Café Bar Emiliana inmigración hacia la raíz: Oralidad
.jpg)
Café Bar Emiliana no comenzó, como es costumbre para sus invitados, con los susurros habituales, sino que prefirió proyectar un documental centrado en la figura de Rogelio Martínez Furé, ya que en esta ocasión, el espacio se dedicaba a la oralidad, llegada a nuestra cultura a través de la tradición afrocubana.
El olor a incienso colmó al lobby del Instituto Cubano del Libro y la transmisión de “El aché de la palabra”, dirigido por Félix de la Nuez, trasmutó el espacio en un sincretismo oriental-occidental tan parecido a la mezcla de nuestro archipiélago.
La cinta nos dejó el saber de nuestros ancestros negros, su devoción hacia los pataquines repletos de una sabiduría moral; la inserción de estos a la danza y, por sobre todo, la sapiencia compartida, tanto de los orishas como de Furé, sobre la inexistencia de la inmortalidad y la necesidad de vivir con todas sus consecuencias, el momento que nos ha tocado.
El grupo Chekendeke ─que significa corazón─, dirigido por Sinecio Verdecia, realizó una amplia exhibición de sus cualidades musicales, en la que destacó el sonido del berimbaus, instrumento musical principal en el capoeira; se dijeron poemas, se interpretaron canciones y temas de rap. Todo ello, tras anunciar el cumpleaños de Wuilay, uno de sus compañeros.

La oralidad fue hecha persona en los labios de Gertrudis Ortiz, más conocida por Tula, con uno de los cuentos de su autoría, escrito al inciarse en este oficio tan viejo como África.
La tarde-noche hacía su entrada cuando la poeta Margarita Borges ofreció al público un poema experimental, interactivo y surrealista titulado “El experimento”; “Poema de los diez” fue el segundo, con casi el mismo ritmo y estilo del primero.
La anfitriona de Café Bar Emiliana, Soleida Ríos, no nos sorprendió con el regalo de este día, más bien fue otro de tantos obsequios, que como siempre, se transforman en especiales y mágicos.
