El romanticismo latinoamericano: invitación a palpitar

El espacio Sábado del libro coincidió con el homenaje al libro cubano, y la mejor propuesta para la ocasión, fue el volumen recopilatorio El romanticismo hispanoamericano, de la versátil escritora Mirta Yáñez, publicado por la Editorial Casa de las Américas.
Estuvieron en la presentación el crítico literario Roberto Zurbano y la doctora Cira Romero, quien leyó un escrito donde manifiesta sus impresiones sobre el texto.
La obra invita a un lector inteligente a redescubrir lo que fue el movimiento romántico en sí, ahora, que solo se puede percibir desde las telenovelas que abaratan y explotan los sentimientos más comunes y los más íntimos, pero —como dice la autora en su introducción de seis páginas— “… el romanticismo es, por fortuna, mucho más”.
Con este compendio el lector se volverá cuidadoso y su olfato se agudizará para poder reconocer lo genuino entre lo banal y lo cómodo de las palabras.
Esta corriente que surgió en la vieja Europa, durante el ascenso capitalista y romántico, viene de la frase romantic aspect. Al llegar a la nueva América, ésta lo hizo suyo; Argentina y Cuba fueron iniciadoras y principales exponentes.
Vuelvo a citar a Yáñez en una pequeña conferencia magistral, donde nos recuerda que del libro, hasta el prólogo e
s necesario:
[…]Pero la realidad americana desbordó las influencias. La retórica a la usanza del Viejo Mundo se interiorizó en el horno estético del Nuevo, y
el cocido trajo como plato fuerte y bien servido una renovada voz con alto potencial de fuego metafórico, temas novedosos y gran calibre de las ideas. Aquello que había resultado imagen rara o grandilocuente para el europeo, para el americano era un asunto de "todos los días", y ello obligó a una redimensión original do los recursos poéticos y narrativos. Así ocurrió, por ejemplo, con el tangiblemente terrorífico huracán do la poesía de José María de Heredia: los europeos nunca habían sufrido un suceso de la naturaleza como el huracán y en sus versos el fenómeno atmosférico era apena escenografía de cartón; más para el poeta caribeño el huracán era una hermosa fuerza destructora, vivida, sufrida y admirada, que vino a simbolizar el cambio de signo de las relaciones entre el estado de ánimo y el paisaje, a partir de una revelación de una flora y una fauna diferentes, una naturaleza que afirmaba lo esencial del criollo.
América no se regodea en lo “sentimentaloide", toma el romanticismo para referirse a los problemas existenciales, para filosofar, para hablar del futuro y de política. Por eso, la autora trata de recoger lo más significativo y transcendente, lo que da el salto, se convierte en literatura nacional y llega a otro movimiento: el modernismo.

A lo largo de 344 páginas, y en orden cronológico, desfilan José María Heredia, Plácido, Pedro José Morillas, José Antonio Maitín, Esteban Echeverría. Las escritoras Juana Manuela Gorriti, Juana Manso, Soledad Acosta, entre otras féminas, están presentes en este texto, en el que la doctora en Ciencias Filológicas rescata el alma femenina y se muestra condescendiente con su pensamiento, de que Gertrudis Gómez de Avellaneda es la figura que, como su abanderada, mantiene vivo el romanticismo con mayor fuerza. Además, según piensa, el romanticismo no es solo un rincón poético, por eso, su selección abarca prosa, epistolarios, híbridos de poética y narrativa, fragmentos de novelas...
La especialista en Literatura Latinoamericana y Cubana confesó al público que fue arduo el trabajo realizado para recopilar ─e incluso copiar a mano─ el material, pues se encontraba disperso. Más tarde leyó apuntes de un ensayo y agradeció a los presentes su asistencia.
