Pogolotti abre el segundo día de la Semana de Autor con Padura
En la segunda sesión de la Semana de Autor dedicada a Leonardo Padura, la Dra. Graziella Pogolotti, presidenta de la Fundación Alejo Carpentier, atravesó la obra paduriana trazando puntos de interés sobre literatura, mercado, boom, generación, Cuba y sociedad
Partiendo del título de uno de los volúmenes que serán presentados este viernes, Un hombre en una isla, la doctora Graziella Pogolotti colocó, justamente, a ese hombre “controvertido” en la mira como material de estudio para acercarnos a nuestro presente y a la literatura misma.
Brillantemente, Pogolotti, formadora de varias generaciones de críticos e intelectuales cubanos y cuyo libro más reciente Dinosauria soy, obtuviera el Premio de la Crítica Literaria, fue desbrozando los núcleos de atención que marcan la plural obra de Padura.
No pasó por alto la cuestión comercial y sus bondades para con la producción literaria del escritor habanero. «Es tema singular, aseveró, y concuerdo con el autor de que se trata de un fenómeno que no se puede satanizar ni tampoco glorificar críticamente». Es un fenómeno que según, la investigadora, ha trastornado las bases de la institución literaria en este medio siglo.
Al respecto hizo alusión a las conmemoraciones que el rotativo español El País ha celebrado a raíz de lo que ellos han considerado el cincuentenario del boom, a partir de la publicación de La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa en el mercado editorial de ese país.
Los editores percibieron este acontecimiento como un cambio de época. Fue un momento en el cual coincidieron, entre otros factores, apuntó, la emergencia de la editorial catalana, la modorra de la narrativa española y otros contextos europeos con una nueva manera de contar, una literatura con un colorido nuevo y mucha energía imaginativa. Todo ello contrastaba con las tendencias europeas de entonces.
Para la doctora se trató de un viraje total, de salto inicial hacia la transnacionalización editorial. Hasta ese momento, puntualizó, el mercado latinoamericano estaba dominado por editoriales de la región beneficiadas por las consecuencias la guerra civil española. Gracias a ellas, se dieron a conocer Borges, Bioy Casares, Sábato, mucho antes que a los lectores españoles. Un punto de giro indiscutible en el entorno del boom fueron sin duda la Revolución Cubana y otras razones extraliterarias que aún se mantienen vigentes.
Volviendo a ese «hombre en un isla», la doctora calificó a Padura de «escritor exitoso». Uno que ha roto la «maldita circunstancia del agua por todas partes» y ha logrado forjarse en editoriales españolas de primer nivel y su obra se ha traducido a otras lenguas.
Adentrándose en su obra, reflexionó: «Padura, desde la perspectiva del desarrollo de la literatura cubana, toma distancia de su propia generación que arrancó muy centrada en el regreso a la infancia, en la reconstrucción de lo que pudiera llamarse una educación sentimental. Al igual que [toma distancia] de las que le sucedieron, permeadas por la post-modernidad, enfocadas en el abandono del metarrelato o por la fragmentación».
«Padura ―expresó― se sitúa más allá de estas dos zonas, y se ha valido, en gran medida, de una estrategia narrativa que lo coloca en el centro del mercado fuera de Cuba. Y para ello se vale de determinados recursos tomados de la novela policíaca».
Sobre este asunto, Graziella Pogolotti tuvo una interesante y aparente digresión al confirmar que: «No estoy convencida de que el policíaco sea un género. Colocarlo como género mezcla indiscriminadamente un tipo de libro que se puede comprar en un aeropuerto para quitar el aburrimiento y luego se botan sin dejar huella, con otro que lo utiliza como pretexto para plantear otros problemas».
Sin dudas, es en este segundo grupo donde Graziella ubica a Padura. Continuó: «En términos contemporáneos se trata de una reflexión sobre la sociedad, hecha desde la perspectiva de un investigador que no es un iluminado como Sherlock Holmes; sino un hombre que vive y padece en un medio concreto. Un hombre que se ha empleado a esta faena y no deja de compartir ni de tener una mirada cercana y compasiva hacia nosotros, su objeto de investigación».
Para la Pogolotti ese es el parto de Mario Conde. Es por esa razón que los lectores de la Isla, argumentó, lo perciben independientemente de la acción misma, descubren una visión crítica, social de lo que ocurre en Cuba.
La identificación de ese lector con el personaje pasa por el conjunto de experiencias que compartan ambos. La línea paralela se establece entre el mundo narrado y la cotidianidad de ese lector. «Mario Conde vive en una pieza humilde, especie de buhardilla, pasa los mismos trabajos en la vida cotidiana, tiene un lacerante sentido de la frustración, no es un héroe; sin embargo, es un hombre que se debate en un grupo de conflictos de orden ético que está en todos nosotros», precisó.
«El lector de Padura puede pertenecer al gremio literario o ser un simple ciudadano que necesita esta suerte de diálogo, esta manera de percibir y debatir con una mirada que sin embargo lo acompaña», añadió.
Volviendo al tema del mercado y la institución literaria, Pogolotti refirió que es una crisis que se articuló desde finales del siglo XVIII. Esta crisis, comentó, llevó al asunto de que la recepción de la obra literaria deje de ser un juego, un ejercicio teórico propio del mundo académico para convertirse en algo indispensable para el análisis de una cualidad compleja que compete a los escritores, editores, a la academia y a todo aquello que, de algún modo, tiene que ver con el mundo del libro.
Sobre la pertinencia de convocar a un escritor como Leonardo Padura a la Semana de Autor en la Casa de las Américas, Graziella Pogolotti consideró que «debe servirnos para profundizar en el análisis tanto de los problemas de la literatura en sí misma como de la literatura dentro del entramado social en el cual intervienen el mercado, la publicidad, una cierta frivolidad contemporánea. También debe servirnos a nosotros en estos momentos para el replanteo del sentido más profundo del quehacer literario. Repensar el mundo que nos rodea, el mundo en que estamos involucrados, fuente de muchas interrogantes, es algo inminente, algo que no debemos dejar para mañana. Quizá en cierto modo, nuestro amigo, el "controvertido Leonardo Padura", pueda servir de material de estudio para este fin».
Tomado de La Ventana
