos entre los militares y las guerrillas. Esto se pudo constatar en el documento leído por el expositor.
El público, integrado por excombatientes de la lucha de guerrilla, familiares de las víctimas y vecinos de la comunidad de Cabañas, aportó nuevas visiones ampliando el testimonio del invitado.
René González Nodal —que se encontraba entre los presentes— hizo una intervención oportuna y narró vivamente lo acontecido, citando nombres, aclarando escenas, recordando frases de los hechos que protagonizó por ─lo que para él fue su decisión más importante─ pertenecer a los grupos guerrilleros. Tanto él, como Alberto Echazábal estuvieron de acuerdo en que todos los pobladores se hallaban más o menos comprometidos y simpatizaban con los rebeldes, pue
s no pocos les brindaron alimentos, tenían sus bonos o simplemente, los habían visto caminar entre los matorrales, sin decir nunca una palabra de su paradero.
El combatiente González Nodal expresó que la tiranía se equivocó al pensar que con esta acción mermaba la simpatía hacia el Ejército Rebelde ya que, desde ese momento, se integraron más campesinos, no solo de los contornos, sino también de diferentes lugares aledaños.
La charla concluyó con poemas dedicados a los mártires y a la historia de luchas que posee el pueblo de Cabañas, primero en ser tomado por el General Antonio Maceo y cuna de 34 veteranos de las gestas mambisas.
