Brindis por Virgilio
El escritor, filólogo y traductor literario, Rodolfo Alpízar Castillo (La Habana, 1947), es el autor del libro Brindis por Virgilio, publicado por Ediciones Unión, y presentado en la Fortaleza Morro-Cabaña, sede principal de la 22 Feria Internacional del Libro, Cuba 2013.
La trama de dicho volumen gira alrededor de las aventuras y desventuras de la adolescente María Ofelia, quien —víctima de la inexperiencia, hija legítima de sus 17 abriles— es seducida por Virgilio, poeta, mucho mayor que ella, quien la envuelve con su discurso lírico, a la vez que la arrastra irremisiblemente a la toxicomanía alcohólica que él padecía, y que —al final— lo llevó al encuentro con Tanatos (la muerte, en el vocabulario psicoanalítico ortodoxo).
Introducida en ese inframundo por su apuesto amante, llegó a los niveles más bajos de degradación física, psíquica, moral y espiritual, o sea, se convirtió en una joven que vendía cuerpo y alma a cambio de un trago de ron u otra bebida alcohólica. Tanto dañó esa adicción el sistema nervioso central de la chica que tuvo un cuadro de delirium tremens (alucinaciones visuales y táctiles, fundamentalmente).
De ese vínculo conyugal enfermizo que estableciera María Ofelia con Virgilio, nació Eneas, un niño que su madre biológica abandonó, pero que tuvo la inmensa suerte de ser atendido con amor por Celia María, una vecina muy humana que —por causas comprensibles para el lector— no podía procrear. Sin embargo, le proporcionó cariño (el alimento espiritual más importante a esa temprana edad cronológica), y además, satisfizo todas las necesidades materiales y afectivas del «pequeño príncipe».
El texto aborda la azarosa vida de dos seres humanos que cayeron en las abominables garras del alcoholismo; adicción que cualquier persona puede presentar sin tener conciencia de la enfermedad y menos aceptar ayuda médica y psicológica. Realidades existenciales que pone en boca de individuos que padecen de esa afección crónica y están en vías de rehabilitación psicosocial; que reflejan esos déficits volitivos de la personalidad y que va intercalando, entre capítulo y capítulo, o sea, en la misma medida en que la protagonista va narrando cómo fue cayendo —poco a poco— en ese abismo infernal, solo comparable a un castillo sitiado: los que están fuera quien entrar y los que están dentro no pueden —o no quieren— salir.
Las motivaciones fundamentales que le aguijonearon la mente y el alma a Alpízar Castillo, y por consiguiente, lo decidieron a incursionar en el azaroso campo de la toxicomanía alcohólica, con la dosis exacta de erotismo, dramatismo y humor (este último ingrediente no puede faltar en ninguno de sus libros), habría que buscarlas en la concepción ético-humanista en que se sustenta su prolífica producción intelectual y espiritual.
En consecuencia, penetró desde la barrera en ese caótico mundo, para conocer —entre otras cosas— por qué las personas caen en tan diabólica trampa que las torna esclavas del alcohol (y por ende, de las drogas lícitas e ilícitas).
De acuerdo con la experiencia acumulada por el autor en los encuentros sistemáticos que sostuvo con los participantes en las reuniones de Alcohólicos Anónimos, llegó a la conclusión de que la persona consume alcohol desenfrenadamente para escapar de sí misma, porque no es capaz de afrontar su realidad por adversa u hostil que esta sea, pero sin sospechar que la adicción destruye el equilibrio bio-psico-socio-cultural y espiritual en que se estructura la salud del hombre y la mujer, altera la calidad de vida y fisura (en ocasiones, fractura) el funcionamiento familiar.
Brindis por Virgilio deviene un homenaje a las personas con alcoholismo que han decidido rehabilitarse (abandonar el morboso hábito de beber) y reincorporarse a la sociedad, así como a las mujeres como Celia María que, por motivos biogénicos, no pueden ser madres, pero sí son capaces de criar y educar a chicos como Eneas, que —por las más disímiles razones— han sido preteridos por sus progenitoras.