Poesía comprometida
Los escritores Emilio Comas Paret y Oscar Tortorella hermanaron en las letras a Cuba y Uruguay, respectivamente, en la Tertulia del Sur correspondiente al mes de noviembre. Este encuentro, auspicio por el Instituto Cubano del Libro, tuvo como escenario nuevamente al Taller de Cerámica Amelia Peláez, sede del Colectivo de Artes Plásticas del municipio capitalino de 10 de Octubre.
En su quehacer como literato, el cubano Emilio Comas ha publicado ocho títulos entre novelas, cuentos, testimonios y poesía. Entre ellos podemos mencionar: Bajo el cuartel de proa, Contar con los dedos, De Cabinda a Cunene, La agonía del pez volador, El dulce amargo de la desesperación, y Diario de la añoranza. Este autor tiene, además, varios textos inéditos, que abarcan la crítica literaria, relatos, crónicas y cuentos infantiles.
En el 2011, Comas Paret obtuvo el Premio UNEAC de literatura en el género de testimonio con el libro Desconfiemos de los amaneceres apacibles. Esta obra narrada en primera persona se convierte en la voz de un pequeño colectivo de soldados cubanos que participaron en la guerra de Angola durante el año 1976. La trama muestra de cuán importantes son las circunstancias para cualquier persona sometida a la presión psíquica y emocional durante una contienda bélica.
Considerado como un testimonio novelado Desconfiemos de los amaneceres apacibles, presenta pasajes de mucha crudeza y dolor, aunque salpicado de puro humor criollo como mecanismo de defensa de los hombres a la hora de enfrentar las adversidades. De igual forma, asume conceptos que abordan la esencia implacable de los conflictos, su psicología y su inutilidad como solución a las confrontaciones humanas, al tiempo que reflexiona de manera natural sobre cuestiones tan cotidianas como la vida y la muerte.
Por otra parte, el poeta uruguayo Oscar Tortorella, se las ingenia para armonizar muchas variantes métricas dentro de sus versos, los cuales se enfrentan a conflictos desgarrantes que nos dejan una honda placidez espiritual. De igual forma, introduce en sus textos disímiles interrogantes que logran contagiarnos con una actitud de asombro ante la vida. Esos son los misterios de su lírica, y a la vez, las conquistas de un autor que se debate entre un pasado incierto y un presente inmenso, donde no podrá escatimársele la humildad con que acaricia, humana y literariamente, su madurez.
Totorella escribe poesías y cuentos tanto en español como en francés, considerada por él mismo, su segunda lengua. Sus trabajos no solo se han publicado por las editoriales, sino también, en diarios y cuadernos fotocopiados. Sus versos se han difundido, además, en veladas literarias, las cuales se complementan con la música y otras formas de expresión artística. Sus textos presentan una carga imponente de venturas, desventuras e incomprensiones, capaz de entretejer sueños, realidades y un sostenido y único principio de lo verdadero y lo justo.
A partir de la publicación, en 1982, de su libro La palabra-el exiliado, Oscar Tortorella nos adentra en una poesía que, aunque exenta de retórica, se caracteriza por esa carga de naturalidad a través de la cual nos trasmite las más amplias y sencillas vivencias personales, junto a las inquietudes que giran alrededor de la humanidad contemporánea. Este texto está escrito con la libertad que caracteriza su poesía, con una expresión repleta de análisis y meditación, gratificaciones, pesares, anécdotas, y valoraciones que no solo nos trasportan a etapas de la historia reciente de su país natal, Uruguay, sino también, a momentos muy específicos y definitorios en el avance y consagración de las generaciones actuales.
