Programa revolucionario y concepto de «pueblo», del Movimiento 26 de Julio en los años 50. (I)
La complejidad del concepto de «pueblo» en Fidel Castro, así como su concepción en cuanto al tipo de medidas que debía adoptar un gobierno provisional revolucionario deberíamos verlas en medio de la coyuntura histórica en que tuvieron lugar esos pronunciamientos. Este análisis debe colocarnos en una perspectiva que permita darnos cuenta, que ese programa de transformaciones sería auspiciado por un Estado, donde las clases subalternas del sistema capitalista tendrían un fuerte aliado para sus reivindicaciones.
La lectura de los papeles programáticos de la época que llevan su consentimiento, desde los más radicales hasta los más moderados, nos revelan que estos no eran documentos clásicos de transformaciones socialistas como tal. En la Cuba de los años cincuenta hubiera sido muy difícil pretender derrocar una dictadura, a solo noventa millas de los Estados Unidos, si se hubiera partido de presupuestos radicalmente socialistas que cuestionaran la sacrosanta propiedad privada. Esa confrontación con la tiranía requería de la unidad de diversos sectores; la cual no se hubiera obtenido desde posiciones dogmáticas.
Si nos refiriésemos a las propuestas iniciales, contenidas tanto en La Historia me absolverá como en el Manifiesto No. 1 del M-26-7, podemos afirmar que se trata de los pronunciamientos más radicales, porque dadas las circunstancias no era preciso concertar alianzas coyunturales para obtener el apoyo de sectores de la mediana y alta burguesía. En ese momento las organizaciones revolucionarias emergentes pretendían captar a los sectores y clases subalternas del capitalismo dependiente cubano, precisamente las más afectadas por el ciclo recesivo de la economía por esos años, y así movilizar sus esfuerzos hacia la lucha armada.
Sin embargo, en ese marco histórico la dirigencia veintiseista supo establecer una práctica política para dejar sentado que no estaban obcecados en imponer la guerra al país. Al respecto, el propio Fidel Castro dijo: «Lo más importante a nuestro juicio en aquel instante era demostrar que no había solución política, es decir, solución pacífica del problema de Cuba con Batista, pero teníamos que demostrar eso ante la opinión pública». Es por ello que se pronuncia a favor de una convocatoria a elecciones generales sin Batista en el poder, y solicita que, previo a los comicios, el dictador le entregara el poder a Cosme de la Torriente. Aunque es el propio Fidel quien indica que ellos estaban conscientes que dichas condiciones no se producirían nunca. En el propio Manifiesto No. 1, a pesar de la radicalidad de algunas medidas propuestas, cabe destacar la flexibilidad política expuesta cuando se indica que, el M-26-7 no es un partido político sectario si no un movimiento revolucionario y que sus filas estarán abiertas a todos los cubanos que deseen restablecer la democracia política y la justicia social.
En el caso del Manifiesto de la Sierra y el Pacto de Caracas, tanto las medidas de transformación propuestas, como el concepto de «pueblo», sufren algunos ajustes, porque cambia la circunstancia histórica y las prioridades del movimiento revolucionario. En el Manifiesto de la Sierra fueron desterradas las referencias a la dominación extranjera y al término «nacionalización», mientras que en el Pacto de Caracas se convoca, a la unidad revolucionaria, a industriales, comerciantes y hacendados. Debemos considerar que en esos momentos la dictadura, con sus constantes negativas a favorecer un diálogo nacional y la represión en marcha, propició que sectores moderados se acercarán a los grupos revolucionarios para así presionar al régimen castrense a efectuar concesiones y poder influir en el propio movimiento revolucionario.
Por su parte, el M-26-7 con esta alianza pretendía consolidar sus posiciones, para evitar que los sectores moderados fueran utilizados en componendas y se desviase el curso de la revolución, tanto por la dictadura como por los Estados Unidos. Con ello también se facilitaba un apoyo material y propagandístico considerable, y se despejaban las dudas sobre el carácter comunista o radical del movimiento revolucionario. No obstante, cabe destacar que, para el M-26-7 esas alianzas eran de carácter global, pues a través de ellas se debía adelantar en el objetivo más inmediato: derrocar a la dictadura de Batista en un corto período, mediante una declaración de propósitos, lo que no permitía fomentar las bases para formar una unidad orgánica. Si embargo, debemos dejar claro que en todos esos acuerdos, el M-26-7 mantuvo su hegemonía política cediendo algunos espacios. Esta vez para facilitar la estrategia, la táctica exigía flexibilidad.
En cuanto a José Antonio Echeverría podemos decir que su concepto de «pueblo», que dio a conocer en su discurso en el acto del Muelle Luz, es similar al ofrecido por Fidel Castro en La Historia me absolverá. El M-26-7 y el Directorio Revolucionario, las dos organizaciones revolucionarias más prominentes en este período histórico, supieron diseñar una táctica política de unidad con el conjunto de la oposición. Al optar por una postura de amplia flexibilidad, ello no obstaculizó sus planes insurreccionales, ni sus posiciones de ruptura y lucha frontal contra el régimen del 10 de marzo. Sencillamente propusieron, lo que cada momento político demandaba, sin hacer concesiones de principios ni dejarse atrapar por componendas, como establecer un concepto que facilitase la convocatoria de lucha contra la dictadura se convirtió en una bandera de las organizaciones revolucionarias, que fueron ganando apoyo popular, el mismo Batista elaboró una caricatura de concepto de pueblo cuando, en el llamado «segundo asalto a Palacio», identificó a los allí presentes como representantes de todo el pueblo: miembros de las corporaciones económicas y líderes sindicales mujalistas que fueron al Palacio Presidencial a rendirle pleitesía resultaron registrados.